Brasil actualiza su doctrina militar








Brasil modifica su doctrina militar. La publicación de una nueva edición del “Libro Blanco de la Defensa”, elaborado cada cuatro años por las Fuerzas Armadas, revela un giro estratégico en la visión geopolítica del país territorialmente más grande, demográficamente más poblado y económicamente más poderoso de América del Sur. El texto, que explicita esta remozada versión de la autodenominada “Política Nacional de Defensa”, entregada días pasados al Congreso, señala que la región dejó de ser una zona libre de conflictos y menciona específicamente el caso de Venezuela.




El Ministro de Defensa, general Fernando Acevedo Da Silva, primer jefe militar en asumir ese cargo desde la restauración de la democracia en 1985, aclaró que el plan no es más que la actualización de una “política de Estado” previamente revisada por el presidente Jair Bolsonaro (un ex capitán de paracaidistas), cuyo elenco gubernamental, empezando por su vicepresidente, general Hamilton Mourao, está integrado por más de un centenar de oficiales de las Fuerzas Armadas, entre ellos diez de los veintitrés ministros de su gabinete y más de un centenar de altos funcionarios.


Nunca en la historia, ni aún bajo el régimen militar imperante entre 1964 y 1985, hubo semejante presencia castrense en la estructura estatal: el presidente y el vicepresidente de la República son oficiales retirados de las Fuerzas Armadas.


El documento castrense reafirma que Brasil tiene que empeñar sus esfuerzos en la defensa de sus intereses nacionales en la selva amazónica y en el Atlántico Sur, que constituyen dos prioridades tradicionales de su doctrina de defensa nacional. Pero introduce un cambio cualitativo cuando sostiene que las Fuerzas Armadas también deben prepararse para la “solución” de problemas regionales y también pone de relieve el vasto despliegue de efectivos actualmente concentrados en la lucha contra la expansión del Covid 19.


Sostiene asimismo que “La Amazonia, así como el Atlántico Sur, es un área de interés estratégico para Brasil. La protección de la biodiversidad, de los recursos minerales, hídricos, además de potencial energético, es prioridad para el país”. Por ese motivo, destaca que unidades militares anteriormente concentradas en los países vecinos se trasladan hacia la región amazónica, que Brasil comparte con los tres principales productores de cocaína del mundo: Colombia, Perú y Bolivia. Al mismo tiempo, como prueba de la decisión de proteger un litoral atlántico de 8.000 kilómetros de extensión y enormes yacimientos petrolíferos, puntualiza el avance en la construcción de un submarino a propulsión nuclear con tecnología francesa, que será el único de ese tipo en América Latina.


El único país expresamente mencionado es Venezuela. La referencia surge del análisis del escenario regional y de la experiencia acumulada por la participación brasileña, junto a Colombia, en 2019 en el frustrado intento de ingreso forzoso de alimentos a suelo venezolano a través de zonas fronterizas, en una iniciativa humanitaria impulsada por el “presidente encargado” Juan Guaidó y auspiciada por Estados Unidos contra la voluntad de régimen de Nicolás Maduro.


Esta señalización es políticamente significativa si se tiene en cuenta que, en el marco del acuerdo entre Bolsonaro y la Casa Blanca, el general Alcides Valeriano do Farias es el primer jefe militar brasileño designado subjefe del Comando Sur de las Fuerzas Armadas estadounidenses y tiene directamente a su cargo la dirección de las “operaciones humanitarias” en el hemisferio. La conversión de la situación venezolana en “crisis humanitaria”, provocada por la combinación entre un agravamiento del desabastecimiento alimentario y la explosión del Covid 19, es una de las variantes analizadas para una intervención internacional en el país caribeño.


Esa intervención podría ser solicitada formalmente por el “presidente encargado”, Juan Guaidó, reconocido diplomáticamente como autoridad legítima por Estados Unidos, Colombia, Brasil y la propia Organización de Estados Americanos. Cabe recordar que entre 2018 y 2019 desde la frontera sur venezolana salieron miles de venezolanos para instalarse en el estado brasileño de Roraima, en una operación que fue coordinada por el general Eduardo Pazullo, actual Ministro de Salud de Bolsonaro.


La cooperación militar entre Estados Unidos, Brasil y Colombia constituye un dato relevante del escenario político regional. Por sus años de enfrentamiento directo con la guerrilla y el narcotráfico dentro de su territorio, Colombia tiene el ejército latinoamericano con mayor experiencia de combate. Con esos antecedentes, fue admitida como socia extra-regional de la OTAN. Por su parte, Brasil tiene el presupuesto defensa más voluminoso de la región y fue oficializado como aliado extra-OTAN de Estados Unidos, una condición que la Argentina alcanzó en la década del 90 durante la presidencia de Carlos Menem.


Si los militares colombianos son reconocidos por su capacidad de combate, las Fuerzas Armadas brasileñas tienen una acreditada experiencia internacional en crisis humanitarias. Entre 2004 y 2017, cuatro generales brasileños estuvieron sucesivamente al mando de las Fuerzas de Paz de las Naciones Unidas en Haití. Su exitoso desempeño hizo que en 2018 otro general brasileño fuera designado al frente de las tropas de paz de la ONU en la República del Congo, desgarrada por una guerra civil. Esa performance en misiones humanitarias califica profesionalmente al Ejército brasileño para dos tareas muy distintas pero extraordinariamente relevantes: una posible intervención en Venezuela y la participación en la lucha contra la pandemia dentro de Brasil, una misión que es la segunda de las innovaciones incorporadas en el “Libro Blanco de la Defensa”.


Al respecto, el “Libro Blanco” subraya la participación de 34.000 efectivos del Ejército en el operativo sanitario para afrontar la expansión del Covid 19, en una operación concebida como una extensión de la guerra bactereológica. Subraya que es la mayor movilización de fuerzas militares brasileñas después de la segunda guerra mundial, cuando el país aportó 25.800 soldados que combatieron junto a las potencias aliadas en el norte de Italia. Esto explica parcialmente la anormalidad que significó la designación del general Eduardo Pazuello en el Ministerio de Salud Pública en medio de la cuestionada estrategia contra el virus desplegada por Bolsonaro.


Los militares cambiaron transitoriamente fusiles por fumigadores a fin de encarar una gigantesca tarea de desinfección del espacio público (carreteras, puertos, aeropuertos, hospitales, oficinas estatales, establecimientos fabriles, etc). En esa tarea, asumen un activo protagonismo el Instituto de Defensa, Química, Biológica, Radiológica y Nuclear, el Instituto de Biología del Ejército, el Primer Batallón de Defensa Química, Biológica, Radiológica y Nuclear y la Compañía de Defensa Química, Biológica, Radiológica y Nuclear, todos dependientes del Ejército. La Armada aporta la Compañía de Defensa Nuclear, Biológica, Química y Radiológica y la Fuerza Aérea contribuye con tropas de paracaidistas especialmente entrenadas para esa misión.


Las encuestas ya indicaban desde hace tiempo que las Fuerzas Armadas son la institución de mejor imagen en la opinión pública brasileña, en contraste con el creciente descrédito de la “clase política”, provocado por la expansión de una corrupción sistémica que llegó a su pico culminante con el estallido del “Lava Jato”. Ese sólido prestigio social de los militares se vio reforzado por su exitosa participación en tareas de seguridad interior, en especial en su intervención en las favelas de Rio de Janeiro dominadas por el narcotráfico, ordenada por el gobierno de Lula. Es altamente probable que ese protagonismo en la acción sanitaria contra la pandemia incremente aún más esa valoración positiva. Esto permite colegir que el giro estratégico de la doctrina militar brasileña trascenderá las vicisitudes del gobierno de Bolsonaro para convertirse en un hecho irreversible que habrá de signar el escenario geopolítico de América Latina. La Argentina tendría que tomar debida nota de esta noticia para la necesaria y demorada reformulación de su política de defensa y seguridad.

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