La geopolítica de las elecciones norteamericanas

Reproducimos a continuación un fragmento que entendemos altamente significativo del trabajo publicado en el portal Geopolitica Ru por el conocido escritor ruso Aleksandr Dugin. Creemos que el ángulo de abordaje complementa las consideraciones habituales sobre el tema transmitidas por distintos medios.


El fenómeno del Heartland

El concepto más importante de la geopolítica desde Mackinder, el fundador de esta disciplina, es el “Heartland”. El cual denota el núcleo de la civilización de la civilización de la tierra (Land Power) opuesta a la civilización del mar (Sea Power).





Tanto el propio Mackinder, como especialmente Carl Schmitt, quien desarrolló sus ideas y su intuición, están hablando del enfrentamiento entre dos tipos de civilizaciones, y no solo de la disposición estratégica de fuerzas en un contexto geográfico.


“La Civilización del Mar” encarna la expansión, el comercio, la colonización, pero también el “progreso”, la “tecnología”, los cambios constantes en la sociedad y sus estructuras, reflejando el elemento líquido del océano – la sociedad líquida de Z. Bauman.


Es una civilización sin raíces, móvil, en movimiento, “nómada”.


La “Civilización de la Tierra”, por el contrario, está asociada al conservadurismo, la constancia, la identidad, la estabilidad, la meritocracia y los valores inmutables, es una cultura con raíces, de carácter sedentario.


Así, el Heartland adquiere también un significado civilizatorio: no es solo una zona territorial, lo más alejada posible de las costas y los espacios marítimos, sino también una matriz de identidad conservadora, un área de fuertes raíces, una zona de máxima concentración de la identidad.


Al aplicar la geopolítica a la estructura contemporánea de los Estados Unidos, obtenemos una imagen asombrosamente clara. La peculiaridad de los Estados Unidos es que el país está ubicado entre dos espacios oceánicos, entre el Océano Atlántico y el Océano Pacífico. A diferencia de Rusia, Estados Unidos no tiene un cambio tan inequívoco del centro a uno de los polos, aunque la historia de los Estados Unidos comenzó desde la costa Este y se trasladó gradualmente hacia el Oeste, y hoy, hasta cierto punto, ambas zonas costeras están bastante desarrolladas y representan dos segmentos de una pronunciada “civilización del mar”…


Los Estados y la geopolítica electoral

Y aquí es donde comienza la diversión. Si tomamos el mapa político de los Estados de Estados Unidos y lo coloreamos con los colores de los dos partidos principales de acuerdo con el principio de qué gobernadores y qué partidos dominan en cada uno de ellos, obtenemos tres franjas:


§ la Costa Este es azul, aquí se concentran grandes áreas metropolitanas y, en consecuencia, dominan los demócratas;


§ la parte central de los EE. UU., que es la zona del medio, está llena de zonas industriales y agrícolas (incluida la “América de un piso”), es decir, el propio Heartland, que está pintada casi en su totalidad de rojo (la zona de influencia de los republicanos);


§ la Costa Oeste vuelve a ser de mega-ciudades, centros de alta tecnología y, en consecuencia, del color azul de los demócratas.

Bienvenidos a la geopolítica clásica, es decir, a la primera línea de la “gran guerra de los continentes”.


Por lo tanto, el EE.UU. del 2020 consta no solo de muchas (varias) civilizaciones, sino precisamente de dos zonas de civilización: el Heartland central y dos territorios costeros, que representan más o menos el mismo sistema sociopolítico, marcadamente diferente del Heartland. Las zonas costeras son el área de los demócratas. Es allí donde se ubican las semillas de la protesta más activa de BLM, LGBT +, el feminismo y el extremismo de izquierda (grupos terroristas “antifa”), involucrados en la campaña electoral de los demócratas a favor de Biden y contra Trump.


Antes de Trump, parecía que los Estados Unidos eran solo zonas costeras. Trump dio voz al Heartland estadounidense. Por lo tanto, se activó y se concientizó el centro rojo de EE.UU. Trump es el presidente de esta “segunda América”, que prácticamente no está representada por las élites políticas y no tiene casi nada que ver con la agenda de los globalistas. Esta es la América de las pequeñas ciudades, de las comunidades y las sectas cristianas, las granjas o incluso de grandes centros industriales, devastados y destruidos por la deslocalización de la industria y el traslado de la industria a áreas con mano de obra más barata. Este es el Estados Unidos abandonado, traicionado, olvidado y humillado.


Esta es la patria de los deplorables, es decir, de los verdaderos nativos americanos, de los estadounidenses con raíces, no importa que sean blancos o no blancos, protestantes o católicos. Y este Estados Unidos del Heartland está desapareciendo rápidamente, poblado por las zonas costeras.


La ideología del corazón de Estados Unidos: la vieja democracia

Es significativo que los propios estadounidenses hayan descubierto recientemente esta dimensión geopolítica de Estados Unidos. En este sentido, es característica la iniciativa de crear todo un Instituto de Desarrollo Económico (1), enfocado en planes para reactivar las micro-ciudades, los pequeños pueblos y los centros industriales ubicados en el centro de Estados Unidos. ¡El nombre del instituto habla por sí solo “Heartland forward”, “Heartland adelante!” De hecho, esta es una interpretación geopolítica y geoeconómica del eslogan de Trump “¡Let’s make America great again!”

En un artículo reciente del último número de la revista conservadora American Affairs (otoño de 2020. V IV, n. ° 3), el analista político Joel Kotkin publica The Heartland’s Revival, una pieza programática sobre el mismo tema: el revivir del Heartland (2). Y aunque J. Kotkin no ha llegado todavía en el sentido pleno a la afirmación de que los “Estados rojos”, de hecho, representan una civilización diferente a las zonas costeras, se acerca a esta conclusión, desde su posición más pragmática y económica.


El centro de Estados Unidos es un área muy especial con una población dominada por los paradigmas de la “vieja América” ​​con su “vieja democracia”, “viejo individualismo” y “viejas” ideas sobre la libertad. Este sistema de valores no tiene nada que ver con la xenofobia, el racismo, la segregación o cualquiera de los otros términos peyorativos con los que los intelectuales y periodistas arrogantes de las áreas metropolitanas y los canales nacionales suelen usar para referirse a los estadounidenses comunes. Este es el Estados Unidos con todas sus características distintivas, solo que es el Estados Unidos autentico, tradicional, algo congelado en su voluntad original de libertad individual de la época de los padres fundadores. Está más claramente representada por la secta Amish, todavía vistiendo según el estilo del siglo XVIII, o entre los mormones de Utah, profesando un culto grotesco, pero puramente estadounidense que se parece de forma muy distante al “cristianismo”. En esta vieja América, una persona puede tener cualquier creencia, decir y pensar lo que quiera. Este es el origen del pragmatismo estadounidense: nada puede limitar ni al sujeto ni al objeto, y todas las relaciones entre ellos se aclaran solo en el proceso de la acción activa. Y nuevamente, tal acción tiene un criterio: funciona o no funciona. Y eso es todo. Nadie puede imponer a un “liberalismo tan antiguo” lo que una persona deba pensar, hablar o escribir. La corrección política no tiene sentido aquí.


Es aconsejable solo expresar claramente tu pensamiento, que puede ser, teóricamente, lo que sea. Esta libertad de todo, de cualquier cosa, es la esencia del “sueño americano”.


La Segunda Enmienda a la Constitución: Defensa Armada de la Libertad y la Dignidad

El Heartland de los Estados Unidos es más que solo un hecho económico y sociológico. Tiene su propia ideología. Ésta es una ideología nativa de los Estados Unidos – además, muy republicana – en parte anti-europea (especialmente anti-británica), que reconoce la igualdad de derechos y la inviolabilidad de las libertades. Y este individualismo legislativo se materializa en el libre derecho a poseer y portar armas. La segunda enmienda a la Constitución es un resumen de toda la ideología de tal Estados Unidos “rojo” (en el sentido del color del Partido Republicano). “Yo no tomo lo tuyo, pero tú tampoco tocas lo mío”. En resumen, puede tratar se de un cuchillo, una pistola, un arma, pero también de un fúsil o una ametralladora. Esto se aplica no solo a las cosas materiales, también se aplica a las creencias y formas de pensar, la libre elección política y la autoestima.


Pero las zonas costeras, los territorios americanos de la “Civilización del Mar”, los Estados azules están invadiéndolo todo. Esa “vieja democracia”, ese “individualismo”, esa “libertad” no tienen nada que ver con las normas de la corrección política, cada vez más intolerante y agresiva con su cultura de la cancelación, con la demolición de los monumentos a los héroes de la Guerra Civil o con el besar los pies de los afroamericanos, de las personas transgénero y los fanáticos del body positive. La “Civilización del Mar” ve a la “vieja América” ​​como un montón de deplorables (en palabras de Hillary Clinton), como una especie de “fascistoides” y “no humanos”. En Nueva York, Seattle, Los Ángeles y San Francisco, ya estamos lidiando con una América diferente – con la América azul de los liberales, los globalistas, los profesores posmodernos, los defensores de la perversión y el ateísmo prescriptivo ofensivo que expulsa de la zona de todo lo permisible cualquier cosa que se parezca a la religión, la familia, la tradición.

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Notas:

1. https://heartlandforward.org/

2. https://americanaffairsjournal.org/2020/08/the-heartlands-revival/

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El Foro es un espacio de encuentro de pensadores que, con variada pertenencia y plural mirada, reflexionan y trabajan con el anhelo de alcanzar el desarrollo de la Argentina y la unión nacional. Nuestra Patria, y en especial sus dirigentes, necesitan contar con concepciones y propuestas que se nutran en nuestras raíces y en los valores que nos engrandecieron, para superar la imposición de una ideología “progresista” que, con un discurso único y “correcto”, pareciera condicionar y atravesar toda la realidad política del país. La importancia de contar con una usina de ideas así inspirada, que revitalice el pensamiento y la acción al servicio del Bien Común, es lo que aquí nos une.

 

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