Informe: El desastre educativo que provocó la cuarentena en Argentina

Por Carla Nicole Alegre Magliocco y Eliseo Bottini Antunez

Publicado por Alt Media el 8 de febrero del 2021


Desde el 15 de marzo, a dos semanas del comienzo del ciclo lectivo, las clases presenciales de todos los niveles educativos se suspendieron permanentemente en todos los rincones del país. Lo que para gran parte de la sociedad es una prioridad, e incluso un derecho humano, continúa postergado por la discrecional elección de un gobierno autoritario, en severa complicidad con los sindicatos que nuclean a los docentes en el ámbito público y privado. Los daños de un ciclo perdido para una generación de jóvenes son irreparables. ¿Cómo llegamos a esto? ¿Qué llevó al gobierno a convertir la cuarentena educativa de Argentina en la más extensa del mundo? ¿Qué modelo eligió el mundo a nivel educativo para enfrentar la pandemia? ¿Por qué los gremios del sector se quedaron de brazos cruzados?





Los alumnos, que integran el rango etario casi sin víctimas por el COVID-19, y perdieron una etapa única e irrepetible de aprender y sociabilizar en el ámbito escolar en un período clave de sus vidas, merecen una explicación razonable en pos de identificar a los responsables de hacerlos víctimas de un genocidio educativo que merece ser juzgado. No está de más ofrecer un pantallazo de cómo llegó el sistema de enseñanza en el país antes de las medidas restrictivas, teniendo en cuenta que también el accionar del estado en la educación, en unión con los sindicatos, construyeron un modelo con resultados altamente preocupantes en cuanto a la calidad educativa, la deserción escolar y la pérdida de capital humano, que, en su conjunto, poco puede esperarse más que la condena de las posibilidades laborales de millones de jóvenes argentinos.


¿Dónde estaba la educación argentina antes de la pandemia?


La educación estaba en manos del estado. Parece una aclaración algo obvia, pero es necesaria, ya que ese logro de la generación del 80 comandada por el General Julio Argentino Roca de establecer la educación gratuita y universal para todos, con el tiempo se pervirtió para convertirse en lo que es hoy: el gobierno concentrando la educación en su poder, llegando a ser un monopolio, a generar altos grados de des-educación y en la actualidad, a decidir si los chicos pueden o no asistir a las aulas. Veamos algunos resultados de la educación pública en las últimas décadas.


En el siguiente cuadro, observamos que la cantidad de alumnos en las escuelas privadas fue aumentando de manera constante desde 1940 a 2018 (con la obvia merma que se dio a raíz de la crisis de 2001). Entre 2003 y 2015 las escuelas públicas tuvieron una reducción del 12% en su cantidad de alumnos.


Según las pruebas “Aprender” llevadas a cabo por el gobierno nacional en 2017, las diferencias de aprendizaje entre un niño de una escuela pública y uno que cursa en un colegio privado, es de 25 puntos porcentuales: es decir, un niño que accede a la educación pública sabrá un 25% menos que un niño que accedió a la educación privada, con todas las consecuencias cognitivas y laborales que ello implica. El mismo informe nos cuenta que el 46% de los niños de escuelas públicas no entienden aquello que leen, mientras que en las escuelas privadas sólo el 21% sufre esta carencia. Y en otra de las materias fundamentales que es la matemática, el 60% de los alumnos de escuelas públicas no comprende aquello que se les enseña, mientras que en los colegios privados este número cae al 21,5%.



Uno de los motivos que más inclina la balanza a favor de la educación privada tiene que ver con la cantidad de días perdidos por los “paros docentes”. De la misma forma que los sindicatos han permanecido callados durante la cuarentena educativa, la complicidad de éstos en el deterioro de la enseñanza estatal es evidente con sus huelgas. Pongamos un ejemplo: un estudiante que ingresó a primer grado en 2013 y realizó su escolaridad en el tiempo teórico, al finalizar sexto grado en 2018 estuvo expuesto a 73 días de paro docente a lo largo de su trayectoria escolar. Para dimensionar el dato, 73 días equivalen a más de 3 meses de clase o al 40% de días de clase de un ciclo lectivo. En el siguiente gráfico podemos observar la cantidad de días de clase que se han perdido entre 1985 y 2018 por provincia por año.


En el último informe de la prueba internacional PISA, ente de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que midió en 2018 la calidad educativa de 79 países y regiones, Argentina quedó en el puesto 65. El peor resultado fue en 2015 cuando fuimos totalmente excluidos como consecuencia de la significativa disminución en el número de estudiantes evaluados que no alcanzaron los estándares operativos de la OCDE. En la edición de 2012, Argentina quedó en el puesto 59 de 65 y fue superada ampliamente por otros países del continente como Chile, Uruguay, Brasil y México, igual que en 2018.


El sistema educativo público argentino distribuye un docente cada 17 alumnos aproximadamente. El promedio internacional es de 23 (según el Banco Mundial) y la CEPAL establece para América Latina un promedio de 22. Países como Chile y Brasil tienen cerca de 21 alumnos por docente, mientras que México tiene 27 y Colombia 24. Según las evaluaciones, la mayor cantidad de maestros no se refleja en una elevación de la calidad educativa.


Es la propia Constitución la que otorga la “libertad” de aprender y enseñar (art 14) y le otorga total autonomía a las provincias. El artículo 75 inciso 19 establece que sólo el Poder Legislativo deberá sancionar leyes de organización y de base de la educación, respetando las particularidades provinciales y locales, la participación de la familia y la sociedad.


Un año perdido: cronología, negación oficial del problema y provincias que intentaron volver a las aulas


El 15 de marzo pasado, a dos semanas del comienzo de clases, el gobierno argentino resolvió suspender las clases presenciales en todos los niveles educativos. Fue una de las primeras medidas adoptadas -junto al cierre de fronteras- ante el avance de la pandemia del COVID-19 y el miedo de la población. Incluso, el cierre de los establecimientos educativos fue previo al decreto que dispuso la cuarentena obligatoria e inconstitucional. La parálisis de fines de marzo y principios de abril sumió a todos en una destrucción económica, social y psicológica, de forma adrede, sin precedentes. Al mismo tiempo, fueron semanas de jolgorio en la imagen positiva para la administración de Alberto Fernández, que a 15 días de las medidas ya mostraba las famosas “filminas” del éxito de la primera cuarentena. Pocos contagios y una cifra de muertos contados con los dedos de una mano, avalaba al presidente. “Nos está yendo bien, sigamos encerrados”, fue el mensaje oficial. Ya habíamos mordido el anzuelo. ¿Qué diferencia suponía ese discurso cuando las cosas empeoraron y pasáramos a ser uno de los 10 países con más contagios del mundo? Muy simple: “Nos está yendo mal, sigamos encerrados”.


En ese primer mes, la educación no fue una discusión de nadie. Por supuesto, los especialistas en pedagogía ya anunciaban un problema serio en la ausencia de los alumnos al ambiente de estudio. Fue recién el 23 de abril, cuando el ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta, dio un informe ante el Senado de manera virtual y avizoraba una política inflexible: “el regreso a las aulas será cuando no haya riesgo para nadie, ni para los alumnos, ni para los docentes ni para las familias”. Allí presentó el programa Seguimos Educando, el plan de clases vía Internet con acceso gratuito y la impresión de 13 millones de cuadernillos para la continuidad del ciclo lectivo a distancia, remarcando que el ciclo lectivo 2020 no se perdería.


Lo paradójico del ministro fue que dos días antes de la contundente presentación en la Cámara Alta, el 21 de abril, dio una entrevista al portal Infobae negando la perdida de clases presenciales durante todo el año. “No es un escenario posible que no vuelvan las clases este año. Todo hace suponer que vamos a poder regresar físicamente a las escuelas”, remarcó y agregó: “la escuela es irremplazable”. Si el ministro hubiera mantenido una postura firme como la de aquellos días, la historia habría sido otra. Desde mayo la educación pasó completamente a un segundo plano, los reclamos eran algo impensados y encima el presidente Fernández mandó a los alumnos más chicos a que le envíen dibujitos por Twitter. Fue en pleno anuncio de extensión de la cuarentena el 8 de mayo, donde también dijo que el regreso a clases “no era prioridad”.

Recién en el mes de julio apareció un tímido protocolo por parte del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires para volver a las clases presenciales. El gobierno de Horacio Rodríguez Larreta pensó seguir el mismo modelo que aplicó Israel para el retorno a las aulas. En concreto: un esquema conocido como “4-10”, que divide a las aulas en dos grupos. El primero asiste la semana 1, de lunes a jueves, y después descansaría la semana 2. En tanto, el segundo asiste la semana 2, de lunes a jueves, y descansaría la semana 3, donde retornaría el primer grupo. Finalmente, en agosto, Ciudad presentó formalmente un proyecto que puso el foco principal en 6500 alumnos que ni siquiera pudieron acceder a las clases virtuales. Pero Trotta lo desestimó por “poner en riesgo a toda la comunidad educativa”. Según el ministro, el protocolo no especificó cómo sería el traslado de los estudiantes desde sus hogares hasta las escuelas ni tampoco qué actividades y acompañamiento recibirían en los colegios ya que la propuesta no incluye presencia de docentes, sino representantes del ministerio de Educación como adultos responsables.


En medio de varias críticas al modelo de control social totalitario que se eligió para combatir la pandemia, agosto fue el mes en que Trotta y el gobierno nacional en su conjunto más radicalizó su posición en cuanto a la educación: “para aprender hay que estar vivos”, fue la lógica oficial para oponerse al regreso de las clases presenciales. El ministro fue aún más allá a principios de agosto y sentenció que “llevará dos o tres años reorganizar el sistema educativo” para que vuelva a la normalidad. Todo el frente afín al Ejecutivo transmitió el mismo mensaje, como fue el caso de Mayra Mendoza, intendente de Quilmes: “Hasta que no esté la vacuna no podemos tener clases presenciales”.


Con cinco meses de encierro, el gobierno entró en una fase perversa, en la que ya no importan demasiado las razones, los protocolos, ni la coherencia. Importaba establecer la engañosa narrativa de “los que defendemos la vida contra los que promueven los contagios y la muerte”, “los que queremos que todos vivan, contra los que quieren clases para que muchos mueran”. La ministro de Educación de la Ciudad, Soledad Acuña, comenzó en octubre un regreso gradual con protocolos muy estrictos y a principios de noviembre anunció que todos los alumnos porteños deberían regresar a las aulas. El objetivo planteado fue que antes del cierre del ciclo lectivo el 18 de diciembre haya vuelto todo a la normalidad. El esfuerzo de Ciudad por volver rápido a las clases presenciales fue promovido como un logro heroico, mostrado por los medios como si fuera una gran hazaña, enalteciendo la figura de Acuña, cuando en realidad no se hizo otra cosa que restablecer el derecho a la educación que la propia Acuña dejó morir durante 7 meses. La ministro, igualmente, tiene la oposición de los sindicatos, que rechazan por completo no solo la vuelta, sino la propuesta de Ciudad de adelantar el ciclo lectivo del año 2021 de marzo a febrero. Por último, y finalmente, la provincia de Buenos Aires autorizó a distintos distritos a volver gradualmente, en principio a los colegios privados.


Provincias que lo intentaron


Los distritos que volvieron a las aulas -a prueba y error- debieron dar marcha atrás por la aparición de brotes. Es que, al principio, la región del AMBA concentró la atención por los casos y en los últimos meses el interior vio un avance del virus, que tuvo una exageración desmedida en las restricciones de algunos gobernadores que se apresuraron. Actualmente son dos las provincias argentinas que tienen clases presenciales: Formosa, que volvió en agosto en escuelas rurales, y La Pampa, donde los estudiantes perdieron todo contacto con la escuela. En Catamarca, Santiago del Estero y San Juan intentaron hacerlo, pero tuvieron que dar marcha atrás y es una incógnita qué pasará en el resto del país.


San Juan, de hecho, se convirtió en la primera provincia en la que docentes y estudiantes volvieron a verse las caras en la escuela. Más de 10.000 alumnos retomaron las clases bajo el concepto de “aulas burbuja” en catorce departamentos. Sin embargo, a los pocos días el gobernador Sergio Uñac decidió volver a fase 1 por la aparición de menos de 30 casos en Caucete. Pasados esos catorce días, a comienzos de septiembre, afirmó que “la educación presencial queda, por el momento, suspendida en todos sus niveles”.


Después de San Juan, la provincia de Formosa fue el segundo distrito en reabrir sus escuelas, aunque la medida sólo comprende a los establecimientos rurales. “A medida que las condiciones sanitarias lo permitan, iremos habilitando otros establecimientos en el sistema presencial”, había dicho el gobernador, Gildo Insfrán. Fue así que volvieron a la actividad 9.783 estudiantes de las 408 escuelas que pertenecen a las zonas rurales, donde aún continúan dando clases.


Lo que ocurrió en Catamarca parecerá chiste. Más de 15 mil alumnos volvieron a las aulas en 567 escuelas rurales. Retornó sexto grado del nivel primario, el sexto año del secundario y el cuarto de la educación para jóvenes y adultos. Pero en los primeros días de septiembre se tiró todo para atrás, volvieron a la cuarentena total y las autoridades provinciales responsabilizaron a los catamarqueños por tomar pésimas decisiones al reunirse con familiares. Pero ¿cuánto fue el promedio de casos diarios que tuvieron en la primera semana? Apenas uno por día. Hasta el momento, Catamarca no presenta muertos por COVID-19, pero por supuesto, las aulas no tienen fecha de regreso.


En Santiago del Estero el regreso a clases estaba previsto para el 6 de septiembre, pero a través de una resolución del Ejecutivo tras el presunto desborde de la situación epidemiológica, se dispuso a continuar con la virtualidad. Finalmente, volvieron las clases presenciales en La Pampa con un máximo de tres horas para la asistencia de los alumnos, con excepción de cuatro localidades que están en fase 1 por la suba de casos. La Pampa acordó con Nación en agosto esta vuelta y definió un protocolo de funcionamiento con los gremios docentes, que contempla la jornada limitada y sin la asistencia de la totalidad de la comunidad educativa.


Los daños cognitivos y sociológicos de la cuarentena educativa: una generación perdida


Todos los problemas son problemas de educación (Domingo Faustino Sarmiento)


Cantidad de chicos escolarizados


“Gobernar es poblar” dijo uno de nuestros padres fundadores. Los bonaerenses podemos pensar que somos un montón, pero si viajamos tan solo unas horas, nos daremos cuenta de que aún vivimos en un desierto: un país con una extensión enorme tiene un poco más de 50 millones, con la particularidad claro está, de que la mitad de los argentinos está sumida en la pobreza, y no va a salir de ella hasta que no se den reformas estructurales. Este pequeño párrafo lo escribimos para que tomemos dimensión de las cifras que se mostrarán a continuación: somos pocos, pero los argentinos en edad escolar son bastantes, y los principales perjudicados debido a las medidas autoritarias tomadas en el último año, son ellos.


Como vemos, el porcentaje de niños en desarrollo y formación es muy alto. Y cuando hablamos de chicos en desarrollo, nos referimos a nuestros futuros profesionales, cuyo comportamiento, estudio y psiquis, ha sido denostada a lo largo de todo este año. Pero veamos un poquito más, para entender cómo está compuesto el sector educativo.

  • La sala de 5 años es la que mayor cantidad de alumnos tiene en 2017, concentrando el 40% de la matrícula del nivel, aunque la sala de 4 años reúne un porcentaje similar, con 36%. La sala de 3 años y el jardín maternal, en cambio, contienen al 18% y 6,1% de la matrícula del nivel, respectivamente, quedando relegadas con respecto a las primeras dos. Desde 2006, la matrícula del nivel inicial en el ámbito urbano aumentó un 36%, mientras que en el ámbito rural aumentó un 24%. El 33% de la matrícula del nivel inicial acude a escuelas de gestión privada: es el nivel donde mayor porcentaje de estudiantes asisten a este tipo de gestión.

  • Los seis primeros grados de la educación primaria tienen una cantidad similar de estudiantes, si bien se observa un leve decrecimiento a partir de 4to grado hasta 6to. Casi el 91% de la matrícula del nivel primario acude a escuelas en el ámbito urbano, y poco más del 9% a escuelas rurales. El nivel primario es el que tiene mayor presencia de ruralidad en cuanto a su matrícula. Mientras el 73% de los estudiantes de escuela primaria asisten a escuelas de gestión estatal, el 27% lo hace en escuelas de gestión privada. Desde 1996 hasta 2017, se observa que el sector privado ha crecido un poco más de 36%, mientras el sector estatal ha decrecido un 6%.

  • A diferencia del nivel primario, se observa una menor cantidad de estudiantes en los últimos años en comparación con los primeros. Casi 3 de cada 10 estudiantes de nivel secundario asisten a escuelas de gestión privada. En términos porcentuales, el sector privado ha tenido un mayor crecimiento que el estatal en los últimos 20 años.

  • La repitencia es cinco veces más alta en las escuelas de gestión estatal que en las de gestión privada. La tasa de repitencia es mayor en las escuelas rurales que en las escuelas urbanas en el nivel primario, pero su evolución es similar en ambos ámbitos

  • La cantidad de docentes aumentó en los últimos veinte años, incluso por encima del crecimiento de la matrícula de alumnos. En primaria, por caso, en 1998 había 14,9 estudiantes por cargo docente. En cambio, en 2017 el nivel tenía un docente cada 11,5 alumnos. Entonces, se podría haber continuado dando clases, con 10 chicos por maestro. Pero no…

  • Las escuelas primarias rurales tienen menos alumnos por cargo docente en promedio que las urbanas. Desde 2007, este indicador disminuye en los dos ámbitos, más pronunciadamente en las escuelas rurales.

  • Actualmente, las escuelas primarias estatales tienen menos alumnos por cargo docente que las del sector privado.

Cantidad de chicos que iban a desayunar/almorzar


Más de 4,5 millones de niños se alimentan en la escuela: allí desayunan, almuerzan o meriendan. Por su función nutricional, el comedor escolar es un factor de atracción y retención de los alumnos. Hoy, alrededor de 30% de los alumnos de escuelas de gestión estatal recibe el almuerzo, la mitad recibe el desayuno y un 14%, merienda. En la comparación provincial, la distribución de los servicios se revela muy disímil. Las provincias que padecen mayores niveles de pobreza tienden a una mayor cobertura de servicios de almuerzo. Por ejemplo, Santiago del Estero y Formosa cuentan con la oferta más amplia, cerca de la mitad de sus estudiantes. Mientras que la mayoría de las jurisdicciones más pobladas como CABA, Córdoba y Santa Fe, mantienen niveles de cobertura de almuerzos superiores al promedio, la Provincia de Buenos Aires, con cerca del 40% de la población escolar, cubre a menos del 20%. Por último, todas las provincias patagónicas, que es la región con menor nivel de pobreza, mantienen en promedio una oferta menor al 10%.


Y ¿qué queremos decir con esto? Tenemos que aclarar que entendemos que la escuela no tiene que ser una guardería, y que el estado no debe actuar de forma asistencialista. Pero vivimos en un país en donde la pobreza ronda el 50%, y como vemos, el porcentaje de chicos en edad escolar es muy alto. Vimos entonces, que casi 5 millones de alumnos logran comer gracias al colegio. ¿Qué piensan que pasará con los chicos a los cuales le robaron la posibilidad de su única comida en el día, al cerrar el colegio al que asistían? Conocemos los déficits cognitivos que una mala nutrición genera en los primeros años de vida. La escuela actuaba, dentro de su pobreza, como un paliativo: condenaron a chicos a vivir siendo más pobres y con menos posibilidades en su futuro, debido a que, lisa y llanamente, no comen.


Cantidad de chicos pobres


El nuevo mapa de la pobreza es el peor de toda nuestra historia. Y duele aún más cuando el foco son los chicos, porque en su desarrollo se encuentra el futuro de la Nación.


Son más de 110.000 niños que padecen desnutrición infantil, hay 260.700 que tienen sobrepeso y 170.000 chicos con problemas de obesidad. Las comunas en que se detectaron problemas graves de alimentación de los niños están centradas fundamentalmente en el NOA, el NEA y el conurbano bonaerense. Hay un 10,4% de los chicos en todo el país que pasa hambre, mientras que un 5,8% no recibió alimentación directa. Según la UCA, la pobreza infantil ronda el 63% del total de los niños, y 8 millones carecen, además de privaciones en algunos de sus derechos. El siguiente gráfico lo muestra mejor:


En total, se calcula que a fines del 2020 ya eran 8 millones de chicos quienes vivían en la pobreza.


Cantidad de chicos sin acceso a Internet


A la pobreza y el abandono a la niñez, le sumamos un castigo: las clases virtuales, en donde los docentes no enseñan y los alumnos no aprenden. Pero vamos a intentar tomarlo como algo positivo: los chicos pudieron seguir en contacto con sus maestros y que éstos les enviaran algunas tareas para hacer. Pero en pleno siglo XXI, era de la tecnología y de la comunicación digital, en nuestro país, 1 de cada 5 alumnos no tiene internet en su casa. El 19,5% de los estudiantes de primaria no dispone de conectividad en el hogar. Más aún, el 23,7% de los chicos no cuenta con una computadora ni propia ni de su familia. En 7 provincias al menos un tercio de sus estudiantes no tiene internet en la casa: Santiago del Estero (40,7%), Formosa (37,7%), San Juan (36,1%), Catamarca (35,0%), Misiones (35,0%), Chaco (33,5%) y Corrientes (33,3%). A todo esto, le sumamos la grandiosa idea del gobierno de meterse con las empresas prestadores del servicio de internet, al declararlo como “servicio público” y obligarlas a mantener sus precios invariables, lo cual implica que éstas dejarán de invertir y que su servicio será cada vez peor, como todos comprobamos diariamente, perjudicando aún más a los chicos que participan de las “clases virtuales”.


Colegios a punto de cerrar


Como sabemos, la educación en los últimos 20 años se fue privatizando. Los paros docentes, la extrema ideologización de los “docentes militantes”, la mala calidad educativa y edilicia, hacen que tanto los padres como los mismo chicos, elijan cada vez más al sector privado para terminar sus estudios. El crecimiento de la educación privada se mantiene constante, salvo en épocas de crisis, en donde, por falta de recursos, los padres deben volver a caer en el estado. Y los próximos años no serán la excepción y, nuevamente por culpa de las malas políticas de gobierno, que están llevando a la quiebra al sistema educativo de gestión privada. Según relevamientos de distintos lugares, el número de colegios privados que están próximos a cerrar sus puertas alcanza un número monstruoso: 70% piensa en al menos cierres parciales, reduciendo así su oferta de cursos, dejando a más chicos en la desgracia de tener que o cambiarse de colegio, o bien caer en las manos del estado. En todo el país, funcionan 17 mil escuelas privadas. La Junta Nacional de Enseñanza Privada, la mayor cámara del sector afirma que sólo el 30% de los 1.167 colegios encuestados, descartó el cierre. Ante la pregunta por la posibilidad de que el servicio educativo desaparezca o sea drásticamente reducido a raíz de la crisis, el 43% afirmó que es posible, el 19% dijo “muy probablemente” y el 8% señaló “seguramente”. Los más perjudicados son los de la provincia de Buenos Aires, que representa a un millón y medio de alumnos.


El aislamiento y los chicos


El espacio escolar representa en la infancia y adolescencia un espacio de socialización con pares y otros roles diferentes de los familiares. También es una oportunidad para el juego, el deporte, las artes, entre otros. A pesar de que los chicos tienen una alta capacidad de resiliencia para superar acontecimientos estresantes y traumáticos, un año de encierro no deja a nadie sin secuelas. Al no tener una madurez y una inteligencia emocional desarrolladas, los niños reaccionan a la cuarentena mostrando actitudes de rabia y frustración. Y es que precisamente en esta etapa vital las personas suelen manifestar baja tolerancia a la frustración. Y esto se refleja en los números que preocuparon desde el inicio a los profesionales médicos: el 85.7% de los padres percibieron cambios en el estado emocional y el comportamiento de sus hijos durante la cuarentena. Los síntomas más frecuentes fueron: dificultad para concentrarse (76,6%), aburrimiento (52%), irritabilidad (39%), inquietud (38,8%), nerviosismo (38%), sensación de soledad (31,3%), inquietud (30,4%) y preocupaciones (30,1%). La evidencia sugiere que cuando los niños no van a la escuela (por ejemplo, en los fines de semana y en las vacaciones de verano) son físicamente menos activos, pasan más tiempo frente a las pantallas, tienen patrones de sueño irregulares y dietas peores, lo que conduce un aumento de peso y una pérdida de la capacidad cardiorrespiratoria. Dichos efectos negativos sobre la salud pueden ser mucho peores cuando los niños están encerrados, sin actividades al aire libre y sin interacción con amigos de la misma edad.


En esta sección, comentaremos los resultados que fueron obteniendo los distintos colegios de médicos (tanto pediatras como psicólogos y psiquiatras) de varios países, en donde alertaron desde el primer día sobre las consecuencias terribles que la cuarentena ejerce sobre los chicos.


El primer punto en donde focalizan es en el uso de tecnología. Como era de esperar, los hábitos de los niños cambiaron durante el aislamiento. Antes de la cuarentena, solo el 15% de ellos usaba pantallas más de 90 minutos al día, frente al 73% durante la cuarentena. El daño cognitivo e intelectual es muy alto: no utilizan el pensamiento ni investigan ni llegan a resultados por sus propios medios: todo lo hacen las máquinas. Y, naturalmente, esto lleva a un aumento del sedentarismo: antes de la cuarentena el 66% de los niños practicaba actividad física al menos 60 minutos al día (tiempo que recomienda la misma OMS que los encerró), mientras que durante la cuarentena tan solo el 14% superó ese tiempo. La institución Save the Children señala que la falta de juegos al aire libre, así como el estrés prolongado, el aburrimiento y el distanciamiento social pueden provocar en los niños problemas de salud mental. La Universidad de Barcelona afirmó en abril que “los niños están sufriendo una cantidad de estrés anormal que tendremos que ayudarles a mitigar si no queremos que enfermen. El hecho de no poder estar en contacto con sus iguales, ni con sus profesores, que en esta edad son figuras de referencia importantísima; de no poder salir al parque a correr y a jugar; sumado a no entender qué pasa, al miedo, y a las condiciones que vean en casa, con padres que pueden haber perdido su trabajo o con abuelos enfermos, les genera ansiedad, frustración, estrés, que no saben elaborar porque no tienen aún las herramientas emocionales necesarias para ello”. Los niños que no logran entablar vínculos seguros con los adultos que forman parte de un entorno cercano alcanzan peores resultados en términos de indicadores de rendimiento escolar y presentan niveles más altos de depresión clínica, entre otros.


La Sociedad Argentina de Psicología comenta que las consultas de padres por casos de regresión, estrés y angustia en sus hijos aumentaron en marzo un 25%. En los niños, el estrés postraumático suele manifestarse en forma de pesadillas en las cuales reviven los sucesos traumáticos. También pueden tener arrebatos de rabia sin causa aparente, mostrarse temerosos, nerviosos, ansiosos e irritables. Otros niños pueden reaccionar retrayéndose o mostrándose apáticos, de manera que pierden interés por casi todo lo que antes les divertía o agradaba. Muchos niños somatizan esos problemas, por lo que pueden empezar a tener dolores de cabeza, vómitos, náuseas y/o problemas dermatológicos. En algunos casos se puede apreciar una regresión a etapas iniciales del desarrollo. El niño puede volver a mojar la cama, por ejemplo, o recuperar el miedo a la oscuridad. “Muchas de las reacciones que estamos viendo ahora en los niños son fruto de ese estrés agudo, como desajustes emocionales, que les cueste más dormir, tics nerviosos, miedos, irritabilidad, regresiones como hacerse pis encima o no querer comer solos”, dice la doctora Álvarez, para quien es crucial que desde las familias se trabajen estos síntomas “para tratar de evitar que vayan a más”.


En abril del corriente año, la Sociedad Argentina de Pediatría marcaba, sobre todo, la importancia de que los chicos vuelvan a clases lo antes posible, teniendo en cuenta la importancia de la escuela no solo por el conocimiento, sino por lo emocional, cultural, social, por sus pautas, porque es un lugar seguro para que estén, les da herramientas a los chicos, y accesos a una buena alimentación, o para hacer actividad física. En el comunicado podemos leer la gran preocupación que los pediatras mostraron desde el comienzo de la cuarentena:


“Desde la Sociedad Argentina de Pediatría hemos observado con preocupación el impacto que la pandemia ha tenido en los niños y su escolarización. Es indiscutible que la escuela es fundamental para su desarrollo y bienestar, no solo para la adquisición de conocimientos sino también para el fortalecimiento de aspectos emocionales y sociales, el cuidado de aspectos nutricionales, de la salud y la realización de la actividad física. La escuela es también un sitio seguro para los niños mientras sus padres trabajan, contribuyendo así a la actividad económica de la sociedad, y es claramente una herramienta de equidad social indispensable particularmente para los grupos sociales más vulnerables. Actualmente, muchos adolescentes son incapaces de completar su tarea escolar por falta de dispositivos o de conectividad, lo cual hace que los modelos de aprendizaje virtual resulten de difícil implementación, dando lugar a la aparición de una brecha tecnológica muy difícil de resolver. Y no olvidemos a los niños con discapacidades, claramente desfavorecidos con el cierre de las escuelas ya que es allí donde se les brinda en forma integral las necesidades de aprendizaje, estimulación, rehabilitación y socialización que ellos requieren”.


Diferentes investigaciones en nuestro país arrojaron resultados que deberían alertarnos a todos: los jóvenes padecen más depresión, ansiedad y efectos negativos que otros grupos de edad. Son los más afectados a medida que pasa la cuarentena. Más de un 20% informó niveles moderados o graves de depresión al inicio y, dos semanas después, subió al 25%. No poder acceder a espacios abiertos empeoró los resultados. Todas estas emociones negativas afectan el desarrollo intelectual de los futuros profesionales de nuestro suelo.


En el siguiente cuadro, se enumeran los principales síntomas que han llamado la atención de los profesionales a lo largo del mundo, como para que tengamos una idea de lo que implica tener encerrado a un niño.


Estrés post traumático

Trastorno caracterizado por la imposibilidad de recuperarse después de experimentar o presenciar un evento atemorizante. El trastorno puede durar desde meses hasta años y suele haber episodios que recuerdan el trauma y causan intensas reacciones emocionales y físicas.


Retraso en el desarrollo del lenguaje

Es un retraso en la aparición o en el desarrollo de todos los niveles del lenguaje (fonológico, morfosintáctico, semántico y pragmático), que afecta sobre todo a la expresión y, en menor medida, a la comprensión, sin que esto se deba a un trastorno generalizado del desarrollo, ni a déficit auditivo o trastornos neurológicos. La aparición del lenguaje y la expresión es más tardía de lo habitual, y se desarrolla lentamente y desfasada con respecto a lo que cabe esperar de un niño de esa edad cronológica.


Dificultad para establecer vínculos

Retraimiento extremo a conductas disruptivas que cursan con hiperactividad, déficit atencional e impulsividad entre otros


Dificultad en la lectura

Lentitud al leer, errores de comprensión lectora, omisiones, sustituciones y distorsiones en la lectura.


Dificultad en la concentración

Trastorno en la capacidad de atención que impide la realización de las tareas cotidianas


Aburrimiento

Sensación de fastidio provocada por la falta de diversión o de interés por algoIrritabilidad


Tendencia a irritarse por cualquier cosa, incluso por cosas que no irritan a otras personas.


InquietudFalta de quietud, desasosiego, desazón.


NerviosismoExcitación nerviosa, inquietud o falta de tranquilidad.


Sensación de soledad y nuevas preocupaciones


Sedentarismo

Falta de actividad física regular (vinculado a obesidad y nuevas enfermedades cardiorrespiratorias)Problemas para dormir


Ansiedad

Estado mental que se caracteriza por una gran inquietud, una intensa excitación y una extrema inseguridad

Llanto sin motivo

Dificultades respiratorias a causa del sedentarismo


Desinterés, miedos nocturnos y pesadillas

Ataques de furia y mayor propensión a pelear


Angustia

El trastorno de angustia se diagnostica cuando el niño sufre crisis de angustia con la frecuencia suficiente como para causarle un deterioro funcional significativo y un sufrimiento importante


Conductas regresivas

Aquellas que se produce especialmente en la infancia cuando el niño, como consecuencia de un hecho determinado, adopta actitudes que ya había superado


¿Qué hizo el mundo con la educación en medio de la pandemia?


Europa fue el epicentro de la pandemia en marzo y abril. Las medidas coincidieron casi en su totalidad con las tomadas en Argentina en cuanto al cierre de las escuelas, con la excepción de Suecia. Sin embargo, la diferencia esencial fue el plazo del parate. En mayo, Alemania, España y Francia retomaban con protocolos la presencialidad de las clases. En junio volvió Reino Unido, y así le siguieron casi todos los países de la zona euro. Incluso en la presunta catastrófica segunda ola, los gobiernos han tomado medidas de confinamientos severos, pero jamás volvieron a tocar el tema de las clases presenciales; las escuelas no volvieron a cerrarse más.


En cambio, en Latinoamérica sí hubo un retraso mayor en el regreso a las aulas. El primer país fue Uruguay, que volvió en julio y tuvo un pasar ejemplar en cuanto al manejo de la pandemia sin cuarentena (con el comienzo reciente de las medidas dictatoriales similares a las que tomó Argentina). Brasil, Colombia y Chile comenzaron a regresar en octubre, y la mayor particularidad ocurrió en Perú, donde decidieron directamente volver a la presencialidad en marzo de 2021 y de forma voluntaria.


La responsabilidad del Gobierno y la complicidad de sindicatos y docentes


Desde el momento en que el gobierno elige postergar la vuelta de las clases presenciales hasta que las condiciones ‘epidemiológicas’ estén dadas o hasta que esté vacuna, implícitamente está suponiendo que los esquemas virtuales pueden mantener viva la escuela en el plazo de años que se disponga. Y como vimos en el capítulo sobre los daños, es un error terrible mantener cerrados los establecimientos educativos. Así como el gobierno optó por destruir la economía en nombre de la salud (lastimando con un encierro traumático y con uno de los peores resultados sanitarios de la pandemia del mundo) también optaron por sacrificar la educación, un sacrificio que tendrá consecuencias nocivas en la construcción de capital humano. Los números que mostramos en el primer capítulo sobre el deterioro de la educación en el país, en cualquier nación habrían provocado un terremoto social; la sociedad se habría hecho escuchar en las calles y exigiendo que los responsables de aplicar las políticas educativas fracasadas de los últimos 40 años no participen más en la función pública nacional. Acá no pasó nada de eso. Preferimos la vista gorda, enaltecer que tenemos inclusión y gratuidad en la enseñanza pública y que con eso sembramos oportunidades para todos. ¿Qué se puede esperar de una sociedad que tiene como ejemplo educativo al sistema socialista de Cuba, donde alfabetizar a la población no ha alcanzado ni para salvarse de la extrema pobreza?


No, Argentina dinamitó una fuente crucial para el futuro. En el fondo lo sabemos, pero preferimos no enterarnos. Ergo, no es raro que ahora miremos con indiferencia, en silencio y con desinterés el cierre de las escuelas, la prohibición lisa y llana del servicio de educación para millones de chicos y jóvenes, no solo de un año de clases sino también de todo lo que significa la institución en términos de guía, disciplina, formación y estímulo. Y después de lograr un regreso a duras penas, los sindicatos de la educación siguen tratando de poner palos en la rueda. “Todos queremos volver a la presencialidad cuando estén garantizadas las condiciones. Pero no queremos someter a riesgos innecesarios a los estudiantes, docentes y auxiliares”, dijo el secretario general de Suteba, Roberto Baradel. Los dirigentes sindicales criticaron desde el minuto uno las acciones del gobierno porteño, aduciendo que son puros anuncios de marketing. Después de décadas de deterioro en la educación, es imposible no conectar esa decadencia con la gestión gremial. Los sindicatos lograron posiciones de privilegio para docentes ausentes y militantes, creando así un lobby argentino característico en las pujas salariales: recurrir a huelgas salvajes y extirpar de las clases a los alumnos sin representación en las paritarias (sus delegados deberían ser sus padres). Cuando alguien ingresa a las aulas en la educación básica encontrará un promedio de casi 30 alumnos. Al contrastar esta realidad con la cifra que arroja el Banco Mundial, que en nuestro país hay un docente por cada 10 alumnos, tenemos 2 de cada 3 maestros que no están trabajando y cobran un sueldo no solo a costa de la enseñanza privada, sino también del docente en las instituciones estatales que sí trabaja. Dicho esto, no sorprende entonces que los sindicatos hayan apoyado el cierre de las escuelas. Jamás pensaron en los daños sufridos por los chicos, porque jamás se preocuparon por ellos. Lo importante fue mantener el alineamiento político con Casa Rosada, seguir con los privilegios estatales de maestros que sobran en proporción con la cantidad de estudiantes y quedar bien con la pantomima sanitaria de evitar los contagios en los menores, cuando ningún estudio médico serio encontró peligros en los más chicos y mientras todo tipo de actividades (como bancos, supermercados, casinos, reuniones presidenciales y hasta marchas de miles de personas a favor del gobiernos) eran realizadas con total impunidad. Los gremialistas de la educación son cómplices necesarios del sistema genocida que planteó el gobierno contra los valores educativos de la nación y merecen ser juzgados, no por la justicia, sino por la sociedad misma; si es que ésta en algún momento toma conciencia y comienza a defender la educación más con acciones que con palabrería vacía de contenido.


Conclusiones


Queremos decir con todas las letras que los protocolos de vuelta a clase son inhumanos. Chicos al aire libre sin importar si hace frío o calor, rodeados de alcohol en gente, con la prohibición de acercarse entre ellos, sin actividades, sin educación. La vuelta a las aulas que están organizando es una locura, es inviable y va en contra del derecho a ser educados que consagramos hace casi 200 años. Los daños son irreparables y las vueltas de esta manera sólo contribuyen a generar mayores daños.

Para concluir, vamos a dejar un párrafo de la Universidad de Cantabria en un informe que elaboraron en 2019, alertando por la soledad en la sociedad europea:


A nivel físico, la falta de relaciones sociales satisfactorias produce un mal seguimiento de hábitos saludables, lo que deriva en un mayor riesgo de alimentación y consumo de tóxicos inadecuados, además de una insuficiente práctica de actividad física. El sueño también puede verse afectado, modificando el patrón habitual del paciente, disminuyendo sus horas y la calidad de este. Como consecuencia, el cansancio durante el día es casi seguro. A nivel de sistemas, tanto el cardiovascular como el endocrino, se ven afectados por estas situaciones. De modo que las enfermedades relacionadas con estos sistemas también crecerán en número, al igual que el riesgo de padecerlas. Esta fenomenología tiene varias explicaciones, como el aumento de malos hábitos en salud producidos por la falta de relaciones satisfactorias o el nivel de estrés. Todo ello aumenta la cantidad de anomalías y problemas en las diversas partes del organismo. Apoyando estas afirmaciones, se encuentra un estudio estadounidense de 2013, en el que los investigadores agruparon a cerca de diecisiete mil participantes nacionales para estudiar la relación existente entre el aislamiento social (que a su vez incluye el hecho de no estar casado, no tener contacto social habitual o no participar en eventos religiosos) y la mortalidad poblacional, en comparación con otros ítems clínicos de riesgo, en este caso: obesidad, hábito tabáquico, hipertensión e hipercolesterolemia. Este estudio no sólo demostró que la supervivencia descendía si la persona se encontraba en situación de aislamiento social, sino que, junto con el tabaquismo y la hipertensión, constituían determinantes agravantes para la mortalidad, pronosticando la misma. El sistema nervioso e inmunitario se hallan estrechamente relacionados en una continua relación de homeostasis por el equilibrio del organismo. Esto significa que, situaciones estresantes debido a la soledad o aislamiento social, o la exposición a cambios ambientales extremos, afectan de forma grave al sistema inmune, lo que conduce en muchas ocasiones, a una muerte prematura.


No nos estaban cuidando, nos estaban probando. Y lo peor, es que les salió bien. Las advertencias estaban, sólo que nadie quiso escucharlas.