La cadena agroindustrial, la UIA y el rumbo estratégico de la Argentina








El sector agroindustrial argentino, el más competitivo del mundo, capaz de producir con los menores costos y de la forma más sustentable del sistema global, integrado por 42 entidades de base agropecuaria y en alianza con la Unión Industrial Argentina (UIA), que nuclea a la industria manufacturera del país, presentó una “Estrategia de Reactivación Agroindustrial Exportadora Inclusiva, Sustentable y Federal”, para el periodo 2020/2030.




La única condición que reclama esta estrategia agroindustrial + UIA es "un programa de estabilidad fiscal y financiera a 10 años”, sinónimo de una macroeconomía consistente y estable capaz de unir en forma coherente los principales indicadores de la actividad económica.


Por eso la prioridad absoluta de esta estrategia es el aumento sostenido de las exportaciones en el largo plazo, no sólo de las agroalimentarias, sino de todas ellas, y en primer lugar las manufactureras, lo que implica su reconversión, hasta lograr el nivel de productividad y de innovación de la más avanzada, que es la agroindustrial.

La razón de esta premisa esencial es que la principal restricción de la economía argentina –el núcleo de su estancamiento y la raíz de la crisis nacional- es la carencia de dólares genuinos producto de ventas suficientes en el exterior.


De ahí la crisis crónica del sector externo, “el estrangulamiento de divisas”, con las consiguientes devaluaciones masivas, fuga de capitales, desaparición de la moneda nacional, y recesiones profundas y periódicas, que hacen retroceder sistemáticamente el ingreso per cápita de su población.


La raíz de la crisis del sector externo es estructural y reside en dos factores: el primero y fundamental es que las exportaciones son escasas en relación al producto. La Argentina exporta entre U$S 50.000 y U$S 80.000 millones anuales, con una población de 44 millones de habitantes que dispone del mayor nivel de ahorro per cápita del continente: Son los U$S 440.000 millones los que los argentinos tienen en el exterior o en cajas de seguridad. Chile, con una población de 18 millones, exporta tres veces más.

El segundo es que hay un sólo sector significativo que vende al exterior, que es el agroalimentario. Más de dos tercios de los bienes exportados provienen del complejo agroindustrial, lo que significa que dos tercios de la industria y los servicios no lo hacen.


De ahí que un rasgo característico de la economía argentina es que la demanda es ampliamente superior a la capacidad productiva. Y. como la regla que rige el PBI nacional es tres por uno (por cada punto que aumenta el producto, las importaciones deben aumentar tres), esto desata periódicamente y por necesidad la crisis crónica del sector externo, que se produce inexorablemente cada 4 o 6 años a partir de 1974 (la última ocurrió en abril de 2018).


El problema económico fundamental de la Argentina se manifiesta en el orden de los factores: no hay incremento de las exportaciones sin equilibrio macroeconómico (estabilidad fiscal y monetaria en primer lugar) y no hay equilibrio macroeconómico posible sin los cambios estructurales que lo sustentan. Esto implica que no hay macroeconomía estable sin un aumento sistemático de la productividad, que sólo surge del cambio tecnológico y de las modificaciones estructurales.


En definitiva, todo concluye en que el papel del Estado es esencial como orientador y guía del desarrollo económico; y para eso se necesita un Plan, que es ante todo una estrategia, que establezca el rumbo, el sentido, la dirección de la política económica y defina nítidamente la inserción de la Argentina en el siglo XXI, que es el de la revolución tecnológica, la integración digital del capitalismo, y una competencia global exacerbada, dentro de un sistema hipercapitalista volcado a la Cuarta Revolución Industrial.


Lo esencial del plan es la dirección (sentido/rumbo de los acontecimientos), no la secuencia de las medidas Y este rumbo sólo lo puede fijar quien tiene la autoridad política para hacerlo, que el Presidente de la Nación, libre y legítimamente elegido para hacerlo.


La conclusión es nítida: la política es lo primero. Hay que definir como una necesidad vital de los argentinos hacia dónde hacerlo.


Solo puede responder a esta pregunta existencial el presidente Alberto Fernández, lo que implica dejar de lado el intento de Cristina Kirchner de conducir al país, porque es un designio que no tiene final y sinónimo seguro de crisis de gobernabilidad, que conlleva la imposibilidad definitiva de crecer en las condiciones del siglo XXI.

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El Foro es un espacio de encuentro de pensadores que, con variada pertenencia y plural mirada, reflexionan y trabajan con el anhelo de alcanzar el desarrollo de la Argentina y la unión nacional. Nuestra Patria, y en especial sus dirigentes, necesitan contar con concepciones y propuestas que se nutran en nuestras raíces y en los valores que nos engrandecieron, para superar la imposición de una ideología “progresista” que, con un discurso único y “correcto”, pareciera condicionar y atravesar toda la realidad política del país. La importancia de contar con una usina de ideas así inspirada, que revitalice el pensamiento y la acción al servicio del Bien Común, es lo que aquí nos une.

 

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