Era apenas una adolescente

Si tenía trece o quince años, sinceramente, no tiene importancia; porque de todos modos era una niña cuando se fue de Junín rumbo a Buenos Aires, en pos de una quimera.





Había nacido a pocos kilómetros de Los Toldos, en el medio de una zona rural, el siete de mayo de 1919. Era la quinta hija de Juana Ibarguren y un hombre que no era su marido. El parto fue rápido; como veloz y vertiginosa fue la vida de la recién nacida: Eva. Evita para las multitudes.


Al poco tiempo y cuando Juan Duarte, padre de los cinco niños, falleció; Juana al quedar sin sostén económico marchó a Junín. Allí los chiquilines crecieron y estudiaron. En la escuela y desde los primeros grados Evita reveló aspiraciones artísticas que ponía en evidencia en declamaciones y recitados. Era callada y silenciosa pero de un carácter fuerte y dominante.


Por aquellos años y en un pueblito padeció los malvados prejuicios de ser una niña concebida fuera del matrimonio, aunque a ella parecía no importarle en vista de que su madre había tenido el coraje y la valentía de criarlos.


Dispuesta a cumplir sus proyectos parece que abordó a Agustín Magaldi, afamado cantor de tangos que por aquellos días recorría la Provincia en compañía de su mujer. Le solicitó, le imploró y le rogó que la ayudara en sus deseos de realizarse como artista. Al parecer el hombre sorprendido por el empeño y la voluntad de la mocosa le dio algunas cartas de recomendación. Que las malas lenguas transformaron en una vil tranza sexual y que vulgares historiadores tomaron como cierto. Muchos años después Evita le escribiría una carta a Perón antes de abordar el avión que la llevaría a Europa y como temía morir en un accidente aéreo, descarnadamente le dijo: “Mi pasado me pertenece, pero te juro que es una infamia, por eso en la hora de mi muerte tu debes saberlo es una mentira. Salí de Junín cuando tenía trece años, que cosa tan horrible pensar esa vileza de una muchacha. No podía dejarte engañado de esta manera. No te lo dije al irme porque estaba bastante triste entonces y no quería añadir más cosas: Pero puedes sentirte orgulloso de tu esposa porque cuidé de tu buen nombre y te adoré. Muchos, muchísimos besos”.


Aclarado el punto lo cierto fue que Eva viajó a Buenos Aires acompañada por su hermano Juan, quien venía a cumplir con el servicio militar.