El país no tiene tradición de tercera vía

Por Claudio Chaves

Publicado en La Prensa el 19 de abril de 2021


Ciertamente, que no tenga tradición no significa que nunca vaya a ocurrir, sin embargo es conveniente echarle un ojo a la historia. Puede resultar de ayuda. Sabemos que la diosa Clio no admite recurrencias pero…siempre hay un pero. Sin embargo la cultura de un pueblo tiene una impronta decisiva a la hora de planificar acciones. También hay que considerar que el ballotage contribuye a la creación de dos espacios, tema que daría para otra nota.





El ballotage lo instauró por primera vez el Presidente Agustín Lanusse, para las elecciones de 1973, luego se sacó, para instalarse definitivamente, entre nosotros, con la reforma constitucional de 1994. Sin embargo desde el siglo XIX la tercera vía fue a menudo, una vía muerta, el desempate siempre fue entre dos fuerzas. El mitrismo y el roquismo fueron la síntesis y la culminación de un largo conflicto entre provincianos y porteños. Dos bandos. Hubo intentos menores como el Partido Republicano, o los Modernistas pero fracasaron como potencia política. Ya a comienzos del siglo XX volvemos a ver dos grandes espacios, que dirimieron entre ellos el poder político nacional. Radicales y conservadores. Antes de meternos en el tema corresponde señalar que hubo una tercera vía, el socialismo pero no movió el voltímetro político.

Hipólito Yrigoyen venía construyendo su partido desde 1892 en la Provincia de Buenos Aires. Recortado absolutamente de los antiguos radicales de 1890. Los vínculos con Leandro Alem y Bartolomé Mitre se habían cortado. Cuando el Presidente Roque Saenz Peña sancionó la Ley que lleva su nombre, luego de conversar secretamente con Hipólito, la figura de Yrigoyen creció exponencialmente. Antes de ganar las presidenciales de 1916 hubo dos elecciones provinciales con dicha Ley. En Santa Fe y en Córdoba. En la primera provincia se impusieron los radicales con la fórmula Menchaca-Caballero. Pero en la Provincia de Córdoba los radicales cayeron ante los conservadores conducidos por Ramón Cárcano, luego amigo de Perón.


En 1916 los conservadores no lograron una fórmula unívoca y consensuada, pues el candidato de este espacio, Lisandro de La Torre, se revistió de un liberalismo progre, herencia del viejo mitrismo, que a los conservadores herederos del PAN, roquista, les disgustaba. Lisandro revelaría de manera clara su progresismo en la década del 30. Así las cosas no logró conducir a la totalidad de los conservadores, como Marcelino Ugarte, gobernador de la provincia de Buenos Aires, y conservadores de Tucumán, Jujuy y Corrientes, entre otros. Lisandro enojado declaraba: ¨¿Que quieren los conservadores? Fácil es averiguarlo. Quieren la concentración alrededor de un candidato oficial que restaure los sistemas electorales del pasado al calor y quieren la dispersión de las fuerzas de opinión incorporadas al Partido Demócrata Progresista.¨ No era cierto. Frente al fracaso conservador muchos de ellos ingresaron al partido radical que se asomaba como una potencia electoral.


Las subsiguientes elecciones presentaron siempre las mismas características. En algunos casos los espacios políticos se sacaron chispas, como fueron las elecciones de 1928, cuando las acusaciones personales alcanzaron ribetes de escándalo. Un cartel de la UCR antipersonalista llamaba a no votar ladrones, donde había dibujada una enorme langosta. Así caracterizaban a la UCR personalista. Del mismo modo las elecciones de 1931. Dos bloques, el general Agustín P. Justo liderando un espacio, diríamos de derecha, donde confluían, conservadores, radicales antipersonalistas y un sector minoritario del socialismo. Este frente se denominaba Concordancia, que enfrentará a la Alianza Civil de Lisandro de la Torres y Nicolás Repetto. Dos bloques claramente recortados en el territorio de las ideas políticas. Quién definió luminosamente lo que estaba en juego en esta elección, fue el capitán Juan Perón que en carta al teniente Coronel José María Sarobe le escribía: ¨Ahora el general Justo es el candidato más seguro, la opinión sana del país, el elemento independiente, la banca, el comercio, la industria han movilizado sus fuerzas para ponerlas al servicio del país prestigiando al general para Presidente. El otro adversario está representado por la Alianza, unión un tanto aleatoria de socialistas rojos con los demócratas progresistas. Lisandro de la Torre cobijándose bajo la bandera roja de los Dickman, Repetto, no ha hecho otra cosa que agregar un desprestigio más a su ya tan zarandeada personalidad política. Está haciendo causa común con los anarquistas de la Casa del Pueblo.¨ Clarísimas y contundentes las definiciones del joven Perón.


Esquema que se repetiría en 1946 cuando el Coronel encabece una fórmula que enfrentará a la izquierda, puesto que eso era la Unión Democrática. (Comunismo, Democracia Progresista, Radicales)


Que las organizaciones patronales hayan apoyado a la Unión Democrática en esa elección no modifica el cuadrante político en el cual jugaban las fuerzas de entonces. El progresismo y la izquierda le han hecho creer a los políticos y a los cientistas sociales que solo la izquierda revoluciona socialmente a los postergados. Craso error conceptual. El general Roca, que naturalmente el progresismo no anota de su lado, fue el primero en plantear la justicia social en el País. Para decirlo claro, cortito y al pie, la justicia social en la Argentina la introdujo y la implementó la derecha popular.


En las siguientes elecciones y hasta nuestros días siempre fueron dos bloques, mucho más ahora que existe ballotage. En las elecciones de 1973 por cuestiones que no desarrollaré en esta nota, pues se haría muy extensa, Cámpora lucía un sesgo de izquierda progre, hasta que el general lo corrió del gobierno, retomando su antipatía natural al progresismo.


En las últimas elecciones, que están en general en la memoria de los lectores, las cosas no han sido muy diferentes. Razón por la cual no creo que cambien en un futuro cercano.