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Cómo se está ordenando la política en el siglo XXI

Por Claudio Chaves -

 

Decía Juan Bautista Alberdi a fines de 1850: “No son dos partidos, son dos países; no son los unitarios y federales, son Buenos Aires y las provincias. Con razón cuando se averigua quienes son los unitarios y federales y dónde están nadie los encuentra; y convienen todos en que estos partidos no existen hoy; lo que sí existe a la vista de todos, es Buenos Aires y las provincias alimentando a Buenos Aires.” Para Alberdi, entonces, la cuestión era clara el conflicto que sacudió nuestra historia en el siglo XIX fue el enfrentamiento entre provincianos y porteños. A partir de este ordenamiento de la política Alberdi construyó su pensamiento y su acción política. Fue urquicista, fue roquista y fue enemigo frontal del rosismo y el mitrismo.

¡Esa fue su línea política!

Trasladándonos al siglo XXI y a la actualidad argentina podríamos hacernos, en el sentido alberdiano, una pregunta similar: ¿Dónde están y quienes son los peronistas, los radicales, los conservadores o los liberales? No se sabe, están en todos lados. Por lo tanto en ninguno de forma precisa. De modo que no existen más como tales, lo cual hace que ya no sean un ordenador de la política. Lo que sí hay a la vista de todos son cuadrantes de geografía ideológica: derecha e izquierda, mal que le pese a cierta intelligenzia criolla que da por muerta esta manera de entender la política. Y entre estas dos geografía se ordenan los viejos partidos.

Durante los cuatro años de gobierno kirchno-peronista sus principales cuadros políticos alertaron -frente al fracaso de su gobierno- sobre el grave riesgo del retorno al poder de la derecha, acentuando estos discursos en la campaña de las paso. Intendentes, gobernadores dirigentes gremiales, dirigentes sociales, periodistas afines, intelectuales y ministros, particularmente el de Economía, advirtieron sobre el riesgo de la derecha. Esto último una rareza inexplicable.

De modo que si el gobierno sitúa a su adversario en la derecha y el adversario sitúa al gobierno en el populismo amigo de Cuba, Venezuela, Nicaragua y el Foro de San Pablo, las cosas deben ser así: la derecha y la izquierda más vivas que nunca. Discutir y negar lo que plantean los militantes, no tiene sentido son los constructores de la realidad política. Lo máximo que podemos hacer desde el pensamiento es explicar las razones de estos discursos. Por ahí, perdida entre cientos de declaraciones en dirección a lo aquí señalado, un antiguo dirigente, auto percibido peronista, ante la pregunta de un periodista de si el gobierno nacional era de izquierda aseguró, sin sonrojarse, que el peronismo no se hace cargo de esa división. Los peronistas somos nacionales. ¡Un viejazo astronómico de los años 40! que es como decir del tiempo ‘e ñaupa. Se olvida que en el 46 a Perón lo enfrentó la Unión Democrática que era la izquierda de aquellos años.

Cierto es que cuando una coalición caracteriza a la otra no se ubica en el extremo contrario se muestra como centrista, que es el deber ser. No es creíble. Dentro de las coaliciones hay de todo, más al centro, más al extremo lo importante es que hoy ese mapa ordena a los viejos partidos en disolución, se reparten entre estos dos campos. ¿Está bien, está mal? No lo sabemos. Quienes hablan con más claridad en que sector del mapa se hallan es el progresismo y la centro izquierda, a la derecha le cuesta asumirse como tal, bueno…cada vez menos. EL ASESOR ELECTORAL DEL KIRCHNERISMO

Antonio Gutiérrez Rubí es un intelectual catalán asesor de diferentes candidatos de centro izquierda de América Hispana y de Europa. Un progresista de butibamba y butibarreno. Por este tiempo rodea a Sergio Massa al cual trata de adoctrinar y llevar hacia la racionalidad progresista. Desconocemos si ha tenido éxito con su alumno porque Sergio no es fácil, o para decirlo de otro modo nunca se sabe lo que piensa. Podría ocurrir también que sea tan influenciable que un día piensa una cosa y al otro, lo contrario. Llevó a Tigre, cuando era Intendente, a Rudy Giuliani, ex alcalde de Nueva York que logró hacer vivible su ciudad persiguiendo vagabundos, merodeadores, prostitutas, transas para finalmente caer sobre el delito fuerte y las mafias. ¡Muy bien!

Rudy, también, es amigo de Trump a quien defiende por el intento de toma del Capitolio. Sobre ese cerebro debe trabajar Gutiérrez Rubí. Algo ha conseguido pues lo apartó de la derecha que Massa tibiamente representaba y lo ubicó con el progresismo. ¿Para siempre? Nunca se sabe.

Rubí afirma que el conflicto moderno puede definirse en la antinomia democracia/autoritarismo. Atribuyéndole a la centro izquierda y el progresismo la representatividad democrática pues para él la derecha es autoritarismo. No registra a Cuba o Venezuela.

Recomienda a los suyos no caracterizar a esta derecha como nazi o fascista, pues los haría más fuertes. Esto es un chicana de bajo vuelo pues la derecha moderna no se identifica con el fascismo o el nazismo, el mismo lo dice cuando afirma estamos ante algo nuevo, algo distinto, es otro tipo de extrema derecha. Lo de extrema hace ruido, pero bueno, para los progres la derecha es naturalmente, extrema. Finalmente se queja del progresismo y le aconseja modificar esta conducta cuando ofrece como propuesta la nostalgia del pasado, ha dejado de parecer moderno y así no puede liderar el futuro y pierde el presente. Los sectores de centro izquierda e izquierda deben volver a ofrecer el porvenir. Lo que confirmaría que el Progresismo es retro.

Finalmente y acá es donde patina y evidencia, sin quererlo, el fracaso de la centro izquierda cuando afirma que Bukele, Presidente del Salvador, prefiere renunciar a la institucionalidad por la seguridad. Las Constituciones democráticas autorizan estados de excepción frente a peligros que expongan al País o a su población. La institucionalidad garantiza la República pero la República ha creado instrumentos para no ser abatida por la inseguridad, el caos y el desorden. En fin con estos candiles mejor es andar a oscuras.

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