Defender el derecho a la vida y proteger al más débil







En este siglo de la ciencia y la tecnología es crucial no solo promover el crecimiento económico, sino también una justicia social que proteja a los más pobres, asegurando una genuina igualdad de oportunidades. Cuando se discute sobre el futuro de nuestro país es esencial destacar la necesidad de construir una sociedad próspera y con igualdad de oportunidades, en la cual la protección de los más débiles sea una clara prioridad política. Esta reflexión es importante en el caso del aborto, donde surge una evidente contradicción entre quienes sensatamente aspiran a mayor "igualdad" en el área económica y social para defender a los más débiles, pero al mismo tiempo no consideran importante defender la vida del ser humano más débil que existe: el ser por nacer. No olvidar que la protección de la vida humana es el fundamento del orden social, mientras que la protección del más débil para lograr una sociedad más igualitaria es la guía central para asegurar el respeto a los derechos humanos.





Esta contradicción ya fue puesta en evidencia en el siglo pasado por Norberto Bobbio, ese gran pensador socialista italiano, quien escribió el libro Derecha e izquierda en 1995, donde señala que la izquierda es primordialmente abortista, en una actitud contradictoria con una de las definiciones más comunes de la ideología izquierdista que significa "ponerse del lado de los más débiles", cuando es evidente que el ser humano más débil y desprotegido es el ser gestado y por nacer. En un reportaje publicado por Il Corriere della Sera en mayo de 1981, Bobbio expresaba: "Ante todo el derecho fundamental del concebido, el derecho a nacer, sobre el cual, creo yo, no se puede transigir. Es el mismo derecho en cuyo nombre soy contrario a la pena de muerte. Se puede hablar de despenalización del aborto, pero no se puede ser moralmente indiferente frente al aborto".


Hay que tener presente que Bobbio sostenía una visión totalmente laica de la sociedad, y por eso aclaraba lo que algunos superficialmente consideraban una contradicción, cuando expresaba: "No veo qué sorpresa puede haber en el hecho de que un laico considere como válido en sentido absoluto, como un imperativo categórico el 'no matar'. A mí me sorprende que los laicos dejen a los creyentes el privilegio y el honor de afirmar que no se debe matar".


Esta visión izquierdista profundamente humanista, centrada en la defensa de la vida humana, fue también compartida por Tabaré Vázquez, dos veces presidente de Uruguay y perteneciente a la agrupación izquierdista Frente Amplio, cuando vetó la iniciativa abortista aprobada por el Congreso. En su decreto del 14 de noviembre del 2008, el entonces presidente de Uruguay expresaba: "La legislación no puede desconocer la realidad de la existencia de vida humana en su etapa de gestación, tal como de manera evidente lo revela la ciencia. La biología ha evolucionado mucho. Descubrimientos revolucionarios, como la fecundación in vitro y el ADN con la secuenciación del genoma humano, dejan en evidencia que desde el momento de la concepción hay allí una vida humana nueva, un nuevo ser. Tanto es así que en los modernos sistemas jurídicos -incluido el nuestro- el ADN se ha transformado en la 'prueba reina' para determinar la identidad de las personas, independientemente de su edad, incluso en hipótesis de devastación, o sea, cuando prácticamente ya no queda nada del ser humano, aun luego de mucho tiempo".


El presidente Tabaré Vázquez en este veto afirmaba que los avances científicos "dejan en evidencia que desde el momento de la concepción hay allí una vida humana nueva, un nuevo ser, genéticamente irrepetible". Como dirigente político de tradición izquierdista también sostenía: "El verdadero grado de civilización de una nación se mide por cómo se protege a los más necesitados. Por eso se debe proteger más a los más débiles. Porque el criterio no es ya el valor del sujeto en función de los afectos que suscita en los demás, o de la utilidad que presta, sino el valor que resulta de su mera existencia. La legislación no puede desconocer la realidad de la existencia de vida humana desde el momento mismo de la concepción, tal como de manera evidente lo revela la ciencia. La biología ha evolucionado mucho". Estas palabras contenidas en la carta que el 14 de noviembre de 2008 Tabaré Vázquez le dirige a la Asamblea General del Parlamento de la República Oriental del Uruguay forman parte del veto histórico con el cual puso de manifiesto de manera bien clara que hay valores -apoyados en razones científicas- que apuntan a defender la vida humana del ser por nacer. El entonces presidente uruguayo, médico, sostenía que el profesional de la salud siempre debe actuar a favor de la vida y de la integridad física.


En los fundamentos de su veto, el presidente uruguayo también recordaba que los tratados internacionales -entre otros, el Pacto de San José de Costa Rica y la Convención sobre los Derechos del Niño- contienen disposiciones expresas que obligaban a Uruguay a proteger la vida del ser humano desde su concepción. En nuestro país, los tratados internacionales mencionados tienen rango constitucional, por tal motivo obligan a nuestro Estado a su implementación efectiva.


Desde el punto de vista científico ya no quedan dudas sobre el momento de inicio de la vida humana en el cuerpo de la madre, cuando se unen el espermatozoide aportado por el hombre y el óvulo generado por la mujer, dando lugar al inicio de una nueva vida. Estas evidencias, que se fueron acumulando por los últimos avances científicos, son claras: el análisis del ADN demostró que "el niño por nacer" tiene un mapa genético distinto al de sus progenitores, o sea, es ya un ser diferente a sus padres. El embrión es un ser real, distinto y no en potencia, no quedan dudas de que el ser humano en el vientre materno es mucho más que una simple "parte del cuerpo maternal". Ser progresista en serio, es decir, con una visión humanista, exige defender siempre a los más débiles, por ejemplo, la vida de quienes están en el vientre materno.


Es hora de reflexionar seriamente y sin afirmaciones meramente dogmáticas sobre el respeto a la vida de todos los seres humanos sin exclusión alguna. El aborto generalizado, más allá de casos en los cuales está en peligro la vida de la madre, no es un avance social sino un gran retroceso porque niega cualquier derecho al niño por nacer. Por todo esto, es necesario fortalecer la prevención y el acceso a las prácticas que eviten el embarazo no deseado.