Entrevista a Aleksandr Dugin

Por Gonzalo Fiore Viani y Leandro Dario

Publicado por Perfil el 16 de enero del 2021


Aleksandr Dugin dice que ama al pueblo argentino, su cultura y sus tradiciones. “Argentina es como la Europa de los 50, una Europa mucho más simpática, más sana, y hermosa”, sostiene. Sus palabras resuenan desde Rusia, donde es uno de los principales especialistas en geopolítica y filosofía. Medios de comunicación occidentales lo calificaron como “el Rasputín de Vladimir Putin” o, incluso, “el filósofo más peligroso del mundo”. Dugin creó la Cuarta Teoría Política, que aboga por la creación de un frente antiglobalista para combatir contra el globalismo liberal.





Leer a Dugin ayuda a comprender cómo piensan en el Kremlin, en el Palacio del Planalto y en la Casa Blanca de Donald Trump. En diálogo con PERFIL, sostiene que el republicano volverá al poder en 2024. “No creo que Trump haya perdido de ninguna manera credibilidad dentro de los Estados Unidos. Será demonizado y perseguido, pero tiene todas las posibilidades de retornar a ser presidente”, asegura el ex profesor de la Universidad Estatal de Moscú.


¿Podría explicar qué es el globalismo y el anti globalismo y quién los representa en el mundo de hoy?


—El globalismo representa la visión del mundo esencialmente unipolar. En el nivel de la geopolítica, es la definición de Occidente sobre Oriente y otros países del Tercer Mundo. En el nivel de la ideología, el globalismo representa a la democracia liberal o al liberalismo de izquierda, que quiere liberar al individuo de todos los vínculos con la identidad colectiva. Es el individualismo absoluto que va más allá de la religión, las naciones, las etnias. Lo único que le queda a los globalistas de la izquierda es negar la identidad humana, defender las formas de vida de los individuos post humanos, la inteligencia artificial, los robots, cyborgs, etc. No es fantasía, es una realidad política e ideológica de la globalización, que es la promoción del estatus absoluto y dominante del individuo liberado de todos los vínculos con la identidad colectiva. El globalismo es la ideología y proceso en desarrollo, no es algo estático, sino que es dinámico. Políticamente es la organización del mundo sobre el modelo unipolar. Pero este polo no es más occidental, americano, o europeo. Es el polo sin ninguna relación con el suelo, con la tierra. Por eso es unipolaridad apolar, sin polo. Antiglobalización es todo lo que está en contra: multipolaridad, pluralidad de las estructuras económicas, culturales, sociales. No es liberalismo, pero tampoco comunismo ni fascismo, que no existen más en el mundo de hoy. No es una ideología establecida, sino que es una forma opuesta a la globalización. La cuestión más importante es estar a favor de la globalización y el “great reset” o estar a favor del “gran despertar”. Así se formulan dos opciones más importantes que afectan la naturaleza misma del hombre, que separan la humanidad en dos partes. Este conflicto que hoy observamos en los EE.UU. no es un conflicto americano, sino universal. Lo mismo sucede en Rusia, China, Irán, Turquía, Argentina, en los países europeos e islámicos. En todas partes está la red de los globalistas que pertenecen a la élite y también están los pueblos que son llamados peyorativamente populistas. Este problema será resuelto durante el curso de este Siglo. Ser de derecha o de izquierda hoy no significa casi nada. Es mucho más importante estar a favor del globalismo o en contra; al lado del pueblo o al lado de la élite globalista y las redes financieras y tecnológicas dominantes.


Trump fue muy criticado por instigar el ataque al Capitolio y desacreditar las elecciones. ¿Cree usted que puede volver en 2024 y que el Partido Republicano se ha transformado en un partido populista?


—Creo que con Trump el Partido Republicano ya está transformado en algo más. En los años 80, con Reagan, era otra forma de liberalismo, como el Partido Demócrata. Existía un sistema con una geopolítica común, una síntesis entre los demócratas y los republicanos. Trump ha destruido todo eso porque ha retornado al republicanismo original, aislacionista, a la visión previa a Woodrow Wilson. Durante esta campaña electoral los demócratas se han radicalizado mucho. Hoy representan la forma del totalitarismo liberal que censura medios, corta acceso al Twitter. Trump no perderá inmediatamente todo el apoyo. La mitad de la población de EE.UU. cree que las elecciones fueron robadas. Trump ha liberado esta resistencia, este comienzo del “great awakening”, el gran despertar. Ha abierto las puertas a la creación del nuevo polo en los EE.UU, a la resistencia a las élites globalistas. Será demonizado y perseguido, pero creo que tiene todas las posibilidades de retornar a ser presidente si América continúa existiendo. Porque es muy probable que los Estados Unidos dejen de existir. Esta separación entre dos polos de la sociedad americana es tan fuerte y tan profunda que nada asegura que exista en cuatro años.


¿Cómo puede desintegrarse EE.UU, cree que habrá una especie de guerra civil?


—Es muy probable una guerra civil en los EE.UU, pero no es seguro. Podría ser que el país dure aún más. He vivido en la Unión Soviética y he visto desde dentro el momento de su fin. En los EE.UU de hoy hay muchas más razones y condiciones para su destrucción total que en el caso de la Unión Soviética. Los demócratas radicalizan más y más sus posiciones. Demonizan a todos los que son contrarios llamándolos fascistas o nazis, no quieren aceptar ninguna oposición a sus posiciones Creo que eso acelerará más el fin de los EE.UU.


John Mearsheimer, profesor de la Universidad de Chicago, sostiene que si China se vuelve muy poderosa, Rusia se acercará a EE.UU. ¿Usted cómo analiza esa relación triangular?


—Los chinos y los iraníes piensan que con Biden sus relaciones con EE.UU mejorarán y las de EE.UU y Rusia empeorarán. Pero esta expectativa, esta esperanza, es totalmente infundada. Es naive. Las relaciones entre EE.UU. y Rusia con Trump eran muy malas. No tuvimos ninguna mejora después de Obama. Biden no tiene ningún espacio, ninguna dimensión para hacer aún peor esta relación. Todos los instrumentos de presión contra Rusia ya están utilizados. Lo único que queda es empezar la guerra atómica contra Rusia, pero la Rusia de Putin está preparada, está lista para eso. Putin se concentra sobre la defensa y la seguridad. Con China y con Irán creo que en algunos meses también estará claro que no es posible ninguna mejora de las relaciones. Biden no puede perder a Israel, no puede acercarse demasiado a los iraníes. Y no puede aceptar el desarrollo espectacular de la China de Xi Jinping. China utiliza todos los aspectos que la benefician en comercio exterior, utilizando el liberalismo, pero siempre para sus propósitos e intereses. Biden no puede aceptar esto, no puede dejar que China continúe fortaleciéndose. Y creo que Rusia estará con Irán, China, Turquía y todos los antiglobalistas. Biden estará más y más aislado en el mundo, como Trump. Trump ha declarado la revolución en las relaciones internacionales pero no ha podido hacer casi nada. Biden tampoco podrá.


En este contexto global, ¿cuál es el rol de Rusia?


—En Rusia hay globalistas. Las élites tecnológicas, oligarcas, los representantes de las élites económicas, sobre todo administrativas, forman parte de estas redes globalistas. Están a favor de Biden, de los demócratas, los tecnócratas y los liberales de izquierda. Pero la sociedad con Putin forma el polo antiglobalista. Putin reacciona contra las presiones globalistas, contra la demonización de Rusia y de sí mismo. Es un antiglobalista reaccionario, no quiere ni puede aceptar estas demandas de los globalistas de Occidente. Para él la soberanía es el valor más importante y esto no es compatible con la globalización. Por eso es un antiglobalista por obligación. La población rusa es muy conservadora, muy soberanista y muy patriótica. Por eso apoya a Putin. Rusia debería jugar un papel importantísimo en la situación actual, ideológicamente, culturalmente, políticamente, militarmente, tenemos todos los elementos necesarios para ser los lideres de esa lucha antiglobalista, apoyando también a China, al mundo islámico, a la lucha para la independencia de América Latina y el África.


¿Quién integra el antiglobalismo en América Latina?

—América latina siempre fue más antiglobalista que globalista. Hay muchas variedades de los antiglobalismos, no hay uno solo. Hay de izquierda, tradicional, socialistas, guevaristas, de la Teología de la Liberación, catolicismo progresista. La derecha tradicionalmente era liberal y pro globalista. Hoy la situación cambia. Una parte de la izquierda antiglobalista se transforma en la izquierda liberal globalista y una parte de la derecha, la tradicionalista, los identitarios de América latina, se transforma en antiglobalistas. Por eso, el paisaje político ideológico de América Latina cambia. Creo que debe aparecer un frente común entre la izquierda y derecha antiglobalista. Porque el globalismo es de izquierda y de derecha. Y el antiglobalismo lógicamente también tiene que ser de izquierda y de derecha. En Argentina las ideas del General Juan Domingo Perón son más adecuadas para servir de base. La Tercera Posición obtiene de nuevo su razón, su sentido, su profundidad. Este peronismo puede ser de derecha o de izquierda, pero también es antiglobalista. Perón quería unificar a América Latina contra los Estados Unidos para afirmar identidad con justicia social, que es el valor de la izquierda, y la tradición, que es el valor de la derecha. Pero no es suficiente. Hay que ir más allá. Por eso he subrayado la Cuarta Teoría Política, que es antiliberal, pero tampoco es comunista o fascista. Es una posición crítica a la política moderna, colonial, modernista y hegemónica. Es una forma de retorno a todas las identidades para luchar contra el universalismo unificador y el individualismo liberal. Por eso creo que América Latina podría encontrar esta posición ideológica general en la Cuarta Teoría Política, con el peronismo, con algunas tradiciones de izquierda. Hay que superar también cierto materialismo, cierto cientificismo, ateísmo, y progresismo de la izquierda, para llegar a una creación nueva de la posición antiglobalista, que podría unir a la gente de izquierda sin dogmatismos, y la de derecha sin nacionalismo, racismo ni capitalismo.