Las razones de la sin razón en la guerra de Ucrania.

Por Gustavo Druetta

 

Al introducir un capítulo sobre la Rusia stalinista "Ojalá pudiese recordarlos a todos; Moscú,1938", el español Guillermo Altares ("Una lección olvidada - Viajes por la historia de Europa", 2018), hace una cita que los historiadores juzgarán: ""La historia, como la naturaleza, tiene horror al vacío, ninguna guerra puede concebirse aislada de una corriente histórica" (Herbert Matthews, corresponsal de The New York Time en la Guerra Civil Española (1936-1939).


Altares, corresponsal de guerra en los 2000, escribe su relato en base a testimonios recogidos por él y otros autores, y reconoce como referente al gran historiador de la Revolución Rusa y su "tragedia", Osvaldo Figues. En especial el ensayo "Los que susurran" sobre la época del Gran Terror (1937/1938) en la URSS, donde una infidencia podía provocar una denuncia y ser víctima de la matanza ordenada por Stalin a la NKVD.


La que asesinó de un tiro en la nuca, la mayoría en aquellos dos años, a una cifra cercaba a 700.000 "disidentes" prisioneros en cárceles y campos de trabajo forzado. Policía secreta soviética, precedida de la "checa" de 1917, cuyo nombre fue cambiado bajo sucesivos liderazgos en la segunda mitad del siglo XX.


En esa siniestra "tradición" se acunó durante la Guerra Fría en un poststalinismo más sofisticado, el joven Vladimir Putin. Su nombre propio sugiere que su familia adhería a la memoria glorificada de Vladimir Illich Lenin.


Del terror totalitario y venal que impuso la nomenclatura comunista, tienen muy acendrada memoria los pueblos de Europa del Centro Este. Incluído Ucrania.


Terror en la URSS que incluye en la década del 30 y principios de los 40 el período más intenso de las "purgas", incluso de los camaradas más destacados de la vieja guardia revolucionaria bolchevique, acusados de desviación y traición, y arrojados a "La Lubianka".


Famosa mazmorra de Moscú en la que se torturó y asesinó a decenas de miles de personas. Que inspiró al siniestro "Ministerio del Amor ("1984", la novela distópica de G. Orwell).


Dicho sea de paso, época de degradación flagrante de los ideales de la solidaridad socialista, de la que parece no avergonzarse la clientela política de Putin. Lo que se difuma sobre la mayoría del pueblo ruso que estaría apoyando la invasión a Ucrania.


A qué viene aquella época de tragedia que ocurrió allá lejos en la primera mitad del S. XX?


Se explica mediante otra lección de la presencia indeleble de la historia de las guerras del siglo XX hasta el presente, como las del bombardeo ruso a la población civil ucraniana no combatiente y la matanza de prisioneros civiles en venganza a sus fracasos belicos y numerosas bajas..


Lo que los europeos "latu sensu" y los norteamericanos practicaron en la 2da. G.M.. Con USA seguida de Alemania, Rusia, Inglaterra y Japón en el podio de los asesinos masivos de mujeres, niños y ancianos del país enemigo.


La foto y rostro de un niño ucraniano al lado de la tumba de su madre muerta bajo bombardeo ruso, trae a colación un pasaje del libro del madrileño Altares, que refiere a una bomba que cayó cerca de su casa en 1936 (no había nacido) a unos cientos de metros de la Puerta del Sol, el 30 de octubre de 1936.


Citando el libro de Arturo Barea, "La forja de un rebelde", cuenta que la aviación del bando "nacional", en uno de sus bombardeos metódicos a los barrios populares de Madrid, impactó con una bomba en "La Gota de Leche". Institución contra la desnutrición infantil en una zona cuya pobreza que había retratado unos años antes Benito Pérez Galdós en "Misericordia".


Esa es la misma virtud bíblica que Alexander Dugin, filósofo de la geopolitica auroasiática e ideólogo del putinismo bélico, propone practicar en la guerra ruso-ucraniana, lo que se traduce en ser compasivo (en código laico), plasmado en el respeto a los derechos humanos en el moderno lenguaje jurídico penal internacional.


Pero oh sorpresa! Su prédica carece de la más mínima mención a los crímenes de guerra que vienen ocurriendo en Ucrania a cargo de la "operación especial" invasora, tan prolongada y extensiva que imita a una guerra generalizada y prolongada. A nadie engaña ya aquella ridícula pirueta semántica.


La masacre de civiles ucranianos bombardeados a mansalva, recuerda la "Guerra Civil Española" (la "1ra." G.M. por su intensa internacionalización). Temprano ensayo de los criminales bombardeos sobre poblaciones en la 2da. Guerra Mundial por parte del Tercer Reich, luego superado por los Aliados.


"A aquella hora había una larga cola de mujeres, muchas de ellas llevando un niño, que esperaban la distribución diaria de leche (idem nuestros "merenderos" del conurbano).

Unos metros más abajo, las prostitutas ejercitaban el comercio.


Una bomba había caído en medio de la calle y sus cascos habían rociado por igual a las embarazadas y a las prostitutas. Una mujer se enderezó sobre un muñon sangriento que había sido su brazo, dió un grito y se dejó caer pesadamente.


Inmediato a mí había un montón revuelto de faldas y enaguas, entre las que salía una pierna doblada en un ángulo absurdo sobre un vientre hinchado" (Barea, op. cit.)


Entonces, cuál es la piadosa fórmula de "misericordiosa" que propone Dugin, si de ella excluye la denuncia de los crimenes que los soldados de su "Príncipe" del Kremlin cometen con la población civil ucraniana. A imagen y semejanza de sus ex aliados, otros asesinos globales Ninguna. Sólo una racionalización ideológica de la impiedad .


La escritora húngara Ángeles Heller ("El hombre del Renacimiento", "La era del individualismo"), filósofa e historiadora formada en el marxismo de postguerra, se habría "dado cuenta" (expresión sugestiva de A. Buela en el seminario de metapolitica) de la verdad oculta en la teoría y práctica del comunismo stalinista, que aplastó la rebelión húngara de 1956.


Disidente del régimen húngaro títere, finalmente se exilió en Australia y USA.


Joven sobreviviente del "Holocausto", no así su padre (ella y su madre se salvaron de ser asesinadas por fascistas húngaros a orillas del Danubio), su vida resume, como tantas otras de diferentes etnias y confesiones, el temperamento trágico del Siglo XX en Europa.


Y en particular, en los paises de su centro-este europeo, oprimidos y desnacionalizados por la URSS, además de la mitad de Alemania vencida y repartida con sus aliados occidentales.

En menor escala (hasta hoy) se vive en Ucrania un revival de aquellos horrores


A propósito de la política de dominación satelital del centro este europeo por Stalin y sucesores, recuerda Altares (op.cit.):


"Pese a la desestalinización (a la muerte del déspota) los dirigentes no estaban, ni mucho menos, dispuestos a tolerar ninguna fisura en su bloque, como se confirmaría (luego de Hungría) unos años después, en1968, en Praga. Una tendencia histórica que continúa hasta nuestros días, con Vladimir Putin, la guerra en Ucrania y la anexión de Crimea". Acertada profecía del 2018, sobre el peligro latente de la renovada expresión del ADN eslavo ruso.


Regresada a Budapest a la caída de la URSS, Heller fue entrevistada por Altares a sus 87 lúcidos años y aún con actividad como conferencista internacional.


Preguntada si creía en la razón después de lo vivido y sufrido, respondió

significativamente:


"No, he visto cómo en nombre de la razón se mataba a millones de personas. Sólo la razón permite los asesinatos en masa, pues los justifica. La maldad puede matar a unos pocos, pero es la persuasión, el llamamiento a la razón, lo que te puede llevar a hacer cosas mucho más terribles".


Y al serle preguntado si creía en algo, respondió:

"Las personas buenas existen, siempre han existido y siempre existirán. Y sé quienes son las buenas personas. (...) en los peores momentos de la humanidad existe la gente buena".


Cualquier parecido con la realidad actual entre Rusia y Ucrania por un lado, y por el otro, en todas partes en que los pueblos del mundo sean asediado, amenazados o bombardeados por cualquiera de las grandes potencias económicas y/o militares, en la que sería una 2da."Guerra Fria", no es mera coincidencia.


Hoy como ayer, sólo calentada en los márgenes geopolíticos de los hegemones en permanente disputa por el poder ecuménico mundial.