El debate es ideológico

Por Claudio Chaves - La controversia sobre el aborto no se puede recorrer por aguas calmas. Las posiciones son extremas, no hay término medio

 

No tengo dudas de que la controversia sobre el aborto es un tema absolutamente ideológico. No veo la razón para negarlo y no es conveniente hacerlo. No se puede recorrer el asunto por aguas calmas. Las posiciones son extremas, no hay término medio, por tanto, no hay acuerdo. No hay nada que hacer. ¡Y es bueno que esto sea así!


El Vaticano que ahora llama a reabrir un debate no ideológico sobre la protección de la vida en la sociedad civil, se da de bruces con la idea planteada en su momento por Francisco cuando enunció que el todo es superior a las partes. En este caso y siguiendo ese sendero, la sociedad y el destino común deben estar por encima de libertades individuales que ponen en crisis el todo. Por otro lado, la libertad es una palabra sagrada para ensuciarla con la muerte.


Frente al aborto, la vida, que es la garantía de la perpetuación de la especie humana y es el todo, por lo tanto, debe estar por encima del mentado derecho individual a practicar el aborto.


En el país de la guillotina, su presidente, Emmanuel Macron, ha dicho: “El aborto es un derecho fundamental, mi solidaridad con todas las mujeres cuyas libertades han sido hoy puestas en riesgo.”


El intelectual occidental, refinado y talentoso, según dicen, expone dos gruesos errores, demostrando que el lustre, esconde un bárbaro: el aborto como derecho fundamental y además se solidariza con las mujeres, porque al parecer es un derecho de género. ¿Acaso las mujeres logran solas producir la vida? Seguir este razonamiento se torna insoportable.


Repetimos entonces: el derecho de la mujer a sacarse de encima, brutalmente, a un embrión indefenso es poner el derecho individual por encima del conjunto. La libertad individual llevada a ese extremo es la destrucción de un proyecto en común, conduce al nihilismo. Si Occidente continúa defendiendo y promoviendo estos valores se perderá en la tiniebla de los tiempos.


Durante años fue el faro que iluminó el futuro. Hoy, con los lamentos por la resolución de la Suprema Corte de Justica de los Estados Unidos, se hunde en el fárrago de la decadencia. Suponer que el aborto es el progreso y los que estamos en contra somos conservadores que expresamos el pasado, es similar a lo que la Inquisición practicaba, sobre el final del medioevo, con aquellos que estudiaban el cuerpo humano para salvarlo de enfermedades, prolongando de ese modo la vida. Los acusaban de endemoniados. El iluminismo occidental ha devenido en Inquisición. En nombre de la libertad abrazan la muerte. Aquellos en nombre de Dios mataban la vida.


Hace ya muchos años, quizás veinte, no lo recuerdo bien, se dio en los Estados Unidos una obra de teatro que tuvo un éxito extraordinario. Largas colas para ver el espectáculo. Claro, en las grandes urbes cultas y cosmopolitas, no en el oeste profundo. La obra de marras se llamaba EXIT (salida) Se trataba a grandes trazos de una conversación entre una madre y su hija. Una puesta en escena barata pero muy cara a la sociedad. La hija en sus cabales, con una evidente sanidad mental y física, el guion así lo marcaba, sin conflictos ni turbaciones que confundieran su mente, le plantea a su madre que se va a suicidar. La madre intenta convencerla del error y de ejercer la libertad hasta ese extremo. Hablan, discuten, exponen. Finalmente, no logra convencer a su hija y la deja marchar. Así es la libertad cuando se hace de ella un Dios pagano que atenta contra la vida. Esta obra puede explicar el sentido común del norteamericano cosmopolita. Finalmente, algo positivo. En nuestro país la propuesta teatral fue un absoluto fracaso.