La trampa del "centro"

Por Miguel Ángel Iribarne

 
Carl Schmitt, jurista alemán
Carl Schmitt, jurista alemán

El lunes 28 de marzo se celebró la recepción anual de la Fundación Conciencia. Su habitual capacidad de convocatoria volvió a manifestarse con la asistencia de un buen número de integrantes de lo que en otros países se llamaría Establishment y, entre nosotros Círculo Rojo. A este componente se agregó, en esta ocasión la presencia de un puñado de dirigentes partidarios que se caracterizan por revistar en las autodesignadas como “alas moderadas” de ambas coaliciones políticas, es decir los cuadros potenciales de una gran convergencia centrista.


A qué obedece esta afinidad natural y ahora explícita de los primeros con los segundos? No es difícil responder a esta pregunta. Entendemos que el Establishment, en cualquier país, no debe ser confundido con el liderazgo real. Se trata, más bien, de los estratos sociales que, aunque puedan estar insatisfechos –y muy insatisfechos- con una determinada coyuntura, más que a ella misma temen a una conmoción de las estructuras que amenace su posición. Esto es particularmente visible en una sociedad como la argentina, caracterizada por su capitalismo prebendarlo, en que el elenco de quienes ocupan niveles altimétricamente superiores, careciendo por sí mismos de iniciativa estratégica, desconfían especialmente de los trastornos en el orden específicamente político. Y ello tanto de los que puedan ocurrir por el ímpetu destructivo de la Extrema Izquierda como del constructivo de la Derecha.


De allí una afinidad natural entre los satisfechos en la economía o en el status con los políticos cuyo oficio es el diálogo in aeternum, la clase discutidora de que habló DONOSO CORTÉS y que acertadamente describiese CARL SCHMITT al hablar del “Romanticismo Politico”, rótulo bajo el cual el jurista renano incluía a quienes huían de la decisión, instancia propia de la Política, para refugiarse en la negociación y la deliberación infinitas. Esto nos ayuda a entender porqué en la mayor parte de Occidente el Establishment es socialdemócrata o progresista. No olvidemos que en tiempos de la Revolución Francesa, los luego calificados como centristas ocupaban, en el diagrama ideo-topográfico de la Asamblea, la zona denominada le marais (el pantano)…


Ahora bien, la consolidación de tendencias semejantes en un país en las condiciones del nuestro no puede llevar sino a lo que Vicente Massot llama el estatuto del “subdesarrollo sustentable” ,cuya cuasi inexorabilidad pronostica. Está claro que, para desviarse de ese camino, hace falta una reacción política de singular energía, que no sólo incluye, sino que supone el avance en el combate cultural en el que estamos comprometidos.


Existe un sustrato social que habilite semejante empeño? Estamos convencidos de que la respuesta es positiva. No puede negarse la vigencia en el país de una derecha sociológica que poco tiene que ver con la actual estructuración del sistema de partidos. Palabras más, palabras menos, lo hemos dicho tiempo atrás en estas mismas páginas. Varios millones de compatriotas comparten una serie de instintos o reflejos inequívocamente de derecha. Por ejemplo:

- rechazan todo lo que huela a abolicionismo penal y, en cambio, exgen una mano dura que remite inequívocamente a la concepción hobbesiana de la política;

- reclaman una dramática reducción de la presión fiscal;

- demandan un punto final para las usurpaciones de tierras;

- son antipiqueteros y “antiplaneros”;

- no aceptan que desde la escuela o desde el poder se pretenda educar sexualmente a sus hijos según la ideología de género;

- en cuanto al nivel socioeconómico pertenecen a la Clase Media Media o Media Baja; son, o procuran ser, propietarios;

- son a-ideológicos y rechazan todo compromiso con los partidos existentes aunque, “tapándose la nariz”, los voten.

Estamos hablando de pequeños comerciantes, chacareros, mecánicos, artesanos, remiseros, talleristas, jubilados, emprendedores, etc., que desde hace décadas se ven obligados a optar entre candidatos que pertenecen a una Clase Política cuya cultura no solo le es ajena sino contradictoria con su sensibilidad y sus intereses.


Que esta derecha sociológica se convierta en una derecha política es la pesadilla de la actual dirigencia. Y debe ser nuestro norte. El indicio de que ello comienza a ocurrir será la conmoción de las actuales estructuras que organizan la oferta política en la Argentina, básicamente de las dos coaliciones predominantes. Y, aun más allá de ello, la percepción de la caducidad de las categorías de peronismo y antiperonismo como líneas divisorias insuperables en la discusión sobre los asuntos públicos. A la historia lo que es de la historia y a la política –que es vivo presente- lo que le pertenece.