top of page

Cuando Stalin tomó Hollywood por asalto

Por Diego Rojas - Las normas para el Oscar a “mejor película” establecen parámetros de “inclusión” que muy pocas obras podrían cumplir. “Es la dictadura de la corrección política”, definió la actriz Kirstie Alley

 

Pues ya están en marcha los premios Oscar en su 96° edición, que tendrán lugar en el Dolby Theatre ubicado en la ciudad de Los Ángeles en abril de 2024. Claro, esto pasa año a año todos los años, no es una noticia en sí misma, ni siquiera un recordatorio (cuando llegue el momento, las trompetas sonarán). Sin embargo, debe hacerse notar que ya se están realizando y estrenando las películas que serán las nominadas a obtener la estatuilla dorada de esta temporada. Esto quiere decir que ya se filman las producciones que inaugurarán el Oscar de características estalinianas. Sí, ya está en marcha la ceremonia de entrega de premios a los que Iosif Stalin hubiera saludado como una conquista de sus ideas en Hollywood. Un notable e inimaginado triunfo, a decir verdad.

¿Parece una afirmación descabellada? No lo es. Recordemos. El 8 de septiembre de 2020 la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas (más conocida como “la Academia”, como Racing de Avellaneda, pero nada que ver) anunció los Academy Inclusion Standards, nuevos estándares de inclusión para que una película pueda ser nominada a la categoría Mejor Película. Esta normativa plantea de manera obligatoria para la edición 2024 que el film que aspire a ser nominado cumpla con estos requisitos:

–Que al menos uno de los protagonistas represente a minorías o colectivos poco representados..

–Que el 30 % del reparto secundario pertenezca a minorías o colectivos poco representados.

–Que el equipo técnico detrás de las cámaras cumpla también con ese porcentaje.

–Que la película ofrezca oportunidades de acceso a la industria audiovisual o promueva las audiencias de minorías o colectivos poco representados.

Si una película quiere obtener el máximo galardón, al menos dos de estos puntos deben ser cumplimentados. Se trata de un disparate que coloca a la corrección política como rasero para juzgar a la creación artística en el campo cinematográfico. Pongamos un ejemplo cercano. La obra que venció a nuestra Argentina, 1985 en la categoría Mejor Película En Habla No Inglesa, fue la alemana Sin novedad en el frente, una muy buena película bélica que mostraba el horror de las trincheras en la frontera franco-germana durante los últimos días de la Primera Guerra Mundial. El Oscar que ganó fue realmente merecido y tan bien valorada, estuvo que también fue nominada a la estatuilla a la Mejor Película, a secas. No ganó.

Sin embargo, de haberse rodado este 2023, no podría haber sido nominada a la máxima categoría, sin importar la calidad de la realización, sus innumerables virtudes técnicas, ni la gran factura final del film. No hubiera competido, como sí pasó esta última entrega, con Ellas hablan, Tár, Los Fabelmans (de Steven Spielberg), Los espíritus de la isla, o Todo en todas partes al mismo tiempo (que finalmente ganó), ya que el 99% de sus protagonistas y el elenco en general estaba compuesto por actores masculinos, blancos caucásicos (germanos, para peor dato), salvo la aparición episódica de una algún rol femenino.

¿Se trataba de una producción misógina, machista, patriarcal, a la vez que su trasfondo general fuera profundamente antibelicista (y estrenada cuando toca el timbre de las naciones el fantasma de la Tercera Guerra Mundial)? No Se trataba de una reconstrucción histórica de la tragedia de la guerra que en 1917 estaba monopolizada por soldados pertenecientes al sexo masculino (y que hoy conforman la mayor parte de los regimientos que son enviados al frente de combate para que sus cuerpos sean aplastados por la maquinaria de matar que es la industria más poderosa del capitalismo mundial). ¿Sin novedad en el frente a Mejor Película?, hubieran dicho los patrones de la Academia de Hollywood, “pero no, descartalos”.

Cuando la Academia pide por lo menos un protagonista de minorías raciales y al menos el 30% de los equipos técnicos, se refiere a, según su resolución, personas de origen: “Asiático, latino/hispano, negro/afroamericano, indígena, persona de medio oriente, nativo de Hawái o del Pacífico y ‘otras etnias o razas poco representadas’”. Por colectivos poco representados en pantalla entiende: “Mujeres, minorías raciales, colectivo LGBTQ+ o personas con capacidad diversa”. En este momento, mientras se ruedan los films de este año con aspiraciones a considerarse las mejores obras de la industria este año, hay una nueva tarea para los productores que consiste en armar una planilla donde se señale: “En el equipo técnico, fulanito es de origen coreano, la editora es lesbiana, un montajista se moviliza en silla de ruedas, y hay un argentino, pero no tan morocho, debemos aclarar, en esta producción”. Todo sea en nombre de la corrección política.

Veamos algunas películas que ganaron el Oscar a la Mejor Película y que de ser rodadas en 2023 no podrían ni siquiera haber llegado a la nominación, ya sea por elenco o porque sus equipos de realización no hubiera cumplido el cupo:

Lawrence de Arabia, la gran película dirigida por David Lean en 1962 y protagonizada por Peter O’Toole, Alec Guinnes, Anthony Quinn (bueno, este tenía origen mexicano, en honor a la verdad), entre otros, y que contaba las hazañas de T.R. Lawrence en Medio Oriente (se debe comentar que Lawrence era absolutamente misógino y era gay, aunque por la época nunca hubiera salido del clóset y que, sin embargo, llegó a convivir con una pareja masculina. Tal vez cuente como “gay”). Bueno, la película no tiene ningún personaje femenino con diálogo, aunque sí aparecen algunas mujeres como extras o figurantes.

Se podría decir que El padrino, la obra maestra de Francis Ford Coppola de 1972, que cuenta a la familia mafiosa Corleone en los Estados Unidos, tiene personajes femeninos, como la esposa y las hijas de Don Vito Corleone, pero que su papel es secundario y subordinado al de los hombres. No lo dice quien escribe estas líneas, sino que así está estructurada la novela de Mario Puzo en la que se basa el fabuloso film.

El último emperador, la película biográfica sobre la vida de Puyi, el último emperador de China, desde su infancia en la Ciudad Prohibida hasta su muerte como jardinero en Pekín y dirigida por Bernardo Bertolucci tiene algunos personajes femeninos, como las esposas y las concubinas de Puyi, pero su presencia es marginal y no influye en el desarrollo de la trama. Bertolucci, ese machista patriarcal…

Se podría seguir.

“Me dan ganas de vomitar”, dijo hace unos días el actor Richard Dreyfuss (grandioso en Tiburón, Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, que ganó el Oscar por La chica del adiós y tantas otras películas) en un programa de la Televisión Pública de los Estados Unidos y agregó: “Esto es una forma de arte. También es una forma de comercio y genera beneficios. Pero es arte. Y nadie debería decirme, como artista, que tengo que ceder ante la idea más reciente y más de moda acerca de qué es la moral. Lo siento, pero no creo que haya que proteger así a ninguna minoría en este país”.

La actriz Kirstie Alley dijo: “¿Se imaginan decirle a Picasso lo que tenía que pintar en sus putos cuatros? Se les fue la cabeza. Es la dictadura de la corrección política”.

El actor James Wood dijo: “A partir de ahora será difícil, si no imposible, hacer muchas películas históricas. Una película rigurosa, factual sobre la Revolución Americana no cualificaría. Así que, camaradas, estas son los nuevos requerimientos obligatorios para la elegibilidad a Mejor Película. Pensemos en ganadoras del pasado que no calificarían bajo estas reglas demenciales: El padrino, Salvar al soldado Ryan, etc”.

En 1934 la Unión de Escritores Soviéticos votó como política oficial para los literatos de la Unión Soviética el seguir los parámetros del “realismo socialista”. Esta iniciativa fue consagrada por el I Congreso de Escritores Soviéticos de 1934 para ser a partir de entonces estrictamente aplicada en todas las esferas de la producción artística, sea literaria, musical, o de artes plásticas.

El realismo socialista planteaba, como definición y programa, el objetivo de reflejar la nueva sociedad “socialista” que habría engendrado la Revolución Socialista de Octubre y que se dirigía plenamente hacia la conclusión “comunista” liderada bajo la guía de Iosif Stalin, el Gran Timonel. Mientras esto sucedía, arreciaba el derrumbe de las conquistas de la revolución de 1917 y comenzaban las Grandes Purgas que llevarían a la pena de muerte a miles de opositores al dictador burocrático Stalin, que había consolidado una casta que arrebataría los alcances logrados por los trabajadores luego del derrocamiento del zar Nicolás II. Sin embargo, en la literatura staliniana de la época, todo estaba bien. La clase obrera había conquistado el paraíso.

Ya no la clase obrera, pero sí mujeres y colectivos minoritarios, reflejarían que las tensiones sociales no existen más, como se reflejaría en elencos, tramas o equipos de las producciones cinematográficas hollywoodenses.

Ah, Hollywood. Qué bien le hubieras caído a Stalin.


Comments


bottom of page