La soberanía líquida y las Naciones Unidas

Por Antonio Calabrese

 

La adjetivación del título parece seguir el pensamiento de Zygmunt Bauman, aunque solo reconoce un padrinazgo lejano con su idea, tal vez inspiradora, salvando las evidentes distancias.

Uno de los primeros teorizadores, Jean Bodin, o Bodino o Baudin, un abogado y clérigo francés, allá por el siglo XVI, sostenía que la soberanía podía ser un poder con pretensiones ilimitadas, absolutas, a diferencia del concepto más moderno y acotado que consiste en el ejercicio de un poder superior a cualquier otro dentro de un territorio.

La paz de Westfalia en el siglo XVII, al fin de la guerra de los treinta años, impuso el criterio de las fronteras inviolables, de la soberanía interna, de la autodeterminación de los pueblos, de la no injerencia externa, del respeto entre las naciones cualquiera sea su poderío militar.

Sobre esos principios giraron los esfuerzos de paz desde entonces, siendo los que finalmente trescientos años después, sirvieron de fundamento para crear las Naciones Unidas al fin de las dos grandes guerras.

La idea de la soberanía sin embargo, fue mutando con el tiempo, en particular durante el siglo pasado y el presente, “licuando” o cercenando su contenido.

A grandes rasgos podrían señalarse dos tipos de limitaciones, las auto infringidas como los acuerdos multilaterales o aun bilaterales, en los cuales los Estados las ceden, delegan, transfieren o abandonan en distintos niveles como en la formación de comunidades regionales, unificación de la moneda, control del armamentismo, unificación aduanera, impositiva o fiscal, Alianzas militares, etc. y aquellas otras decisiones que el poder, ya no tan soberano, debe soportar aunque no forme parte del proceso decisorio pero que tienen efecto en su territorio, las que son tomadas por grandes grupos transnacionales, los que por efecto de la libertad de comercio, de la velocidad de la información, de la globalización, de las transversalización de los negocios, etc. le son inalcanzables con la amenaza del aislamiento para el caso de incumplimiento.

Entre estas últimas como una subcategoría podrían incluirse las medidas financieras y corporativas de orden internacional que deben acatarse a fin de poder pertenecer y operar en el sistema en algunos casos, mientras que en otros, lo deberá hacer obligatoriamente para evitar sanciones o bloqueos.

Consecuentemente, la soberanía, o el poder de los Estados, es detenido de esta forma, poco a poco, y las limitaciones son crecientes en el incremento de la necesaria conectividad o convivencia internacional.

Se va sometiendo a reglas o protocolos impuestos por la generalidad.

Porque los paises deben interactuar, deben proveerse de lo que carecen y entregar lo que sobreabunda, vender la producción local o parte de ella e importar los insumos, la maquinaria, la tecnología necesaria, etc. en las que el crédito es insustituible, las rondas de comercio, los aranceles, las políticas cambiarias, las patentes, permitirán si se logran acuerdos, avanzar en cesiones y concesiones, progresar y ampliar las posibilidades de mejorar la calidad de vida de cada pueblo.

Pero si bien la soberanía como emblema del poder de un Estado, es decir de una nación jurídicamente organizada, tiene hoy distinta significación así también los Organismos Multinacionales como las Naciones Unidas que fueran destinados originalmente a protegerlas, a impedir la beligerancia armada, ante la proliferación de las controversias con distintos pretextos pierden sentido transformándose en inútiles en este aspecto.

La teoría alegada recientemente de la “guerra provocada”, aunque esta fuera auto percibida, ( ej. : la intención “peligrosa” de un país vecino o fronterizo de ingresar a una comunidad con otros Estados soberanos, etc.) se completa con la esgrimida en conflictos anteriores donde los mismos se desatan antes de que ocurran, como el caso de la “guerra preventiva”, prevención también auto percibida, (El supuesto uso o arsenal de armas químicas, etc.). Es decir siempre hay un motivo. Al derecho o al revés para justificar la invasión, el inicio de la conflagración.

Las constantes disputas parecen haber terminado con la doctrina de aquella paz de Westfalia, que ya no alcanza para impedir estas calamidades atropellando soberanías.

Las Naciones Unidas tampoco demuestran servir ahora para sus objetivos fundacionales, siendo en estos casos, de incompetencia manifiesta.

La cuestión de la guerra y el mundo en tensión ha quedado irresuelta e incrementada con motivo de la irrespetuosidad o “licuación” de las soberanías no solo desde el punto de vista bélico sino también político y económico, como se expresó anteriormente.

Por lo tanto dada la tendencia actual a dominar no solo los mercados sino los propios paises por los más poderosos, entendemos que una de las formas de preservación de las naciones se encontraría en la protección de sus culturas nativas.

La identidad es la que las diferenciará del resto y las hará fuertes potenciándolas. Deberán preservar su lengua que es el factor más importante, porque con ella se comunica, se entiende, se reconoce, cuya alteración o destrucción debe evitarse (inclusividad, etc.) lo que no impide los dialectos, el lunfardo y otras expresiones propias de pequeños grupos interiores, porque siempre resguardaran la originaria y oficial que es la de pertenencia común.

También sus sabios, su música, su folclore, sus personajes en las letras, sus autores, en especial aquellos que la identifican por encima de la universalidad del arte o el conocimiento. Leopoldo Marechal decía, que un poeta nacional era aquel cuyo origen se podía identificar aun en el simple elogio a una rosa. Tal por ejemplo fue la que sobre sus versos “A un domador de caballos” le hizo la crítica europea expresando que solo un argentino pudo haberlos escrito.

El nacionalismo entendido como la defensa de una nación, hoy no puede refugiarse solamente en un poder soberano, más o menos limitado, que puede darle un peor o mejor nivel de vida, sino que debe envolverse en el respeto y amor a su historia, a sus glorias, a sus héroes, a su arte, en sus tradiciones, en su cultura, que tremolaran con su bandera en todos los vientos, transmitiéndola de generación en generación, o dejará de serlo.