Esnaola








Extraño destino el de Juan Pedro Esnaola. En 1808 el gobierno revolucionario lo echa del país debiendo exiliarse en España cuando solo contaba con diez años de edad. ¿Qué podía haber hecho un pequeño niño? Ser hijo de un español con ideas monárquicas, pero fundamentalmente ser sobrino y discípulo del presbítero José Antonio Picasarri, director musical de la Catedral de Buenos Aires quien lo había iniciado en la música Y este Pîcasarri, hermano de su madre, también de férreas ideas monárquicas, fue la causa de su obligado exilio.





Pero habría más sobresaltos para Pedro Esnaola. En ese tiempo de exilio visita de la mano de su tío, París, Madrid, Viena y Nápoles y como pianista, ya comienza a ser reconocido como un “niño prodigio”. No solo como pianista, sino también como compositor de importantes piezas


Gracias a la amnistía impartida a los opositores de la revolución por el gobierno de Martín Rodríguez, la familia Esnaola - Picasarri pudo regresar a la Argentina el 29 de junio de 1822.


Las dotes excepcionales de Pedro como instrumentista, unidas a su formación europea le permitieron, destacarse con facilidad, interviniendo en memorables conciertos junto a celebridades de la época.


Sin embargo, Pedro Esnaola era un intérprete del salón que se negaba rotundamente a subir a los escenarios de los teatros de Buenos Aires y quizá como compensación, dedicó su vida a la enseñanza.


Por iniciativa de su tío crea la Escuela de Música y Canto. Y allí tiene como alumna a Manuelita Rosas quién entabla con éste una profunda amistad. Muchas de sus piezas musicales se basaron en acontecimientos políticos del momento, con letra alusiva, como por ejemplo la Canción Federal (1843), o el Himno de Marzo (1843), dedicado precisamente a Juan Manuel de Rosas.


Sin embargo ninguno de los intensos avatares políticos que dominaron esa época hicieron mella en su vida, a punto tal que ya producida la caída de Rozas, luego de la batalla de Caseros, es el mismo Sarmiento quien lo nombra jefe del Departamento de Escuelas de Música en el año 1858.


Pero no solo esto. En 1872 se extravía la partitura original del Himno Nacional argentino y es Esnaola el encargado de rehacerlo, apelando a su buena memoria y a sus conocimientos musicales, siendo declarada esta versión, “versión oficial” a punto tal, que es la que hoy todos cantamos,


Pedro Esnaola, sin duda, fue algo más que un niño prodigio.