La educación en crisis

Por Juan Pablo Ialorenzi

Publicado en La Prensa el 9 de junio de 2021


La semana pasada, los medios se hicieron eco de dichos de algunos políticos acerca de la cuestión educativa actual, justificando la interrupción de la presencialidad escolar, lo que, para muchas familias, implica la completa suspensión de las clases. Sobran las palabras sobre este tema, pero, para graficar el problema, podemos tomar un caso que nos contaron hace algunos días: una niña que en 2019 cursó el primer grado de la educación primaria, donde aprendió a escribir en letra imprenta, durante el año pasado casi no escribió, y hoy, en tercero, le exigen que escriba en cursiva.­





Esta situación es el resultado de distintas falencias. En primer lugar, podemos encontrar la falta de prudencia del maestro -influenciado por la sociedad y, particularmente, por los centros de formación docente-, que pide al estudiante una capacidad sin considerar su realidad ni los procesos que condicionaron gravemente su estado actual. Si pensamos que los derechos del niño deberían ser tenidos en mayor consideración, las políticas sanitarias y educativas no hicieron más que contradecirlos. Por ello, otra falta es de los gobernantes, que con sus políticas atacan al fin natural de la política -el bien común-, y los intereses básicos de un Estado -la supervivencia y la soberanía-, socavando su futuro. Sobre esto, nos planteamos la misma pregunta que se hiciera Jaim Etcheverry en `La tragedia educativa': "¿Habrá muchos entre nosotros que consideren que la Argentina está en peligro debido a su crisis educativa?".­

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LA DIDACTICA HIBRIDA­


Nuccio Ordine no puede evitar demostrar su disgusto al pensar en una "didáctica hibrida", que muchos señalan como la didáctica del futuro. Una didáctica virtual es incómoda, pero no por el trabajo en sí, sino por lo que impide hacer. El contacto en el aula da sentido a la enseñanza y a la vida del docente. La pantalla es fría, la escuela digital se vacía de vida y esconde la realidad de los alumnos, que también necesitan interactuar y reconocerse para aprender. Ya sea como estudiante o como docente, quien haya mantenido encuentros virtuales durante las cuarentenas, entenderá del problema de incentivar la participación en clase, dado que, cuando el diálogo está mediado por una pantalla, la contraparte suele quedarse muteada, cuando no invisibilizada por un cuadro negro.­


La utilización de herramientas informáticas permite al docente manejar los códigos del alumno en el lenguaje multimedial. Lo cual es una gran oportunidad. Pero a su vez, sobredimensionarlas, es un atentado al vínculo personal. "No existe más que un verdadero lujo, el de las relaciones humanas", señaló Antoine de Saint-Exupéry.­

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REVALORIZACION DE LA FAMILIA­


La visible pobreza económica en este contexto remarca las diferencias en cuanto al acceso a las posibilidades educativas. Pero, además, hay un problema aún más profundo al que no se le está dando la suficiente atención. Este es el de los contextos familiares.­


El pedagogo Francesco Tonucci, en una clara y lúcida exposición, se detiene a aclarar que esta situación, si es incómoda para el adulto, lo es también para el niño que se encuentra privado de la sociabilidad y el "escape hacia afuera" que necesita para el sano desarrollo de sus capacidades. Por eso, resalta la importancia de darle un lugar a la privacidad, así como también de escuchar lo que tiene para decir, y propone una revalorización del aprendizaje en casa.­


Es verdad que las tecnologías permiten un acercamiento que, aunque imperfecto, posibilita la continuidad del vínculo, pero el mero uso de las tecnologías no es suficiente para llevar adelante el proceso educativo. Gran parte de la responsabilidad en este año y medio estuvo en las mismas familias de los estudiantes. Siendo los entornos familiares fragmentados y problemáticos, que no permiten el acompañamiento correspondiente, los que desfavorecen la educación. Así, durante estos meses nos dimos cuenta del valor que tiene la familia a la hora de acompañar los procesos pedagógicos y afectivos, en los que la escuela hoy se encuentra más debilitada. Cuando las familias se desintegran o no comparten lo suficiente entre sí, la integralidad de la formación de la persona decae.­


Otro hecho que vimos especialmente los porteños fue el del resurgimiento de las familias como actores políticos, siendo las que principalmente se opusieron al cierre de los colegios, aunque después los políticos se hayan adueñado del reclamo.­

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IMPACTO DE LA POLITICA EDUCATIVA­


Aunque no siempre se adecue al bien objetivo, el Estado, en la búsqueda de su fin, se plantea una idea de bien. Para alcanzarlo tiene distintos medios, uno de ellos la educación. En el caso de los Estados totalitarios, las relaciones humanas, la familia y las instituciones civiles son perturbadoras, por eso sus esfuerzos están puestos en disolverlas.­


En el plano pedagógico, podemos pensar que se avecina un cambio y los buenos maestros tendrán que reivindicar la educación -esto es, conocer lo esencial, lo necesario y los medios y herramientas disponibles. Pero en el plano político, nos podemos preguntar si el gobierno es inepto en la toma de decisiones y en la aplicación de sus políticas, o si está decidido a destruir las bases de la sociedad, para que una vez fragmentada, sea más fácil de controlar.­