El derrotero de la “modalidad” Humanista Moderna








“Fueron trece perales, diez manzanos y cuarenta higueras; y me ofreciste, además, cincuenta leños de cepas, cada uno de los cuales daba fruto en diversa época […]”.

Homero



El oleaje levantado por el reciente fallo de la Corte Suprema sobre la autonomía porteña apenas disimula un mar de fondo agitando el sistema educativo argentino. En tal marco inscríbase esta nota sobre el derrotero que, desde 1993, ha trazado la legislación nacional a los bachilleratos humanistas modernos, cuya existencia prácticamente se desconoce.


De Ley Federal a Ley Nacional


La Ley de Educación Nacional (LEN) 26.206, promulgada en diciembre de 2006 (http://servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet/anexos/120000-124999/123542/norma. htm), constituyó un volantazo legislativo para -se decía- poner las cosas en su lugar cerrando el ciclo “neoliberal” de la Ley Federal de Educación (LFE) 24.195, promulgada en abril de 1993 (http:// servicios.infoleg.gob.ar/infolegInternet /anexos/15000-19999/17009/texact.htm).


El mismo espacio político -que privatizó y estatizó según los vientos- refundaba ese marco legal transcurridos apenas trece años, movilizado por las algaradas derivadas de la pugna infértil educación pública vs. educación privada.


Muchos entendían que la LFE necesitaba más rodaje para calibrar sus resultados. Aún con defectos, una ley “federal” sería reemplazada por otra “nacional”, preparada para uniformar la educación primaria y secundaria en función de las corrientes pedagógicas “progresistas” que sustentan la LEN.


La LFE, con algunos ecos del Congreso Pedagógico Nacional convocado por Raúl Alfonsín, había establecido -en su art. 10- la estructura del sistema educativo nacional (SEN), previendo cinco niveles: Educación Inicial para niños de 3 a 5 años de edad; la Educación General Básica -EGB- obligatoria y de nueve años de duración; la Educación Polimodal, cumplido el ciclo EGB, con tres años mínimos de duración; la Educación Superior delegada a instituciones universitarias y no universitarias, y la Educación de Posgrado.


Por su parte, la LEN -a más de derogar, entre otras, la LFE- estableció en su art. 17 un nuevo SEN, consistente en cuatro niveles de unidades pedagógicas y organizativas: Educación Inicial para niños hasta 5 años de edad; Educación Primaria, formación básica a partir de los 6 años; Educación Secundaria, dividida en un Ciclo Básico y un Ciclo Orientado, y ocho “modalidades” (Técnico Profesional, Artística, Especial, Permanente de Jóvenes y Adultos, Rural, Intercultural Bilingüe, en Contextos de Privación de Libertad y Domiciliaria y Hospitalaria), que cada establecimiento podía elegir.


A los efectos de esta nota, destacamos que para el citado artículo son modalidades:


“[…] aquellas opciones organizativas y/o curriculares de la educación común, dentro de uno o más niveles educativos, que procuran dar respuesta a requerimientos específicos de formación y atender particularidades de carácter permanente o temporal, personales y/o contextuales, con el propósito de garantizar la igualdad en el derecho a la educación y cumplir con las exigencias legales, técnicas y pedagógicas de los diferentes niveles educativos”.


Luego de mencionar las señaladas, dicha norma concluye con este párrafo: “Las jurisdicciones podrán definir, con carácter excepcional, otras modalidades de la educación común, cuando requerimientos específicos de carácter permanente y contextual así lo justifiquen”. Es decir, por un lado no hay numerus clausus y, por otro, las provincias podrían proponer otras en su ley provincial adecuada al texto nacional.


Este pantallazo resulta necesario para contextualizar el trajín de la modalidad humanista moderna y las dificultades que los colegios debieron enfrentar en resguardo del derecho a la libertad de enseñanza y en función de un proyecto educativo institucional (PEI) determinado, elegido por miles de familias para sus hijos. Ni qué hablar tratándose de instituciones de gestión privada y además confesionales.


Tavella en escena


Roberto J. Tavella (1893 - 1963), nació en Concordia -Entre Ríos- y falleció en Salta. En 1918 fue ordenado sacerdote de Don Bosco, dedicándose activamente a la docencia. En septiembre de 1934, la diócesis de Salta obtuvo del papa Pío XI la categoría de Arquidiócesis, siendo consagrado obispo el 17 de febrero de 1935, tomando posesión de su sede arzobispal ese mismo mes.


Consagró su vida a promover cambios sociales mediante la educación y los frutos de sus tres décadas de episcopado aun perduran en la comunidad salteña. De tantas obras imperecederas, sobresalen tres: la creación en 1937 del Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos, del Instituto de Humanidades en 1948 y la Universidad Católica de Salta, pionera en la Provincia, en 1963.


Mons. Tavella, consciente de las virtudes y defectos de la sociedad que lo recibía, percibió la necesidad de contener y preparar a la juventud para construir con ella buena ciudadanía, con capacidad de discernimiento crítico. Para lograrlo se inspiró en las experiencias europeas de mediados del siglo pasado, cuyos planes se asentaban en el aprendizaje de Latín, Griego y la cultura grecolatina – judeocristiana, cimiento de la civilización occidental.


El Instituto de Humanidades fue preparado para semillero docente; en 1952, estando ya la base, nació el primer Bachillerato Humanista Moderno de la Argentina. Sus sucesores potenciaron la trayectoria, bondades y ventajas del plan humanista para las juventudes provincianas donde lograse arraigar.


El plan replicó de inmediato en Catamarca, Concordia, Córdoba, Gral. Alvear, Mendoza, Posadas, Salta, San Juan, San Rafael y Santiago del Estero. Obispados, órdenes religiosas, asociaciones civiles y fundaciones católicas decidieron asumirlo en sus respectivas jurisdicciones. Salvo los colegios Monserrat de Córdoba y el Nacional Buenos Aires (dependientes de sendas universidades públicas) y ahora la Escuela Normal Manuel Belgrano de Salta, todos los demás son privados católicos. De hecho, no existe ninguna incompatibilidad “ontológica” entre el plan humanista y el carácter de la gestión institucional, pero nunca penetró la coraza de la enseñanza pública, salvo en los casos mencionados u otros que desconocemos.


Los BHM argentinos no llegan a la veintena y cuentan con una población estudiantil aproximada de 12.000 estudiantes. En Alemania e Italia son centenares los colegios de esta clase; España y Francia, al parecer, los están recuperando de a poco.


Humanista y moderno


Hasta la sanción de la LFE, los bachilleratos humanistas argentinos mantuvieron características distintivas, adecuadas a cada PEI. El plan de estudios original se asentó en tres pilares adaptados básicamente de los modelos alemán e italiano: a) una estructura organizativa de siete años, cuatro de Gimnasio y tres de Liceo; b) una estructura curricular con énfasis en la enseñanza intensiva de Latín y Griego clásicos, más Filosofía, Lengua, Historia y Matemáticas; c) un estilo de formación inmerso en el humanismo clásico sostenido en valores cristianos universales.


Al año de iniciado el colegio salteño, el Ministerio de Educación consideró -decreto 3.663 de 1952- que el plan representaba “el ensayo más serio para una futura transformación” de la enseñanza secundaria:


Que la creación del bachillerato aludido abre la posibilidad de realizar una rica experiencia, inspirada en ideas sostenidas por el Gobierno Justicialista, sobre la necesidad de fundamentar la formación intelectual de nuestra juventud en el aprendizaje de las humanidades, de conformidad a los antecedentes de nuestra cultura occidental y cristiana [...].


Que por tales circunstancias la iniciativa del Instituto de Humanidades de Salta, de creación de los cursos de Bachilleratos Humanísticos debe apoyarse con medidas de eficacia práctica, tales como el reconocimiento oficial de los títulos que se otorguen [...] y el aporte económico para sostener su funcionamiento administrativo y docente.


Por su parte, el Decreto 9.908 de 1961 -presidencia de Arturo Frondizi- lo consideró “plan alternativo para todo el país”:


Que es propósito firme del Poder Ejecutivo sostener el principio de libertad de enseñanza, auspiciando todas las iniciativas que presenten una real superación de los sistemas educacionales vigentes.


Que la enseñanza de las humanidades, según el grado, extensión y métodos seguidos en aquel Instituto, es un instrumento especialmente adecuado para formar mentes disciplinadas, capaces de encarar con éxito los estudios superiores o las actividades que exige el cumplimiento de cada vocación.


Que ello puede apreciarse por los resultados obtenidos en el Instituto de Humanidades de Salta, […].


Aquellos lineamientos generales -reconocidos y aprobados por la Superintendencia de Educación Privada (SNEP)- al transferirse los servicios educativos a las jurisdicciones provinciales en 1994, eran los siguientes: incorporación de alumnos en el actual 6º grado de primaria, con examen de ingreso nivelador de lengua y matemática; el cursado duraba siete años, finalizado el cual se otorgaba título de bachiller humanista.

La eficacia propedéutica de este modelo educativo –dijimos en otra ocasión- se comprueba con el alto porcentaje de estudiantes que cursaron estudios de grado (un promedio histórico alrededor del 60%, del cual el 90% los concluía) en carreras vinculadas a ingenierías, ciencias médicas y economía. La dedicación al estudio diario que conlleva el plan, se debe a las exigencias que impone el estudio de latín y griego, idiomas que desarrollan el manejo de la lengua en sus dos habilidades –lectura y escritura- y potencian el rigor analítico a la hora de traducir textos de autores clásico. Con la ventaja adicional ya señalada de su vinculación con las raíces de un Occidente al que hoy tenemos que rescatar.


Duro acomodamiento a la LFE y la LEN


La sanción de ambas leyes conmovió las bases mismas y la continuidad de los bachilleratos humanistas. Ninguna autoridad podía responder sensatamente esta simple pregunta: ¿para qué cambiar lo que bien funciona y acreditan los resultados?

La LFE implicó un primer repliegue forzoso del plan humanista moderno. Todos los BHM debieron adecuarse a la nueva orientación nacional, negociando en cada jurisdicción su caja curricular y la respectiva carga horaria. En algunos casos, la intransigencia estatal llevó a disminuir las horas de latín y griego o considerar extracurriculares ambas materias basales. Algunos colegios, cansados de tanta lucha despareja, decidieron continuar con cultura grecolatina; otros abandonaron tristemente el plan.


Además, la “enseñanza común” de la LFE desarticuló la coherencia originaria de la modalidad: Historia y Geografía se unificaron en Ciencias Sociales, Química, Física y Biología en Ciencias Naturales; y así siguiendo. En algunos casos se logró resguardar las materias identitarias en espacios de definición institucional, manteniendo contenidos y carga horaria aceptables aunque menores respecto del plan original.


Los criterios centralizadores de la LEN constan en largos fines y objetivos descriptos en su art. 11. Con todo, los artículos 12 y 13 definen que el Ministerio de Educación de la Nación y las jurisdicciones comparten la planificación, organización, supervisión y financiación del SEN, aplicables a las instituciones de gestión privada. La estructura unificada para asegurar ordenamiento y cohesión fue preaviso del tembladeral sobreviniente.


La modalidad humanista moderna, en tanto opción organizativa y curricular para dar respuesta a requerimientos específicos de formación y atender particularidades permanentes o temporales (conf. art. 17 LEN), garantiza la libertad de educación, cumplimentadas las exigencias legales, técnicas y pedagógicas. Pese a la claridad de esa norma, que habilita opciones organizativas y curricular propias, en la práctica no sucedió así.


Salta, sosteniendo su historial, fue la única provincia que la incorporó en el capítulo III de la Ley de Educación 7.546, de diciembre de 2008 (http://boletin oficialsalta.gob.ar/VersionImprimibleLeyes.php?nro_ley2=7546), en estos términos:


Artículo 45. La Educación Humanista Moderna es una Modalidad del Sistema Educativo Provincial para la Educación Primaria y Secundaria. Asume los objetivos de esos niveles y los organiza con los propios de la modalidad, centrados en la persona humana y su dignidad, el estudio de la lengua y la cultura grecolatina, su desarrollo histórico y la presencia de sus valores en la cultura contemporánea.


El diseño curricular se establecería de común acuerdo con las autoridades del área. La modalidad quedó habilitada para colegios públicos (caso de la citada Esc. Gral. Belgrano) y privados.


Al no tener ese resguardo (mínimo, pues el Consejo Federal de Educación habilita o no caja curricular y otorga validez nacional de los títulos), los restantes colegios del país hasta hoy no encuentran contención en sus autoridades jurisdiccionales.


La Federación Argentina de Bachilleratos Humanistas Modernos


Hasta el año 2006 funcionaba una Federación oficiosa, impulsada por el Colegio Nacional de Monserrat, que periódicamente promovía y organizaba reuniones y Congresos Humanistas, ocasiones en que se intercambiaban experiencias pedagógicas y analizaban problemáticas comunes.


La sanción de la LEN aceleró los tiempos frente a las trabas al funcionamiento del plan. Así se decidió instituir esta Federación el 31 de marzo de 2.006, en la ciudad de Salta, su sede oficial en reconocimiento de la labor pionera de Mon. Tavella. En la actualidad son dieciséis institutos humanistas asociados en ella.


Una gestión ineludible fue solicitar audiencia al MEN, cuando la nueva ley estaba en pleno debate. Recibidas sus autoridades por el viceministro Juan Carlos Tedesco, se solicitó la inclusión de la modalidad en la futura ley, proponiendo idéntico texto al luego incorporado en el art. 45 de la ley salteña. Los tiempos políticos conspiraban en contra y el funcionario aconsejó “pelear” su inclusión en las leyes provinciales.


En 2013, la senadora nacional por San Luis, Dra. Liliana Negre de Alonso, al tanto de los padecimientos institucionales, propuso una reforma para que la humanista moderna fuese novena modalidad en la LEN. El proyecto perdió estado parlamentario, pese al respaldo de otros senadores nacionales, incluidos los tres de Salta.


Ante la imposibilidad de reformar la LEN, resulta más factible que, en las provincias donde ya existen estos colegios, se incorpore la modalidad a sus leyes de educación, tal como la tiene Salta. Sería justo y provechoso.


Colofón


“Unidad en la diversidad” es un principio que orienta las políticas educativas basadas en la LEN. Los BHM argentinos son comunidades dinámicas, en constante crecimiento, que demuestran con sus egresados el indiscutible valor de sus PEI. Además, cumplen los fines establecidos en aquella, innovando la propuesta sin resignar sus rasgos identitarios fundacionales.


Es dura la lucha para afianzar la sustancial libertad de los padres para elegir tal propuesta educativa, aún sabiendo de sus exigencias, en pleno ejercicio de un derecho humano reconocido en tratados con jerarquía constitucional.


¿Y por qué insistir todavía en el estudio de las lenguas clásicas? G. Jaim Echeverry, en La tragedia educativa (“¿Por qué la lengua?”), sostiene que el rigor mental del Latín no solo vincula con lo humanístico sino sobre todo con el conocimiento científico. A su vez, Pedro L. Barcia, argumentando a favor, escribió hace tiempo: “ […] el sistema de esa lengua exige un tipo de ejercicio mental diferente del que piden las modernas. La estructura sintáctica, mucho más suelta pero notablemente articulada, ofrece la posibilidad de desarrollar competencias lingüísticas diferentes de las que estimulan las lenguas modernas (“¿Por qué es importante estudiar latín en la escuela secundaria”, La Nación, 23 de julio de 2006). Lo mismo aplíquese al Griego.


Están también los trabajos de José Juan del Col SDB, por caso “¿Latín hoy?” (https://es.slideshare.net/brianboru/latn-hoy-jos-juan-del-col). O la filóloga española M. Dolores Jiménez López de la Universidad de Alcalá, quien en una espléndida nota analizó “¿Qué perdemos al abandonar el Griego y el Latín?” (https://thecon versation.com/que-perdemos-al-abandonar-el-griego-y-el-latin-150246). Podríamos citarse más testimonios de igual calibre y alcances.


La frase del epígrafe es de la Rapsodia XXIV de la Odisea, cuando finalmente Odiseo convence a Leartes de ser quien era. Toda una metáfora de lo que se puede obtener con un “bien cultivado huerto”, heredad en la que enraiza buena parte de nuestra identidad. En fin, es la Educación, herramienta imprescindible para encarar nuestra demasiado postergada palingenesia.


(1) El presente trabajo está basado en una disertación del autor, presidente de la Federación Argentina de Bachilleratos Humanistas Modernos y vicepresidente del Instituto de Humanidades de Salta, realizada en el Instituto San Felipe y Santiago de Estudios Históricos de Salta, con motivo de los 80 años de su creación y en homenaje a su fundador Monseñor Roberto J. Tavella, en octubre de 2017.