Logos, hospitalidad y democracia. Volver al origen de Europa de la mano de A. Del Noce y San Benito

Por Carolina Riva Posse

Publicada en Revista Sapientia en edición julio-diciembre 2019


  1. La hospitalidad en la Regla de San Benito, y las raíces cristianas de Europa

En la Regla de San Benito encontramos algunas indicaciones para la recepción de los huéspedes: “Cuando se anuncie un huésped, el superior o los hermanos salgan a su encuentro con la más solícita caridad. Oren primero juntos y dense luego la paz”[1]. Se dice también: “Léanle al huésped la Ley divina para que se edifique, y trátenlo luego con toda cortesía” [2]. El superior quebrará el ayuno por la llegada del huésped, y toda la comunidad le lavará los pies. En el monasterio debe haber siempre camas preparadas para huéspedes.



¿De dónde esta cuidadosa hospitalidad? Dice la Regla, en el huésped es a Cristo a quien se recibe[3].


La historia de nuestro mundo es la historia de la transmisión de esta experiencia: “Huésped fui y me recibieron” [4]. Experiencia de gratitud por un encuentro que plenifica, que habla de amor, comunicación y correspondencia. Convicción de encontrar en el otro a Cristo mismo, y de encontrarse a sí mismo en esta experiencia.


Para entender la génesis de esta cultura de la hospitalidad, propia de la tradición benedictina, pero también origen de la cultura europea tout court, podemos preguntarnos si los monjes se proponían en primer lugar fundar lugares de acogida, convertirse en personas hospitalarias principalmente, así como algunos pueden preguntarse si los monjes quisieron en primer lugar fundar una cultura cristiana. Benedicto XVI nos dice en el Collège des Bernardins, que su motivación era mucho más elemental, y era quaerere Deum, buscar a Dios (como por otro lado lo dice el mismo Benito en la Regla)[5].


En pos de su objetivo se iba unificando el resto de la vida. Los monjes querían pasar de lo secundario a lo esencial, y teniendo esta mirada, lograron por añadidura una cultura y una forma de vivir que nos llega hoy. El cristianismo es el anuncio de que se cumple la promesa de satisfacer el deseo del corazón. ¿Hay alguien que desee la vida y gozar de días felices? [6]


Una primera advertencia sobre esta prioridad de objetivos es necesaria, para no caer en una afirmación ideológica de lo que podemos llamar los valores de Europa, o de la cristiandad. Benedicto nos recuerda la búsqueda de Dios como lo fundamental de la vida.


  • Exterioridad de las fuentes: síntesis de Atenas y Jerusalén

Europa nació hospedando a lo otro. Para ser fiel a sí misma, tuvo que reconocerse no fuente de sí misma. Firme en esta búsqueda de Dios, es fiel al encuentro que ha tenido, y que constituye una síntesis entre Atenas y Jerusalén. Para este punto resulta muy útil la obra de Rémi Brague, quien habla de la exterioridad de las fuentes culturales de Europa. Los monjes, por su fidelidad al encuentro con Cristo, por adherirse al hecho del Logos hecho carne, rastrean toda semilla del Logos. Los monjes copian, conservan y transmiten un legado que no han producido[7].


Dice Brague que la forma de aprendizaje de Europa es la vía romana. ¿A qué llama la vía romana? El filósofo francés explica que los romanos tenían un sano complejo de inferioridad con respecto a los griegos, y que, aunque se consideraban más aptos que ellos para guerrear, les reconocían una superioridad cultural, que los llevó a estudiar griego y a apropiarse de su literatura y mitología. Europa no surge encerrada en sí misma, sino en esta secundariedad, en esta recepción y discernimiento de todo lo que podía alimentarla[8]. Europa es apertura al diálogo, apropiación de lo extranjero, inculturación.


En el quaerere Deum, en la búsqueda del Lógos, encontramos el método de esta cultura. No se trató de una apertura indiscriminada, de una asimilación acrítica, sino de una evaluación juzgada a partir de lo recibido. Siguiendo a Pablo, podríamos decir que el ideal de la formación de la cultura fue el “Examinadlo todo y quedaos con lo bueno” [9]. Un verdadero diálogo es búsqueda de lógos, de razones, entre dos, como enseña Emilio Komar[10]. Tiene que existir voluntad de encontrar la verdad, respeto por el otro en cuanto otro, y tiene que existir también fidelidad al propio ser.


En las indicaciones de San Benito vemos cómo se enmarca la hospitalidad en la trascendencia, en el orar juntos, que apunta al sentido último de todo lo que se hace, y en la lectura de la Ley Divina se le dice al huésped quién lo acoge, qué se valora en esa casa. Se le comunica claramente la propia identidad para que exista verdadera comunicación entre las personas.


¿Qué ocurrió en el mundo, donde esta hospitalidad nos resulta tan extraña? ¿Es la identidad dialógica el rostro del mundo de hoy? ¿Por qué ocurre la fragmentación de la vida personal, la soledad, la pérdida del sentido de la vida? ¿Qué ocurrió con Occidente, que desde hace tiempo está amenazado por una aversión a los interrogantes fundamentales de su razón?

  • La autonomía moderna y la revolución como proyecto salvífico

Las grandes palabras en torno a las que se constituyó Europa: persona, trabajo, progreso, libertad, que en la fe hecha cultura gestaron su significado, hoy están vacías de contenido o han perdido su espesor, como advierte el teólogo español Julián Carrón[11]. Una cultura que brota del encuentro cristiano quiso ser sacada de raíz para mantener sus frutos, y se fue marchitando por la ausencia de ese suelo nutricio[12]. Carrón se refiere en este punto a la Ilustración. Un ejemplo paradigmático es el reconocimiento de la dignidad de todo ser humano. Hasta la llegada del cristianismo esta noción no existía. No todos eran considerados personas. Hoy podemos preguntarnos si la concepción de persona y el reconocimiento de la igual dignidad de todo ser humano puede sostenerse sin el cristianismo que la gestó.


Augusto Del Noce, filósofo político nacido en Turín, insiste en afirmar que la historia contemporánea es historia filosófica, porque en el siglo XX hay un “estrecho paralelismo entre historia de las ideas e historia de los hechos” [13]. Muy brevemente podemos decir que en el siglo pasado se pone en práctica la idea de Revolución, que es punto de llegada del racionalismo. Al igual que Carrón, Del Noce ve en la modernidad ilustrada el intento de crear un mundo como si Dios no existiera. Para Del Noce, las utopías políticas implantadas en el siglo XX revelaron la faz totalitaria del ateísmo, que ya estaba en su inicio. El rechazo del estado de caída, propio del racionalismo, implica la normalidad del mal, el rechazo de un “más allá”, la afirmación de la autonomía del hombre, el rechazo de la dependencia (el ateísmo, por lo tanto). El racionalismo no espera la salvación. La Revolución es un proyecto salvífico. Se sustituye la búsqueda metafísica, de la racionalidad interna a lo real, por la acción política

que recupera los poderes de los que el hombre se había alienado[14]. Se pone en práctica como una lucha contra todo lo que remita a la trascendencia; por lo tanto, es lucha contra todo lo dado. No hay realidad que no sea radicalmente producto del hombre. En la revolución, la filosofía se hace mundo, y acabado su momento mesiánico, va mostrando su carácter disolutorio. El nihilismo en el que hoy estamos inmersos es resultado de la revolución.


Hoy vivimos en la “muerte de lo sagrado” [15], porque se ha implantado culturalmente la inmanencia. Vivimos en la caducidad de todas las cosas, en la sociedad líquida, en donde caen juntos el “trinomio indisoluble de patria, familia y religión” [16]. Estas realidades no se pueden mantener sin un horizonte trascendente. ¿Qué es una familia? ¿Qué es ser varón, mujer, persona humana? Lo que hasta hace poco se aceptaba como evidente hoy ya no lo es.


Dice Del Noce: “Fin de la religión, de la libertad y de la democracia, que será el fin de Europa: porque el principio por el que ha surgido la civilización europea es aquél de un mundo de verdades universales y eternas, de las que todos los hombres participan. El principio del Lógos, en otros términos” [17]. No hablamos de Europa como un espacio geográfico, sino un “territorio ideal”, formado al calor del cristianismo, combinando, como veíamos con Brague, Atenas y Jerusalén, en que las personas se esfuerzan por contemplar por sí mismas las verdades inmutables, ideas platónicas, una realidad trascendente. Para Del Noce, que caiga Europa significa también que caiga la libertad, que caiga la democracia. ¿Qué es democracia para Del Noce? “Lo que caracteriza a la democracia no es el gobierno de la mayoría, sino el respeto por el individuo singular” [18]. Entonces para Del Noce, con Europa se derrumba la democracia porque se derrumba la conciencia del valor infinito de la vida de la persona individual.


La base de la cultura de Europa era la búsqueda de Dios y la disponibilidad para escucharle. Cerrada al lógos por la imposibilidad del relativismo de acoger algo como verdadero, el hombre de hoy tiene más dificultades para entenderse y entrar en consistente contacto con los otros. El diálogo se vuelve también más complejo, en un mundo en donde las identidades son fluctuantes y no hay voluntad de profundidad[19]. Podemos encontrar una declamación de tolerancia y de aceptación de las diferencias, probablemente mayor que en el pasado, pero asistimos a una violenta intolerancia, que no siempre se manifiesta con fuerza física. El relativismo se muestra dictatorial, como advierte Del Noce cuando dice que la “Consigna del nuevo laicismo es que es preciso ser tolerantes con toda forma de pensamiento, salvo con una: aquella que se presenta como aseveración de una verdad absoluta y definitiva” [20]. No hay verdad, no hay libertad. Es el fin de toda hospitalidad.


  • Conclusiones

¿Entonces se trata de volver al pasado? De ningún modo. Una defensa identitaria no nos llevaría a encontrar al otro. Querer proclamar valores desenraizados de la experiencia de la que han brotado no ha funcionado en la historia, y sería ese uso ideológico del que advertimos al inicio. Sería adorar las cenizas, y no mantener vivo el fuego, como nos manda el Papa Francisco, citando a Mahler.


Mantener vivo el fuego sería la forma de ser fieles a la tradición[21]. Transmitir algo vivo, transmitir una presencia.


Volver a Benito, como propusimos en primer lugar, es volver al testimonio de una vida transformada por el encuentro con Cristo, y la mirada transformada hacia los demás.

Así como la ideología de afirmación de los valores europeos sacados de la raíz de la experiencia cristiana podría ser un riesgo, quizás movido por alcanzar una hegemonía cultural, el otro riesgo podría ser el abandono del anuncio cristiano a la sociedad, el recluirse en un espacio de privacidad. No fue esta la experiencia benedictina. La fidelidad a lo encontrado, enclavados en su propio lugar, los monjes fueron fuente de irradiación, que atrajeron a miles a vivir en torno. Si se reconoce como verdadero lo encontrado, la universalidad es una exigencia natural, es decir, el deseo de comunicarlo a todos los hombres se vive como una necesidad.


Tenemos que pensar la vida democrática en nuestras sociedades como espacios que posibiliten la narración recíproca de la propia subjetividad, que garanticen libertad para expresar la propia identidad, en el respeto por la búsqueda de cada ser humano. No hay sistema humano que garantice la ausencia de atropellos, pero es nuestro deber apuntar a la mayor hospitalidad posible.


Rémi Brague nos propone un ejercicio para entender esta fidelidad a lo encontrado, y para mantener vivo el fuego: “Podemos emprender un examen de conciencia frente a nuestra civilización presente. Debemos preguntarnos: ¿somos capaces todavía de alabar? ¿Somos todavía conscientes de poseer algo de lo cual estamos agradecidos?” [22]

  • Bibliografía

SAN BENITO, Regla de monjes, Editorial Benedictina, Buenos Aires, 1947


BENEDICTO XVI, “Discurso al mundo de la cultura en el Viaje Apostólico a Francia”

https://w2.vatican.va/content/benedict-xvi/es/speeches/2008/september/documents/hf_ben- xvi_spe_20080912_parigi-cultura.html consultado el 15/4/2019


FRANCISCO, “Discurso del Santo Padre Francisco al movimiento de Comunión y Liberación”, https://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/m arch/documents/papa-francesco_20150307_comunione- liberazione.html, consultado el 14/4/2019


BRAGUE, Rémi. Il futuro dell’Occidente, Milano: Rusconi, 1998, “From What is Left Over”, en First Things, agosto 2017. https://www.firstthings.com/article/2017/08/from- what-is-left-over , consultado el 10/4/2019.


CARRÓN, Julián. La belleza desarmada, Trad. Belén de la Vega, Madrid: Ediciones Encuentro, 2016.


DEL NOCE, Augusto. Rivoluzione, Risorgimento, Tradizione, Milano: Giuffrè, 1993.


L’epoca della secolarizzazione, Milano: Giuffrè, 1970.


Il problema dell’ateismo, Bologna: Il Mulino, 1990.

Disponible en: https://www.firstthings.com/article/2017/08/from-what-is-left- over, consultado el 10/4/2019.


Il suicidio della rivoluzione, Milano: Rusconi, 1978.


“Sul centro, il postfascismo e i comunisti”, en Centro: tentazione senza fine, con Norberto Bobbio, a cargo de L. Cedroni, Milano: Donizelli, 1995.


Giovanni Gentile, Bologna: Il Mulino, 1990.


KOMAR, Emilio. La estructura del diálogo, Buenos Aires: Ediciones Sabiduría Cristiana, 2010.


[1]San Benito, 53, 3.

[2] San Benito, 53, 9.

[3]San Benito, 53, 1.

[4]Mt. 25:35.

[5]San Benito, 58, 7.

[6] San Benito, “Prólogo”, 15.

[7] Cfr. Remi Brague, Il futuro dell’Occidente (Milano: Rusconi, 1998), 118-119.

[8] Cfr. Brague, Il futuro…, 42-44.

[9] I Tes., 5:21.

[10] Cfr. Emilio Komar, La estructura del diálogo (Buenos Aires: Ediciones Sabiduría Cristiana, 2010), 7.

[11] Julián Carrón, La belleza desarmada (Madrid: Ediciones Encuentro, 2016), 25.

[12] Cfr. Carrón, La belleza…, 28.

[13] Augusto Del Noce, Giovanni Gentile (Bologna: Il Mulino, 1990), 12.

[14] Cfr. Augusto Del Noce, Il suicidio della rivoluzione (Milano: Rusconi, 1978), 5.

[15] Augusto Del Noce, Rivoluzione, Risorgimento, Tradizione (Milano: Giuffrè, 1993), 240.

[16] Del Noce, Rivoluzione…, 246.

[17] Augusto Del Noce, L’epoca della secolarizzazione (Milano: Giuffrè, 1970), 96.

[18] Augusto Del Noce, “Sul centro, il postfascismo e i comunisti”, en Centro: tentazione senza fine, con Norberto Bobbio, a cargo de L. Cedroni (Milano: Donizelli, 1995), 30.

[19]Cfr. Komar, La estructura..., 50 y ss.

[20] Augusto Del Noce, Il problema dell’ateismo (Bologna: Il Mulino, 1990), 12.

[21] FRANCISCO, “Discurso del Santo Padre Francisco al movimiento de Comunión y Liberación”, párr. 7. Disponible en: https://w2.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2015/march/documents/papa- francesco_20150307_comunione-liberazione.html, consultado el 14/4/2019.

[22]Remi Brague, “From What is Left Over”, en First Things, 2017, párr. 28.