¿Se puede ser historiador y periodista? ¿A qué se dedica Loris Zanatta?










Periodismo e historia son profesiones que se complementan, sin embargo el pensador italiano Loris Zanatta, que desde hace años aborda el mismo tema, como historiador es acotado y como periodista que lo juzgue el público.



Es constante en él, emparentar, en un mismo haz, a una variopinta galería de políticos iberoamericanos, sin considerar los tiempos de su actuación, los climas de época, su origen histórico y su filosofía política. Extraño en un hombre que hace alarde de saberes filosóficos y que se considera historiador. Sin contexto no hay historia.


Su esquema tautológico se circunscribe a señalar el daño que el peronismo ha ocasionado a la Argentina y por extensión al resto de América. Pero lo peor de lo peor, a juicio del Profesor, es lo que se halla detrás del peronismo. ¿Y qué monstruo se esconde tras de él? ¡El nacionalismo católico!, ¡la Nación católica!, ¡las tradiciones católicas!, y allá lejos y hace tiempo, las Misiones Jesuíticas. Tema que no desarrollaremos. Por ahora.


Dentro del haz asociativo coloca a Fidel Castro junto al general Perón. Zanatta al igual que los Montoneros, no sabe leer bajo el agua. ¡Mal por él! A este menjunje le adiciona, Hugo Chávez, Nicolás Maduro y Evo Morales. Lo hace con una imprecisión que aturde; los iguala, con cierto vuelo poético, claro, a través de su vestimenta y costumbres; uno usaba gorra, otro uniforme militar, otro chompa y finalmente el General se arremangaba la camisa. Todo este balurdo para afirmar que el sentido del disfraz sirve para igualarse con el pueblo, esto es, vestir como el pueblo y hablar como el pueblo. Como periodista puede ser entendible, en la medida que pretenda un golpe de efecto sobre el lector. Como historiador, profesión de la cual se jacta, es un gravísimo error conceptual y de apreciación.


Comentario al margen. Perón no era populista en el hablar y menos en el vestir. Su dicción era correcta y era un hombre coqueto. Ni que hablar de Eva con sus fabulosos vestidos diseñados por Christian Dior. Debería reformular al menos este costado de su teoría, que en estos tópicos hace agua.


Sobre este equívoco hay varias cuestiones por aclarar. Veamos. Que Chávez, Maduro, Morales o Correa se sientan herederos del mensaje de Perón es una apreciación de ellos, que hacen uso y abuso de la historia. Perón ya no puede hablar. De modo que es una versión unilateral. Sin embargo la historia como ciencia algo puede decir y lo primero es que entre Perón y los nombrados han pasado setenta años y el mundo de uno y el de los otros es absolutamente distinto. Quien no considere este punto comete un grave error.


El general Bartolomé Mitre admiraba a Bernardino Rivadavia, esta valoración llevó al revisionismo histórico a realizar una parábola entre ambos. Error. Juan Bautista Alberdi ponderaba a don Bernardino y desacreditaba a Mitre. En este punto hay que pensar de nuevo.


Respecto de emparentar a Fidel con Perón, revela que Zanatta tiene serias dificultades con la comprensión de las ideas o sencillamente desconoce hechos históricos. Para no explayarnos más, Perón era visceralmente anticomunista y Castro abrazó con fuerza al comunismo, al punto de atar su país a la Unión Soviética. Ambos vivieron la etapa de la Guerra Fría y se hallaban en campos diferentes. Perón hizo llegar un mensaje a los EE.UU. que en caso de declararse abiertamente la guerra, la Argentina se uniría a los norteamericanos (Mariano Caucino: El Perón que no miramos). De modo que fueron el agua y el aceite.


En este artículo no pretendo estudiar a la nueva izquierda o progresismo iberoamericano que subió al poder a comienzos del nuevo siglo, y reaparece nuevamente por estos días, sí procuro que Zanatta y la nueva izquierda dejen tranquilo a Perón y no mientan más, o al menos no se confundan. La nueva izquierda aparecida luego de la caída del Muro de Berlín ha asumido banderas del iluminismo exasperante, libertades jamás pensadas por el viejo y tradicional liberalismo del siglo XIX, el de origen. Hablo del aborto, la eugenesia, la eutanasia, la ideología de género, la igualdad de los sexos en vez de la equiparación, los derechos por encima de las obligaciones, la igualdad como concepto totalizador en vez del mérito. En fin, hay más, no es el caso de desarrollarlo en esta nota. Vamos al fondo del asunto.


El peronismo tomó como centro de su política la justicia social y la dignificación del trabajador. Que tuvo excesos ¡no es una novedad! El éxito o el fracaso de un gobierno es no equivocarse en lo esencial y en aquellos años lo esencial era elevar e integrar al hombre de trabajo. La industrialización venía de gobiernos anteriores. Lo novedoso e incontrastable fue que la justicia social del peronismo es sustancialmente diferente a la igualdad social que proclama la vieja y nueva izquierda.


Detrás de Perón no estaba el nacionalismo católico, por el contrario el nacionalismo católico lo enfrentó siempre. Antes de 1946, y lo volteó en 1955. Zanatta debiera estudiar a nacionalistas como Giordano Bruno Genta, el sacerdote Julio Meinvielle, Benjamín Villafañe, Mario Amadeo, Nicanor Costa Méndez, el general Menéndez, el general Lonardi, los hermanos Irazusta, el padre jesuita Leonardo Castellani, que guardó una mirada crítica del peronismo, entre otros y luego hacer un nuevo balance de sus equívocos. La idea de Nación católica y además nacionalista que nos regala Zanatta es un verso. En la Iglesia argentina hubo nacionalistas y liberales: Meinvielle y Monseñor Miguel De Andrea, por ejemplo. La Argentina católica y la Argentina secular coexisten al menos desde el siglo XIX. El catolicismo no es privativo del nacionalismo, si entendemos que la Constitución de 1853 que sostiene el culto católico y estipulaba la religión del Presidente fue una construcción del liberalismo. Los opositores a la Ley 1420 y a la Ley del Casamiento Civil fueron católicos liberales y como tales terminaron aceptando la realidad. Lo único que le falta decir a Zanatta es que Frondizi forma parte de la Nación católica porque aprobó la enseñanza libre.


Otro error conceptual de Zanatta es atribuirle al nacionalismo solamente, la defensa de la hispanidad. La hispanidad tiene que ver con una mirada historicista -no es el momento de explayarme sobre este asunto- y una búsqueda de raíces culturales que también han procurado y procura el liberalismo. Zanatta debiera leer a Ricardo Levene, al general José M. Sarobe. Enrique de Gandía o Jorge Mayer, entre otros, para darse por enterado de la existencia de un liberalismo hispanista.


Finalmente la caída del peronismo se debió fundamentalmente a la acción desplegada por la Iglesia Católica, que encendió los ánimos revolucionarios. La consigna de la Revolución Libertadora fue Viva Cristo Rey, casualmente la misma que el franquismo levantó contra los republicanos, consigna tomada de los Requetes. Otro tema histórico que Zanatta desconoce es que en el anti hispanismo que profesa lo acompañan algunos intelectuales y políticos de la Revolución Mejicana, Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales, el actual presidente de Perú, Castillo, hombre de izquierda dura, si los hay. Notable coincidencia del ¨liberal¨ Zanatta y la nueva izquierda. Finalmente comparar el indigenismo de la nueva izquierda con los ¨cabecitas negras¨ es una burrada olímpica. El indigenismo es pureza de raza, huele mal, el ¨cabecita¨ es el mestizaje, la integración. Zanatta debiera dedicarse a la historia de su país, porque la nuestra no la entiende y confunde a los incautos.