Bioceres en el Nasdaq









El nuevo superciclo de los commodities fortalece a los productores argentinos. En este contexto, la decisión de Bioceres/Federico Trucco de trasladarse al Nasdaq –principal índice de empresas “high tech” de EE.UU y del mundo– tiene un carácter trascendental, estratégicamente decisivo, porque coloca a la empresa rosarina en el núcleo de avanzada de las “high tech” agrícolas del sistema global, en el momento en que experimentan un fenomenal boom de inversiones debido a la aparición de nuevas tendencias de carácter estructural en la producción agroalimentaria mundial.



Nasdaq definió la semana pasada a Bioceres en los siguientes términos: “…es un proveedor global de soluciones agrícolas de alta productividad destinadas a facilitar la transición hacia la neutralidad (en la emisión) de carbono”, refiriéndose al CO2/dióxido de carbono, que es la principal causa del calentamiento de la atmósfera o “cambio climático”, el desafío de la época.


Esto sucede cuando las “high tech” agrícolas del Nasdaq recibieron el año pasado más de U$S 31.000 millones, que implicaron un alza de 8 veces respecto a 2019, y que son parte de una tendencia que se acelera en 2021, previéndose incluso su duplicación.


Son más de 170 las “start-ups” agrícolas surgidas en los últimos 2 años volcadas a la producción de proteínas alternativas (“carnes” de base vegetal) y que han recibido inversiones por U$S 3.500 millones, 2/3 más que el año anterior.


Las más favorecidas de estas “star-ups” son las que utilizan mecanismos de fermentación a través de microorganismos para producir “carnes”, huevos y yogures alternativos y su objetivo es nítido: eliminar el uso de químicos en la producción, al tiempo que aumentan significativamente los rendimientos, esto es, la productividad.

Esta concepción de la producción agrícola se funda en el hecho de que la actividad económica no es “externa” a la naturaleza, sino que está sumergida dentro de ella.


De ahí que el concepto central de esta concepción sea la biodiversidad que es la parte de la Tierra ocupada por organismos vivos, cuya característica central es que se regenera a sí misma en forma permanente.


Es un proceso de intensificación/incremento de la productividad que se realiza a través de la propia naturaleza y utilizando sus reglas, que son las leyes de la vida, encabezadas por la ingeniería genética, que es la punta de lanza de esta extraordinaria transformación de orden biológico.


Por eso la inversión en “start-ups” centradas en la fermentación y los microorganismos aumentó más de 40% en 2020, y trepó a U$S 2.100 millones, lo que implica un predominio prácticamente total de los recursos biotecnológicos en el proceso de innovación/acumulación de la agricultura de avanzada.


El vuelco a la fermentación ha adquirido un vuelo extraordinario debido a la utilización en gran escala de la “inteligencia artificial” y la biotecnología de punta como instrumentos capaces de convertir con una precisión excepcional microorganismos en proteínas, el ciclo de la vida.


Lo que está en juego es la necesidad de alimentar una población mundial de más de 10.000 millones de personas en 2050, con ingresos crecientes en ese periodo, y casi sin posibilidad de aumentar las superficies sembradas, salvo en el Cerrado brasileño.


Parte del mismo fenómeno es la aparición en gran escala de unidades verticales de producción agrícola, centradas en productos de alto valor (frutas y hortalizas en 1er. lugar), que lo hacen sin pesticidas, casi sin agua y dentro de grandes centros urbanos.

Las granjas verticales han proliferado en los últimos 2 años, y han surgido desde EE.UU (Kentucky) hasta la República Popular (Xiangoang/extensión de Beijing), pasando por Abu Dhabi y Noruega; y es un sector que ha recibido inversiones por más de U$S 1.800 millones en los últimos 24 meses.


La tendencia es inequívoca y en el eje de ella, su pelotón de avanzada, se encuentra Bioceres después de su transferencia al Nasdaq.


Como ha señalado Federico Trucco, la ventaja competitiva de la innovación agrícola argentina es la extraordinaria creatividad de sus investigadores y sus sectores de punta. Es parte de la identidad argentina esta capacidad excepcional para descubrir lo nuevo y transformarlo en una realidad.


Después de todo, la Argentina es el único país de América Latina que tiene tres premios Nobel en materia de bioquímica, identificados con esos tres grandes argentinos que fueron Bernardo Houssay, Federico Leloir y César Milstein.


Lo que ha ocurrido entonces en Wall Street es un acontecimiento crucial –un punto de inflexión– para la producción agrícola argentina.