Entrevista a Roberto Bosca










ENTREVISTADOR: Roberto, te hago una pregunta muy general: ¿desde dónde partirías para explicar la situación de la Iglesia en el siglo XX? Y ¿en qué situación se encuentra hoy?

ROBERTO BOSCA: Mi ámbito de investigación en realidad es religión y política en general. Y bueno, hablando de ese tema, en la Argentina no se puede dejar de mencionar, obviamente la Iglesia Católica. Y entonces sí me ocupé en distintos momentos de estudiar esa relación desde el punto de vista también histórico. Y me parece que es interesante situarse en ese contexto para comprender mejor la realidad… Estamos a comienzos del siglo XX, venimos de una iglesia, podríamos decir “asediada”. En la segunda mitad del siglo XIX hubo un gran despliegue y un énfasis del laicismo muy fuerte, sobre todo en la década del 80

E: Con Roca…

RB: Y en ese momento se produce lo que el padre Cayetano Bruno -eximio historiador de la Iglesia- ha llamado como la “década laicista”, porque fueron aprobadas un paquete de leyes que procuraron arrinconar a la Iglesia en el ámbito de la conciencia individual, despojándola de toda influencia social. La Iglesia ya había venido, por así decir, en condiciones precarias, porque después de la Revolución de Mayo se produce un período denominado “la Iglesia argentina incomunicada con Roma”. O sea, al cesar el régimen del Patronato, que era la intervención de España en la designación de obispos, se produce un hueco, un vacío. Y bueno, los obispos no pueden ser designados. La Argentina se queda sin jerarquía eclesiástica. Los sacerdotes también disminuyen, por supuesto. Y podemos decir que había una situación de cierta ausencia de la Iglesia en la vida social. Yendo al punto concreto en los últimos años del siglo XIX se produce esta ofensiva. Y ahí surge un interesante grupo de laicos católicos, que salen a defender a la Iglesia. Podemos mencionar….

E: A Estrada, por ejemplo.

RB: Así es, Estrada era el más importante de todos ellos. Pero también estaban Pedro Goyena, Emilio Lamarca, José Navarro Viola, entre otros. No son muchos, pero sí eran grandes personalidades intelectuales, que libraron lo que se podría denominar en términos actuales, una batalla cultural, constituyendo la controversia de los años 80. Hay un libro de historiador Néstor Tomás Auza, que recomiendo y es uno de los que más ha investigado este tema, que se llama precisamente “Católicos y liberales en la generación del 80”.

E: Un gran académico. Presentó un libro mío sobre las invasiones inglesas y la Revolución de Mayo. Lamentablemente falleció en 2013.

RB: Auza realizó el mejor tratamiento en ese libro ya mencionado y que se ha reeditado hace unos años. ¿En qué consistía ese laicismo? En quitar a la Iglesia esa presencia en la vida social. Por ejemplo, la ley de Matrimonio Civil fue resultado de esta controversia. Otros ejemplos: la Ley de Secularización de Cementerios, la Ley de Registro Civil, y la Ley de Educación Laica 1.420 del año 1884. En realidad, los católicos en ese momento veían al laicismo como algo terrible. Y yo creo que no era tan terrible. Mi opinión es que no era para tanto, porque en realidad está bien que en un país se deba respetar la autonomía de lo secular, de la política. Bueno, así por ejemplo, no tiene por qué la Iglesia llevar un registro de los muertos y todo ese tipo de cosas que más bien son de tipo administrativo y que en todo caso podrían distraer a la Iglesia de su verdadera función.

E: Respecto de la ley mil 1.420 ¿no se generó una confusión? ¿No sucedió que se retiraba la religión de la currícula pero todos los querían hacerlo podían cursarla fuera de hora? ¿Fue así?

RB: Sí, un gran equívoco hubo. Muchos historiadores han dicho que “se expulsó la religión de las escuelas”, pero no fue así, porque no es que se la prohibió, sino que que debía darse fuera de las horas de clases. No es lo mismo puesto que retirar es otra cosa. Pero de todos modos no fue tan terrible la cosa. La ley 1.420 para mí tiene un gran valor y soy un gran defensor de ella, sobre todo por lo que produjo de bien: la educación del pueblo. Es decir, visto con ojos históricos, con la perspectiva del pasado, fue muy valiosa porque si no el pueblo quedaba al margen, convirtiéndose la educación en un privilegio para un grupo de pocas personas con mucho dinero, mientras que el pueblo estaba, digamos, en un analfabetismo total.

E: Así como lo plantea la ley 1.420 en 1884, la enseñanza se vuelve obligatoria y por tanto el Estado tiene que salir a construir escuelas. Ahora bien, en los mismos años se está dando el mismo debate en Inglaterra y hay un grupo de políticos allí que se niega a que el Estado construya escuelas. De modo que entonces queda la pregunta: ¿Cómo hacemos para educar al pueblo?

RB: Entonces hay que reconocer eso. Digo esto porque en los ambientes católicos del siglo XX, la ley 1.420 era mala palabra. Por ejemplo, mi madre que era educadora, era docente y ni se le podía hablar de la ley 4:20 porque le parecía lo peor.

Por eso mismo que te cuento es que me alegró enormemente ver cierto elogio que hizo el Papa Juan Pablo II -sin mencionar directamente a la 1.420- pero era evidente que a ella hacía referencia cuando hablaba de la educación pública argentina. Porque hablar de la educación pública en la Argentina es hablar de la ley 1.420. Y el Papa hizo un elogio – que pude escuchar personalmente porque asistí a una reunión que hizo momentos antes de volver a Roma en el Teatro Colón, sino me equivoco, donde reunió a un grupo numeroso de intelectuales argentinos- .Y para mí lo más lindo que escuché en ese momento fue ese elogio a la educación pública argentina. Precisamente por eso que decía anteriormente.

E: Salimos de ese conflicto y entramos en el siglo XX. Me parece que la cara de la Iglesia cambia ¿No? O sea, el discurso y la actitud, porque aparecen otros sacerdotes muy influyentes.

RB: Sí. Ahí aparece algo que es muy importante en ese momento, en 1891, que es la encíclica Rerum Novarum de León XIII. Se trata de un documento liminar en la historia de la Iglesia porque inaugura la formulación moderna de la doctrina social de la Iglesia, es decir, inaugura un cuerpo doctrinal, un corpus de documentos, generalmente encíclicas, que constituyen todo un planteo de una visión cristiana sobre la realidad social. Entonces esa encíclica tuvo una enorme importancia en todo el mundo y también tuvo su impacto en la Argentina.

E: Roberto, entiendo que la Iglesia a través de la Rerum Novarum intenta dar una respuesta hacia los sectores humildes en función de que sobre ellos avanzaban ideológicamente corrientes de opinión, fundamentalmente anticlericales, como el socialismo, el anarquismo, y el marxismo? ¿Es así?

RB: Así es. Yo no soy tan viejo y recuerdo a un hoy cuando era muy, muy niño esa idea de que “viene el comunismo y va a ser algo terrible...” O sea, fíjate qué importante habrá sido que perduró, digamos, hasta bien entrado el siglo XX. ¿No? Es más, yo creo que esa idea de temor al comunismo –de suyo legítima- se transformó en un fantasma. Porque de alguna manera fue agitada como para asustar a la gente también. Ya entramos en otro tema, y es éste: cómo fue utilizada por grupos políticos para la toma del poder. Me refiero sobre todo al golpismo militar del siglo XX, que fue tan real, tan fuerte en la Argentina.

E: Volviendo a estos sacerdotes, porque me parece que ahí tenemos a Grote…

RB: Federico Grote. Un redentorista alemán nacido a mediados del siglo XIX, que fue enviado por su congregación primero a Ecuador, y después de un viaje bastante azaroso -no como ahora que uno se toma un avión y llega en dos horas- sino que tuvo que venir de Ecuador hasta Buenos Aires, y allí comenzó una labor de orden social muy importante.

E: Y lo continúa Monseñor De Andrea, ¿una figura central… verdad?

RB: Sí, unos años después. Yo diría casi que fue una figura central de esos años en la Iglesia Católica del siglo XX. Un hombre muy controversial, como todos los hombres que hicieron cosas importantes y que trajeron un cambio en la sociedad. Pero si, Monseñor De Andrea tuvo, digamos, una actuación pública en el catolicismo del siglo XX, que me parece fundamental. Primero por su labor social, pero también por su amor a la libertad. Es más, algunos lo han calificado como “el obispo de la libertad”. De eso se puede hablar bastante. Porque en la Iglesia Argentina, en el siglo XX los católicos -y esto me parece muy controversial, pero es lo que pienso y es lo que digo- había una conducta autoritaria a consecuencia de una mentalidad muy autoritaria. Y esto en gran parte del siglo XX.

E: ¿Y uno de ellos no era Franceschi? ¿No era una de las caras visibles de lo que estás diciendo? Y quizás no era el peor…

RB: Por supuesto. Claro. Pero también hago una crítica a la corriente historiográfica que lo pone a Franceschi como un autoritario. Pero en realidad –vos lo sabés Claudio- la vida de las personas no es una foto. Entonces es muy frecuente poner la foto y después reducir la vida de esa persona a la foto, cuando hay que ver toda la película. Y Franceschi desde luego tuvo simpatías, como gran parte del catolicismo, no solamente argentino, sino mundial, por el bando nacional en la guerra civil española. ¿Por qué? Bueno, porque era el bando de los católicos contra los enemigos de la fe, que querían destruirla

E: Claro, porque los republicanos quemaban iglesias, mataban sacerdotes…

RB: Entonces ¿qué querrían que fuera Franceschi? También tuvo distintos momentos históricos. Él fue director de la revista Criterio desde los comienzos hasta que falleció. Una revista que hay que mencionarla porque me parece que ha sido la más importante revista del catolicismo argentino del siglo XX, que curiosamente subsiste aún. O sea que generalmente las revistas culturales, como era Criterio, suelen tener una duración muy limitada. En el caso de Franceschi es muy interesante dado que él hacía los editoriales, con lo cual se puede ver todo su pensamiento. Escribía cosas que los obispos pensaban, siendo una suerte de “traductor” del pensamiento episcopal. Pero al mismo tiempo los obispos tomaban cosas de él, y se producía un común flujo muy interesante, de modo que por este motivo Franceschi era una especie de mentor intelectual en materia religiosa para los católicos argentinos.

E: Roberto, partimos de Grote, y después hablamos de Monseñor de Andrea, quien tuvo una gran preocupación por el tema del hombre y el trabajo. ¿Él no creó varias organizaciones sociales católicas?

RB: Sí. De hecho, y no se lo menciona, fue un adelantado para su época. Y lo digo especialmente por el cuidado que le otorgó a la promoción de la mujer.

E: Un adelantado por lo que hizo con las empleadas ¿no?

RB: Exacto. Por ejemplo, creó la FACE (Federación de Asociaciones Católicas de Empleadas). Pero no solamente eso, sino muchas otras organizaciones de protección social de las mujeres. Parecería que el género, digamos, empezó ahora y trajo todo el bien para la mujer. Pero la verdad es que hay que mirar las cosas anteriores y Monseñor De Andrea es impresionante lo que ha hecho y debe reconocérsele toda esa meritoria labor social.

E: Ya estamos entrando en la década del 40 y en la República Argentina, suceden algunas sorpresas y novedades tanto en la política como –incluso- en la Iglesia. Porque en la política argentina irrumpe un nuevo movimiento que es el peronismo. En este contexto: ¿qué actitud tiene la Iglesia frente al peronismo?

Bueno, primero hay que ver lo que pasó un poquito antes del peronismo. Esa corriente que yo decía, al principio, que estaba dotada de un fuerte autoritarismo, y que estaba de moda era el nacionalismo: los nacionalismos autoritarios en Europa y también en la Argentina porque todo lo que pasa en Europa llega aquí, aunque tardíamente, pero llega. Entonces podemos ver que se produjo un desarrollo de ese nacionalismo católico que es, en mi opinión, una ideología de la fe. Una ideología de la fe, porque construye, precisamente a partir de una idea, de una creencia religiosa. Primero en la revolución del 30 y después en la revolución del 43, emerge esa presencia de católicos en el poder con ideas que no eran exactamente totalitarias. Aunque también hay que decir que hubo católicos nacionalsocialistas. Yo mismo los he conocido. Recuerdo que José María Castiñeira de Dios, importante poeta argentino, simpatizaba con el régimen de Oliveira Salazar, de Portugal. Y no con un régimen fascista estrictamente hablando. Él tenía en ese momento veinte años.

E: En tal caso, no con un régimen nazi, hasta incluso, digamos, como el de Mussolini, al cual le podían entender algunas cosas. Pero con Hitler era más difícil por el ateísmo y el paganismo del nacionalsocialismo.

RB: Sí, claro, así es. Por eso es que resulta un poco difícil ver cómo había admiradores de Hitler entre los católicos también. Lo podías llegar a comprender por el lado de que admiraban la potencia militar, las capacidades de gobierno, todo ese tipo de cosas que en su momento representó Hitler y el nacionalsocialismo alemán.

E: Con lo que decís me viene a la mente Raymond Aron, aquel gran liberal que en sus Memorias decía que en la década del 30, cuando era joven y veía cómo marchaba la economía y la sociedad alemana, hasta él mismo pensaba que esto (Tercer Reich) podía ser beneficioso para su país…

RB: Para que no se escandalice nadie: en los ambientes no nacionalistas, digamos más bien conservadores habían grandes admiradores de la Alemania nacionalsocialista y de la Italia fascista, y de Mussolini en particular. O sea, muchos conservadores admiraban y sobretodo tenían una valoración positiva. ¿Por qué? Porque los valoraban como una barrera contra el comunismo. El comunismo era el gran cuco, como dije hace un rato, el gran fantasma del siglo XX. Y entonces creo que eso también explica a Churchill, por ejemplo, o también el caso de Raymond Aron, que poseían una misma sensibilidad en su momento. Y eso fue parte de la realidad histórica.

Aquí es necesario hacer una aclaración para evitar confusiones frecuentes. Se suele confundir el germanismo, o sea, la atracción por Alemania, o incluso por el prusianismo. Y otra cosa distinta es el nazismo.

E: Totalmente.

RB: Pero no son la misma cosa. Y eso puede llevar a grandes injusticias. Por ejemplo, menciono un caso mucho mayor como el de Pío XII. Era un gran admirador de la cultura alemana, así como Pablo VI era un gran admirador de la cultura gala ya que admiraba a los escritores franceses, como Maritain por ejemplo. Que junto con Jean Guitton tuvo su impacto en la Argentina. Pablo VI hablaba de Jackes Maritain como “mi maestro”, y el Cardenal Eugenio Pacelli sentía admiración por la cultura alemana, lo cual era sumamente legítimo. Eso ha suscitado un injusto equívoco al acusarlos de simpatizante del nazismo. Es increíble, pero se dan esas transposiciones históricas que son de una enorme injusticia.

E: Eso que estás diciendo vos se generalizó también al Ejército Argentino

RB: Exactamente.

E: Cuando el Ejército sólo privilegiaba el uniforme alemán. Pareciera ser que todos los oficiales del ejército eran nazis…

RB: Porque son modas. En un momento, cuando Perón estudió en el Colegio Militar y después los cursos de oficial, pudo verse la influencia que tenían los teóricos alemanes en el arte militar, que no es el nazismo. Sin embargo, todas estas personas ejercieron una enorme influencia en el ejército durante muchos años. Y bueno, era algo natural, por gravitación intelectual, ¿no es cierto? Entonces era normal que los militares fuesen admiradores de Alemania, lo cual no significa que fueran nazis, ni mucho menos. Pero efectivamente, sí hay que decirlo, en la década del 40, hubo una gran influencia nazi también en la Argentina. De hecho, me sorprendió mucho cuando descubrí una foto de un acto en el Luna Park.

E: Hay una filmación de ese acto en el Archivo General de la Nación.

RB: Exactamente. Esos eran todos argentinos, no eran alemanes. No era una foto de una película en Berlín. Era en Buenos Aires.

Sin embargo, y una vez más, hago una puntualización para tratar de no incurrir en simplificaciones: el régimen nazi no fue desde el principio lo que todos después vimos que era. Entonces es lógico que en un año, por ejemplo, 33, 34, 35, 36 hasta el 38, 39, 40, que muchos alemanes se sintieran atraídos por su gobierno, que era el gobierno de su país. Imaginemos que todavía no se conocían los horrores que se revelaron después.

E: Después de todo esto, que estás diciendo, la cabeza me lleva para otro lado. Hay un gran debate en la historiografía alemana, que viene desde lejos, en donde muchos de los historiadores alemanes -incluso hay un debate que hoy continúa- se preguntan si el voto por Hitler en el año 33 y después en el 37 fue un voto -como decía Ingmar Berman, el director de cine que hizo la película El huevo de la serpiente- de gente resentida, que era el odio y la bronca lo que los impulsó a votar por Hitler. Y sin embargo, hay otra corriente historiográfica que dice que no, que no fue el resentimiento sino más bien un voto esperanzador por lo que Hitler proponía. De hecho, en los primeros años eleva a Alemania como potencia económica. El desastre viene después…

RB: Es así. Representaba, por lo tanto, la esperanza de un futuro mejor para la patria. No olvidemos que las ideas nacionalistas tenían una enorme fuerza y crecimiento.

Más de una vez he pensado, por ejemplo en mi padre, que ya falleció hace muchos años, y me acuerdo cómo me contaba que él era amigo de un alemán que había llegado a la Argentina y que tenía ideas nacionalsocialistas. Yo pienso que ese muchacho joven, quizás, no tenía mucha idea de lo en realidad era el nazismo y veía una corriente en su país, que llevaba Alemania hacia un destino mejor. Y es lógico que le suscitará alguna simpatía y una adhesión política a la distancia.

E: Ahora, para ir cerrando un poco… En realidad la Iglesia no lo apoya a Perón por estas cosas sino más bien por lo que él plantea en el año 46, ¿verdad?

RB: Bueno, sí, efectivamente. Entonces entramos en el peronismo. Llega el momento donde irrumpe Perón en la vida pública y se produce en la campaña política del 45-46 donde se presenta, de alguna manera, suscitando una adhesión de los católicos, que vieron en él lo que yo llamo el “príncipe cristiano”.

E: Mirá vos..

RB: Es decir, entre los católicos durante muchos años hubo – no solamente en la Argentina- la idea de que llegara un príncipe cristiano a poner orden y a gobernar de acuerdo a la ley de Dios. Una idea muy legítima para los grandes creyentes. Y vieron en Perón eso la idea del príncipe cristiano, de alguien que concretara esos ideales cristianos en la vida social, que se habían planteado en los años anteriores y que por las corrientes laicistas, no se habían podido concretar.

Interesante esto que decís… Pero ¿qué pasó? ¿Qué le ocurrió a este nuevo príncipe cristiano que aparecía? ¿Por qué es que la Iglesia termina graves conflictos con Perón?

RB: Claudio no pretenderás que en un minuto te explique algo que ha llevado libros y libros y todavía hay gente aún sigue sin explicar por qué pasó lo que pasó. Yo puedo decirte en un minuto mi tesis doctoral, pero eso es una opinión mía. De una manera muy sucinta y simplificada mi interpretación sobre el conflicto es básicamente que Perón intentó hacer una reinterpretación justicialista del cristianismo. No sé si me explico. Es decir, de alguna manera él dijo: “Bueno, el cristianismo es algo distinto a lo que estoy viviendo yo, de lo están haciendo los obispos”. Y pretendió imponer, por ejemplo, en un acto muy difundido en su momento a monseñor De Carlo, obispo de Chaco. Sostenía que el verdadero cristianismo es el peronismo. No lo dijo con estas mismas palabras, aunque, algunos peronistas sí lo afirmaron. Pero en realidad lo que venía a querer decir esta corriente del peronismo, es que el cristianismo y la Iglesia Católica debía despojarse de algunas incrustaciones históricas, por así decir, y depurarse o purificarse en procura de una mejor intelección del mensaje cristiano. Entonces eso cayó muy mal en el Episcopado porque era un cuestionamiento a la Conferencia Episcopal -que no existía como tal, sino que era la jerarquía eclesiástica con los obispos a la cabeza-. Bueno, pasado el tiempo, la verdad es que tengo que hacer una revisión y reconocer que muchas de estas cosas que decía Perón en realidad eran ciertas. Tenía razón en el sentido que él se adelantó a algo que vino mucho después, por ejemplo, por mencionar uno, en el hecho de que tenía que haber una Iglesia más democrática, más plebeya, si se me permiten esas palabras. O sea, menos jerárquica. Y sobre todo por la opción preferencial por los pobres. Lo cual es una característica muy marcada del peronismo.

E: Entonces ¿vos decís que el peronismo, en ese sentido, se adelantó al Concilio Vaticano II?

RB: Exactamente. Adelantó cosas que vinieron después. Aunque parezca raro he llegado a esa conclusión. No tengo más remedio que ser honesto y decirte la verdad. O sea… No es que diga que Perón tenía razón, no me parece bien que un gobernante se aboque a indicarle a los obispos lo que tienen que hacer, y además pretenda reinterpretar el mensaje cristiano, de acuerdo a sus propias ideas. Eso no me parece nada bien, por supuesto.

Lo que ocurrió, creo, es que Perón planteó cuestiones que no estaban del todo maduras en la Iglesia Argentina y por lo tanto produjeron un rechazo entre los católicos, que dieron como resultado el conflicto que como un martillo detonó con el golpe del 55.

E: Además, Perón se manejó muy mal con la Iglesia, brutalmente con ella…

RB: Fue incomprensible, porque fue una situación de tensión muy delicada. Y esto produjo un grave conflicto de conciencia en muchos católicos. Por cierto, no te olvides que gran parte del peronismo eran católicos prácticamente. Y los intelectuales peronistas mucho más todavía. Es decir, que el peronismo se nutrió en el segmento intelectual de nacionalistas católicos. ¡Ni que hablar del Ejército! Recuerdo, por ejemplo, el grave conflicto de conciencia que tenía en su momento José Luis de Imaz, que me lo contó y lo escribió también, o el general Videla Balaguer, que era un general católico y peronista pero al ver la quema de las iglesias y volviendo a Córdoba, sufrió una suerte de crisis y se pasó a la conspiración. . Lo cierto es que fue muy grave para muchas personas creyentes.

E: Un historiador decía que el conflicto se dio porque “el peronismo quería peronizar al cristianismo y el cristianismo quería cristianizar al peronismo”.

RB: Exactamente eso. Esa es una frase muy lograda. Es lo que yo dije también en el sentido de que el cristianismo, o sea la Iglesia Católica Argentina en ese momento, tenía un concepto también integral de la evangelización. Y también otro de los elementos que me parecen importantes fue la gran dosis de clericalismo. Es decir, la influencia de lo religioso en lo político. En otras palabras, es la instrumentación de lo político con fines religiosos.

E: Perón de alguna manera se adelantó, por ejemplo con el tema de la doctrina social de la Iglesia, que la Iglesia lo plantea a partir del Concilio Vaticano II. Ahora: ¿hay un viraje de la Iglesia Católica, que participó activamente del 55, un replanteo antes del Concilio Vaticano II? ¿O la Iglesia Argentina debió esperar el Concilio para a rever su postura? Te lo estoy diciendo respecto de ciertos sacerdotes que, por ejemplo, te nombro dos como el Padre Mugica o Monseñor Angelelli, que en Córdoba organizó una movilización en contra de Perón en el 55. La pregunta es ¿si este viraje se produce antes del Concilio Vaticano II, o hay que esperar a que la Iglesia lo plantee a partir del Papa de Juan XXIII?

RB: Bueno, hay que hacer algunas precisiones. Por ejemplo, una cosa fueron los fieles católicos en el conflicto y otra cosa fueron los obispos o la jerarquía episcopal argentina, que no es lo mismo. La actitud de los dos y desde qué lugar. Otro actor también fue la Santa Sede. Por lo tanto tenemos tres cosas distintas.

Entonces al hablar de Iglesia tenemos que ver de qué y de quién estamos hablando. Pero lo que sí puedo decir es que a mí me parece evidente que la Iglesia sufrió un grave trauma con el conflicto.

Si bien podemos afirmar que la Iglesia ganó en el sentido de que esa persecución iniciada contra los católicos fue terminada, no quedó muy bien. Fue muy traumático. Quedó muy lastimada porque muchos católicos se dieron cuenta –muchos curas- que eso había alejado a la gente humilde de la Iglesia. O sea que había gente que no podía a lo mejor distinguir entre sus ideas políticas y religiosas. No entendían por qué la Iglesia podía estar en contra de quiénes habían hecho mucho bien. Entonces, se generó un problema muy complejo de resolver.

E: Este giro a mucha velocidad ¿produjo que muchos sacerdotes pasaran de largo la estación del peronismo y llegaran a extremos lindantes con el marxismo y con la izquierda?

RB: Ya estamos en la década del 60 y estamos ante una revolución en todo el mundo, no solamente en la Argentina.

E: ¿Es en el Concilio Vaticano II donde se produce ese cambio en la Iglesia?

RB: Sí. En mi opinión, en la Argentina, fue muy conflictivo ese cambio por parte de ambos protagonistas. Por un lado, por quienes querían aplicar el Concilio a mayor velocidad por el otro quienes se oponían o no entendían lo que quería el Concilio, incluyendo obispos que no comprendieron el Concilio e interpretaron ese afán de cambio como algo ilegítimo que debía ser terminado abruptamente. Yo creo que eso produjo esa mutua incomprensión de la realidad provocando situaciones muy lamentables de enfrentamiento entre fieles cristianos.

E: Como consecuencia del Concilio Vaticano II los obispos latinoamericanos se organizaron en Medellín.

RB: Sí, en el año 1968.

E: ¿Los documentos de Medellín han tenido –según tu manera de ver- alguna relación con la violencia en la que un sector de la Iglesia se involucró?

RB: Una cosa es Medellín y otra cosa son la interpretaciones sobre Medellín. Son dos cosas distintas. Hubo clérigos y teólogos que hicieron decir a Medellín cosas que Medellín no había planteado. Eso me parece que es importante tenerlo en cuenta. Pasa mucho en la historia, con grandes personalidades que han dicho cosas y después han venido sus discípulos y han estiraron o forzado el mensaje original. No se le puede echar la culpa al origen, puede que haya alguna responsabilidad concreta y puntual en algún caso pero es la excepción y no la regla. Y me parece que no es el caso de los obispos latinoamericanos. Ellos plantearon algo que me parece evidente y que aún hoy subsiste, y que es que América Latina, el continente quizá más católico es el de mayor inequidad social. Eso es un verdadero escándalo para una conciencia cristiana. Y entonces la Iglesia en ese momento se planteó que debía haber un sentimiento de justicia más acentuado en los fieles cristianos para evitar precisamente que ocurrieran, tamañas e inequidades. Bueno, a eso se le puede sumar, digamos, una corriente, la Teología de Liberación que fue influida por el marxismo, que complicó mucho más las cosas, más una temporalización de la fe, que se produjo en muchos clérigos también que se pusieron a organizar situaciones sociales en vez de predicar el mensaje evangélico.

E: ¿Cómo es eso de organizar?

RB: Un cura no fue hecho sacerdote para organizar cooperativas o bolsas de trabajo. Cosas que están muy bien que las hagan los cristianos. Bueno, toda la obra de Monseñor De Andrea o del padre Franco Grote, se ocupaba de eso. Para explicarlo más rápidamente puedo poner un ejemplo de un cuento de esos años en donde un obispo que llama a un cacique indio –de las zonas de Ecuador o Centroamérica- y le pregunta por qué razón todos los indios se iban con los protestantes. Y entonces el cacique le dijo: “mire, lo que pasa es que ustedes nos hablan de las cooperativas y los protestantes nos hablan de Dios”. Entonces, esos indios estaban buscando algo más alto que organizar una cooperativa social. Y eso tiene algo que ver con lo que pasó.

E: Y claramente eso despistó a la Iglesia…

RB: Sí. Otro elemento fue la Guerra Fría. El contexto internacional ayudó al problema, el enfrentamiento entre Rusia y Estados Unidos que tuvo a América Latina como un territorio de ese enfrentamiento.

E: La iglesia quedó entrampada en este movimiento revolucionario…¿cómo salió?

RB: Bueno, yo creo que hubo una reflexión sobre lo actuado, como dicen los jueces. Hubo una toma de conciencia de las cosas que se hicieron mal. Y mirar para el futuro. Yo creo que que esa es una actitud que siempre ha tenido la Iglesia.

E: ¿Bergoglio ha tenido algo que ver con este giro?

RB: Sí, sí, ha tenido mucho que ver, por supuesto. Yo creo que Bergoglio, el Papa Francisco plantea todo un camino hacia el futuro, que todavía no está siendo bien comprendido. Ah, pero eso será tema de otro programa.

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