Perspectivas de un gobierno talibán en Afganistán

Por Ricardo Auer

Publicado en Infobae el 21 de agosto de 2021


Feroces disputas internas, el tráfico de drogas e intereses geopolíticos moldearán la nueva realidad en Medio Oriente.

Demasiadas incertidumbres acechan el futuro de Afganistán y en especial el de sus mujeres, que desconocen cómo transcurrirán sus vidas en los próximos tiempos. Hay varios indicios que muestran que el régimen talibán no podría ser parecido al horror sufrido durante los años de su gobierno anterior (1996-2001). Sería lógico suponer que ahora pretenderán mantenerse en el poder por bastante tiempo y que para ello deberán adaptarse a las realidades de los tiempos presentes, con una internet integrada a celulares; con redes sociales en manos de sus ciudadanos para comunicarse con el mundo; y en particular, con las mujeres participando activamente de la vida profesional, política y administrativa del Estado.


Entender Afganistán nunca fue fácil para los occidentales. Sufrieron muchas invasiones, pero nunca pudieron ser ocupados por largo tiempo. Ni ingleses ni rusos ni norteamericanos pudieron doblegar su orgulloso nacionalismo, que va más allá de la religión musulmana. En todas partes del mundo los fundamentalismos religiosos o ideológicos, suelen ser usados como pantallas, para enmascarar otros intereses: geopolíticos o negocios sucios, pero muy lucrativos. Es un modo sutil de “reservar” zonas, de restringir libertades, de meter miedo y eliminar competencia, impidiendo el acceso a terceros en discordia. Afganistán no es una excepción; desde la antigüedad es conocido por su enorme producción de opio de buena calidad, materia prima de drogas legales e ilegales. Los talibanes controlan toda la cadena interna de producción y el tráfico interno hacia las redes externas. Más del 80% de la heroína mundial se produce en Afganistán, que luego de salir vía Pakistán, es distribuida por las mafias italianas, norteamericanas, rusas, chinas, africanas, y las de Medio Oriente. Compite en la producción con el Sudeste Asiático (Laos, Vietnam, Birmania), más especializada en los mercados japoneses, filipinos y otros países asiáticos.


Indirectamente, también Afganistán abastece al mercado de las grandes farmacéuticas que demandan opio para producir morfina y codeína (fuertes analgésicos). Oficialmente les compran a productores registrados, pero India se ha posicionado como un gran productor de materias primas genéricas farmacéuticas, y aunque sea imposible comprobarlo, algún canal con Afganistán podría haber.


Los talibanes son en su mayoría pashtunes, pero hay muchas otras etnias en Afganistán, país de 30 millones de habitantes, que controlan territorios. Los pashtunes (42%) son mayoría en el sur y en el este; los tayikos (27%) están más concentrados en el noreste; los hazaras (9%) en el centro; los uzbekos (9%) pueblan principalmente el norte. Las feroces disputas internas entre ellas, explican la sostenida inestabilidad política, porque todas quieren mantener sus respectivos “cotos de caza” o zonas productoras. Los varios gobiernos corruptos expresan principalmente que el control del macronegocio del opio sigue siendo un objetivo central. Nadie en el mundo geopolítico desconoce esta realidad.


La decisión política de Estados Unidos de ocupar Afganistán fue consecuencia del apoyo talibán al grupo que atacó a las Torres Gemelas, disfrazándolo ideológicamente como “proceso de democratización” y en los tramos finales como “asesoramiento militar a las Fuerzas Armadas afganas” (ridículo enseñarles a combatir a los que siempre lo han practicado). Las visiones divergentes en los sucesivos gobiernos de Estados Unidos por este tema, reflejaban también que había intereses oscuros, no geopolíticos, detrás de prolongar esa intervención, probablemente relacionado con ese macronegocio. Resulta absurdo pensar que Estados Unidos gastó USD 60.000 millones de los impuestos de sus habitantes para combatir a un polo narco-productor que se financiaba vendiendo USD 120.000 millones de heroína a los ciudadanos occidentales. Las intervenciones externas (Inglaterra, Rusia, EEUU) de Afganistán, siempre estuvieron pendientes de los relojes que le marcaban las horas del regreso a sus casas, mientras los talibanes han jugado siempre al tiempo, esperando sus oportunidades.


Perspectivas geopolíticas


La implosión acelerada de la URSS hasta convertirse en la Rusia de hoy, se explica según el refrán español, “el que mucho abarca, poco aprieta”, o el inglés, “no se puede correr a dos liebres al mismo tiempo”, que, traducido en términos geopolíticos, significa que las expansiones de cualquier imperio hacia límites externos que implican demasiados costos, o más problemas que beneficios, son una estrategia incorrecta, ya que viola uno de los principios de los grandes espacios, que indica no malgastar fuerzas irracionalmente desproporcionadas para lograr objetivos menores.


Los límites fronterizos, sean físicos, militares, comerciales o de intervención indirecta, que no sean proporcionales al poder propio, tienden a debilitarse y los estrategas estudian los factores determinantes de la decisión de retirarse a tiempo de los mismos.


El imperio romano ponía mucho énfasis en definir hasta donde extender sus limes (límites) pues alejarlos en demasía implicaba abastecimientos y órdenes difíciles de ejecutar. Lo esencial era fijar posiciones asegurables, generando espacios vacíos para evitar conflictos innecesarios, permitiendo así que el Estado se concentrara en lo importante. En ciertas circunstancias, desprenderse de un “territorio” puede ser visto como un triunfo estratégico. Pero las tentaciones, el orgullo sectario, o los intereses materiales, suelen ser bastante irracionales, por lo que históricamente se observan estrepitosos fracasos, entre ellos la apresurada retirada de Saigón (Vietnam), o el inesperado derrumbe del Muro de Berlín. Estos fueron algunos de los motivos de las caídas de los grandes imperios, como el de Roma, España, Inglaterra, Francia Napoleónica, el Tercer Reich. Como la atracción del espacio ha sido una constante histórica, también Estados Unidos ha caído en estas tentaciones; cuando percibieron el desbalance costo-beneficio en Afganistán, comenzaron la retirada, fuertemente impulsada por Trump, pero finalizada ahora con esta mala ejecución.


La geopolítica actual es diametralmente diferente a los años 1996-2001 ya que los intereses de los actores principales están más diversificados y competitivos, aunque todos coincidan en la lucha contra el terrorismo.


Estados Unidos (Trump y Biden) entiende que debe concentrarse en su disputa principal con China y en menor medida con Rusia. Allí es donde pone su máxima energía ya que el desgaste económico de Afganistán era un lastre heredado de otra época, que debían tirar por la borda. Eso no significa debilidad sino un realineamiento inteligente de los intereses nacionales; un mensajes a aliados y adversarios; concentrarse en los actuales desafíos en Asia y en sus prioridades mayores: marítimamente, en el Índico y Mar Meridional de la China, profundizar sus relaciones con India, defender a Taiwán y mantener a Japón y a Corea del Sur como sus más firmes aliados.


Rusia mantiene una posición más neutral con los talibanes; ve con agrado que Estados Unidos se aleje de sus fronteras de Asia Menor, pero podría tener resquemores de la recreación de santuarios terroristas en Afganistán.


China siempre mantuvo cordiales relaciones con los talibanes; siendo su preocupación principal favorecer su influencia en la zona, los nuevos proyectos de la Ruta de la Seda (la conquista del Oeste) y ganar profundidad estratégica frente a la India y EEUU. Pero también le preocupa que sus musulmanes uigures no se favorezcan con un régimen fundamentalista islámico.


Las relaciones con Irán no serán fáciles, por ser éstos chiitas y ellos sunnitas, lo cual complica las relaciones comerciales y las facilidades de paso de ductos energéticos, pero lo más probable es que se imponga el pragmatismo material antes que la lucha religiosa. India no mostró demasiado acercamiento con los talibanes, debido tal vez por la relación de éstos con ISI, el organismo de inteligencia de Pakistán, pero sigue de cerca las negociaciones en Qatar.


A partir de ahora se va a poner a prueba la unidad interna de los afganos, parcialmente lograda para combatir al invasor externo. Afganistán fue un estado tapón en el siglo XIX, entre los imperios británicos y ruso y se liberó de los ingleses a partir de 1919. Pakistán recién obtuvo su independencia en 1947, pero Afganistán fue el único país que votó en contra de su formación en las Naciones Unidas, porque la línea inglesa demarcatoria de sus fronteras (Línea Durand), dejaba a miles de tribus pashtunes del lado paquistaní. Siempre Pakistán tuvo el temor de que se pudiese formar una Patria Pashtún, que le quitara parte de su territorio y por ello incentivó la islamización de los afganos para superar el sentido nacionalista pashtún. De allí su acercamiento y apoyo al movimiento militar fundamentalista islámico talibán (traducido como “estudiante” en idioma pashtún). Realidades complejas para el entendimiento de Occidente.


Finalmente, un gobierno talibán también sentirá la presión de no contar con la ayuda internacional, pero con la obligación social de generar empleo y además garantizar la provisión de insumos importados. No es lo mismo recaudar dinero negro desde la informalidad de la resistencia, que administrar desde las formalidades del Estado.


Necesitará inversiones de los países árabes (Emiratos, Arabia Saudita, Pakistán) y de Europa (que prosigue sus negociaciones) y hasta de Estados Unidos, si les dan ciertas garantías, como ocurrió en Vietnam, luego de la guerra. Deberá negociar con Rusia y China la expansión de sus gasoductos y oleoductos, a cambio de inversiones. Pero fundamentalmente los cambios vendrán de la mano de las masivas comunicaciones instantáneas internacionales, lo que permite vislumbrar, luego de un reacomodamiento inicial, que entraremos en una nueva realidad.