Región del Norte Grande Argentino, sin prisa y sin pausa

Por Gustavo E. Barbarán - “La geopolítica es perspectiva global de la historia en la dinámica de los espacios” (A. Methol Ferré, Los Estados Continentales)

 

En efecto, sin prisa ni sin pausa. Tal sensación transmite la actividad que -apurados por sus respectivas sociedades- despliegan gobernadores y vicegobernadores de las diez provincias del Norte Grande Argentino, reimpulsando la región como proyecto geoestratégico consumado… incluso pese a sus propias reservas mentales. Decía también Methol que el ser humano es un animal terrestre y político, razón por la cual hace geopolítica “naturalmente”, aunque no lo advierta. De hecho, siempre más provechoso advirtiéndolo, o sea, reflexionando problemas estratégicos con dimensión histórico-geográfica.

Instalado ya este dato en su agenda, la prensa “nacional” por ahora la percibe como abroquelamiento de gobernadores cerriles en lanzada contienda por la sucesión presidencial. Típica mirada centrípeta, a la que le cuesta captar los cambios generados fuera del absorbente eje centroportuario. Prefiero pensar que gobernadores y vices saben perfectamente la carta que juegan, en un contexto internacional complicado pero con genuinas expectativas para sus postergadas provincias.

El paulatino afianzamiento del bloque RNGA se comprueba en plenarios con dinámica propia, presencia presidencial y de ministros nacionales, intensos trabajos en comisiones. [Al escribir esta columna sesionaba la 14ª cumbre de gobernadores en Santiago del Estero; en paralelo, el siempre promovido Coloquio de Ideas celebraba su 58º encuentro en Mar del Plata, en el cual sus habituales CEOs -ni de casualidad- mencionan “geopolítica” o “geoestrategia”].

La RNGA es una propuesta de largo aliento. Imperdonable reducirla a liga de gobernadores recelosos, peronistas con diversos encastres y dos que no son del palo. Tampoco seamos ingenuos: ellos necesitan reducir asimetrías de todo tipo -incluso personales- discutiendo sin tapujos a puertas cerradas sofocantes políticas de gobierno que acentúan añejos desequilibrios regionales.

Sin embargo, la conformación y sostenimiento de la RNGA trasciende a los gobernadores de turno pues se trata de una iniciativa a tres bandas: 1- asegurar la integridad territorial de un país desarticulado (y amenazado), 2- vertebrar la Argentina con Hispanoamérica (tarea imposible con “lógica AMBA”), y 3- construir poder nacional, base material insustituible sin la cual todo es galimatías.

La RNGA en tanto proyecto implica construcción; de cuanto más abajo se nutra, más perdurabilidad tendrá. Esa prospectiva requiere lucidez y perseverancia en diálogos y consensos imprescindibles entre las dirigencias. Ningún diseño de ese porte, surgido de arriba hacia abajo, ha perdurado en el tiempo. La planificación da mejores resultados cuando se sustenta en las reglas que proporciona una sensata democracia republicana. Más áun, la ambiciosa propuesta de pensar en términos estratégicos de largo plazo, contribuirá a sacar la política del desprestigio en que se encuentra aquí y a nivel mundial.

Cumpliendo la manda del art. 124 de la Constitución Nacional, las provincias involucradas pusieron en conocimiento del Congreso Nacional en mayo pasado, la vigencia del “Tratado Parcial Interprovincial de creación de la Región del Norte Grande Argentino”, suscripto en Salta el 9 de abril de 1999. No hay marcha atrás, ya es política de Estado para sus partes. Y de paso, avéntanse suspicacias y prevenciones que -como las brujas- siempre las hay.

Los 20 años de inactividad institucional transcurridos hasta la fecha se explican con la involución del federalismo en Argentina. No será fácil edificar una cultura regionalista nacional sin fundamentos geoestratégicos o con cánones de ortodoxia económica, hoy prevaleciente en ambos lados de la grieta. Si eso ocurriese, nuevamente la chequera de “Nación” habrá impuesto sus modelos y prioridades al “interior profundo” norteño o patagónico.

En este Foro (15/08/2020 y 26/09/2020) adherí a la propuesta geopolítica de Juan E. Guglialmelli (la Argentina Peninsular, bicontinental y oceánica), cuya misión central es desarrollar la Patagonia, recuperar nuestro mar (“última frontera dinámica” de nuestro país, escribió A. Koutoudjian) e integrarla con el resto del territorio nacional antes que la desguacen delante de nuestras narices. El general murió en 1983 y no pudo explayarse sobre el Norte Argentino, aunque tenía clara su condición de bisagra continental. Y dado que de los laberintos se sale por arriba, Argentina reencontrará su destino de grandeza mediante un proyecto nacional en el cual la RNGA -vasta área de soldadura- suture la fractura con la Patagonia integrándola en dirección este-oeste y norte-sur.

Dicho lo anterior, parece oportuno concluir con un breve comentario sobre las “políticas públicas”, “políticas de estado” y “políticas de gobierno”, términos conceptualmente distintos aunque relacionados y complementarios. Conviene ajustar su uso al momento de planificar, teniendo presente la multiplicidad de actores que concurren en los distintos diseños.

Las políticas públicas regulan y transforman las relaciones dinámicas existentes en una comunidad nacional; sobre lo cual corrieron ríos de tinta: “Distintas miradas que corresponden a diferentes contextos socio-económicos, políticos, jurídicos, filosóficos, ideológicos, éticos y culturales -argumenta la investigadora M.G. Mendíaz (UNR)- han conducido a poner los acentos en la Sociedad o el Estado para pensar y analizar las políticas públicas y que implícitamente poseen distintas ideas acerca de lo que es el Estado”. Asumiendo tal complejidad, entiendo por mi parte que toda política es necesariamente “pública”. Dependerá de la superior clarividencia dirigencial separar la paja del trigo, según las condiciones concretas de cada época.

Entonces, serán siempre políticas “de Estado” las pensadas para 25/50 años, pues requieren mayor esfuerzo planificador y trascienden al gobierno que las trabajó con la sociedad; nunca se modificarán aunque un grupo distinto asuma el poder, sino que permanecerán en el tiempo respondiendo al estricto interés nacional. Las políticas de Estado -objetivos estratégicos de elaboración concertada- deben considerar los cuatro imperativos geopolíticos del analista español Javier Jordán: a- alcanzar y mantener un nivel adecuado de poder relativo; b- mantener la unidad territorial; c- proteger las fronteras; d- asegurar las conexiones externas.

Por su parte, las políticas de gobierno, tan legítimas como las otras y aún versando en las mismas materias, tendrán la vigencia del gobierno que las aplica con un criterio coyuntural. De ningún modo hay que desmerecerlas.

¿A qué vino esto? Rastreando los programas abordados en las asambleas de alto nivel del Norte Grande, se advierten temas variados y de distinto calibre, por decirlo así. En efecto, no es lo mismo concretar un Corredor Bioceánico que promocionar el turismo estudiantil, segmentar subsidios de tarifas que impulsar la conexión aérea del Norte Grande. ¡Ojo, todo suma!, pero en esos niveles decisorios sería mejor establecer prioridades por su efecto multiplicador. Ejemplos: elaborar políticas demográficas, insistir con el aprovechamiento integral del Bermejo y Pilcomayo en función de la Hidrovía, rescatar ferrovías y rutas nacionales que entraman la región (especialmente cuando conectan con países vecinos), ampliar la conectividad inalámbrica y satelital, articular con las unidades subnacionales del Centro Oeste Suramericano (escala que implica rescatar a la Zicosur del limbo en que se encuentra), promover la sustentabilidad productiva de nuestros recursos naturales sin anteojeras ideológicas, rediseñar la coparticipación federal, y -lo más difícil- sostener con lealtad esa agenda en el Congreso Nacional.

Por cierto la lista es meramente enunciativa. Más temprano que tarde veremos redistribuir el poder político y económico en la Argentina. Solo hay que mantener la guardia en alto, pues estos procesos colectivos son por esencia delicados e interminables.