Hacer seguidismo con México no sustituye la falta de política con Brasil y el Mercosur

Por Mariano Caucino

Publicado en Infobae el 21 de junio de 2021


Una serie reciente de decisiones de política exterior parecen mostrar la vocación de la diplomacia de Alberto Fernández-Felipe Solá por establecer una suerte de seguidismo con México. Acaso una forma de sustituir la ausencia de relaciones con los socios del Mercosur.



El hecho de que esas medidas fueran comunicadas mediante comunicados conjuntos con la cancillería azteca confirman esas suposiciones. En el día de la fecha, los gobiernos de Alberto Fernández y Andrés Manuel López Obrador (AMLO) anunciaron que Argentina y México llamaron a consulta a sus embajadores en Nicaragua en repudio a las violaciones a los derechos humanos cometidos por la dictadura sandinista que lidera Daniel Ortega.


El propio gobierno argentino hizo saber que el día 20 mantuvo un diálogo telefónico con canciller de México, Marcelo Ebrard, en el que el jefe de la diplomacia azteca le informó que llamarían en consulta a su embajador en Managua, Gustavo Alonso Cabrera Rodríguez, frente a la sistemáticas violaciones a los derechos humanos ejecutados por el régimen nicaragüense. Fue entonces cuando el gobierno argentino hizo lo propio con el embajador Daniel Capitanich, representante argentino ante la dictadura de Daniel Ortega y su híper-influyente esposa Rosario Murillo (vicepresidente).


Una semana antes, en la votación en la Organización de Estados Americanos que tuvo lugar en ocasión de la condena al régimen nicaragüense por haber encarcelado a candidatos presidenciales opositores, la Argentina y México integraron el reducido lote de países que con su abstención dieron aval a las autoridades de Managua. Ese voto alejó a la Argentina de sus socios del Mercosur y de los países democráticos de las Américas que mayoritariamente votaron en condena de las arbitrarias detenciones perpetradas por la dictadura sandinista.


Ya el 27 de junio de 2020, el Presidente de la República había expresado su vocación por establecer una suerte de eje Buenos Aires-México. Una serie de viajes a la capital azteca, antes y después de asumir la Presidencia, parecieron ilusionar al mandatario argentino. En una conferencia virtual, llegó a decir que tanto él como su par Andrés Manuel López Obrador compartían el sueño de “cambiar el mundo”, un noble propósito un tanto ambicioso para quien preside un país de escala mediana plagado de problemas internos como una pobreza escandalosa, una tasa de inflación récord en el mundo y un manejo sanitario altamente defectuoso.


Aquel día resultó casi inexplicable oír de un Presidente en ejercicio palabras como las que utilizó Fernández para terminar su alocución. Fue cuando se entregó a un lamento: “Querido Lula, yo no lo tengo a Néstor, no lo tengo al Pepe Mujica, no lo tengo a Tabaré, no lo tengo a Lugo, no lo tengo a Evo, no la tengo a Michelle, no lo tengo a Lagos, no lo tengo a Correa. No lo tengo a Chávez. A duras penas somos dos que queremos cambiar el mundo. Uno está en México, se llama Andrés Manuel López Obrador y otro soy yo”. No hace falta ser Talleyrand o Henry Kissinger para comprender el desagrado que las expresiones del presidente argentino deben haber causado entre sus pares de la región.


Ilusionado con un un eje imaginario entre Buenos Aires y México el Presidente argentino parece desconocer nociones básicas de geografía, aquellas que siguen siendo, gusten o no, el principal factor de la política exterior de todos los estados. Olvidar que México es, ante todo, un país de América del Norte y que sus prioridades estratégicas están relacionadas con su vínculo con los EEUU representa una nota de ignorancia inadmisible en quienes están a cargo de la política exterior de la Argentina.

Le guste o no al gobierno argentino, la única verdad es la realidad. El comercio total (exportaciones más importaciones) entre México y Estados Unidos ascendió a 56 mil 908 millones de dólares durante marzo, lo que representó su mayor nivel en la historia para un solo mes, según datos de la Oficina del Censo estadounidense. Un informe reciente indica que “durante los primeros tres meses del año, México y Estados Unidos intercambiaron bienes por un valor de 153 mil 906 millones de dólares, cifra superior en 4.1 por ciento a lo observado durante el mismo periodo del año anterior. De esta forma, México cerró el primer trimestre del año como el principal socio comercial de Estados Unidos, al representar 14.8 por ciento del comercio total que realizó este país con el mundo”. Canadá se ubicó como el segundo socio comercial de Estados Unidos, al representar el 14.5 por ciento de su comercio total, seguido de China (14.3 por ciento), Japón (4.7), Alemania (4.5), Corea del Sur (3.5), Reino Unido (2.6), Vietnam (2.5), India (2.4) y Taiwán (2.3).


En tanto, guiado por una política exterior basada en ideologismos y preferencias personales, el mandatario argentino ha evitado por todos los medios mantener una mínima comunicación con su par del Brasil Jair Bolsonaro y ha reducido a su mínima expresión la relación con el Mercosur, generando un notorio descenso en las relaciones con respecto a las que existían al finalizar la Administración del Presidente Mauricio Macri.


Una suerte de seguidismo con México no sustituye la falta de una política de coordinación con Brasil y nuestros vecinos. Los intereses permanentes de la Argentina están inexorablemente unidos a nuestros vecinos del Mercosur, con quienes debemos explorar todos los caminos para construir aproximaciones conjuntas e inteligentes a un mundo siempre dinámico, plagado de oportunidades y desafíos.