Tercera posición, volvé que te perdonamos: ni yankis… ¿y marxistas?

Por Fabián Calle

Publicado en Infobae el 5 de Julio de 2021


Una superficial o profunda recorrida sobre el ideario de Perón y el movimiento creado por él, tiene sin duda como uno de sus hitos la denominada tercera posición.





Sintetizada durante la pasada Guerra Fría en el lema ni yankis ni marxistas. Si bien en 1950 cuando estalla la guerra de Corea, Perón creyó ver el choque definitivo entre los dos bloques y se dispuso a posicionar al país del lado del mundo Occidental versus la URSS y la naciente China comunista, las resistencias dentro de su propio movimiento y en la oposición, imposibilitaron esa jugada.

Finalmente ese conflicto armado que duró hasta 1953 no escaló al día del juicio final nuclear por obra y gracia de la decisión del Presidente Truman de no emplear el arsenal nuclear. Si bien entre 1951 y 1953, más de una decena de bombas atómicas fueron colocadas en posiciones en el Pacifico para su eventual uso sobre Corea del Norte y China. La posición de Perón frente al comunismo y el pensamiento marxista queda en claro desde muy temprano, comenzando con su recordado discurso en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires en 1944 (versiones completas del mismo existen en diversos portales de internet).

Allí el joven Coronel le pone el claro a este selecto público que el golpe de 1943 tenía como uno de sus objetivos centrales evitar el avance del comunismo en el país. Esta tensión con bloque soviético, se volvería a plasmar con los insistentes exigencias de Stalin en la pos guerra mundial para que hubiese sanciones y medidas punitivas más duras contra la Argentina. También la adhesión del comunismo a la Unión Democrática que enfrentará a Perón en 1946 es otro hito en ese camino de confrontación. La excitación que en la década del 60 generó la revolución en Cuba, fue vista por Perón desde su exilio en la España de Francisco Franco. Un personaje difícil de superar en la historia del anticomunismo del siglo XX.

Cuando Perón en 1973, ya con avanzada edad y frágil salud, regresó al país y alcanzó por tercera vez la primera magistratura, su choque con la izquierda revolucionaria fue clara y directa. Basta ver el discurso que con uniforme de General dio poco después del ataque del ERP al regimiento de Azul. Donde convoco al movimiento peronista a sumar todas sus capacidades en acabar con la amenaza subversiva. Los cables diplomáticos del Departamento de Estado de los EEUU de esos años, muestran un Perón con un diálogo fluido y constructivo con los EEUU y la búsqueda de potenciar espacios de comercio con Europa Occidental y con la misma URSS.

Así como con los países vecinos, tanto el Chile de Pinochet como el Brasil controlado por los militares desde 1964. Con el propio Reino Unido se avanzó de manera rápida y firme hacia un muy ventajoso memorándum para los intereses argentinos sobre las Islas Malvinas. Su fallecimiento en 1974, dejaría trunco ese espectacular logro diplomático. El cual, si recurrimos a la siempre escurridiza historia contra fáctica, hubiese cambiado todo el curso de las cosas que desembocaron en el 2 de Abril de 1982 y los efectos posteriores. Volviendo al presente, poco se ve de ese ADN de política exterior de Perón en el último año y medio.

Los más escépticos podrán decir que no casualmente, todavía el mundo K no impulsó la construcción de un monumento del General. El proyecto de hacerlo cerca de la Casa Rosada, que nació bajo el impulso del Antonio Cafiero y otros peronistas históricos, nunca se pudo concretar. Al parecer a admiración y liturgia en torno al tres veces Presidente, sólo se da en los meses previos a las elecciones. Frente a lo que aparece como una nueva bipolaridad encarnada por los EEUU y China, así como un escenario de agudas tensiones geopolíticas que arrastran desde hace más de una década Washington y Moscú, con su impacto en casos como Cuba, Venezuela, Irán y Nicaragua, la existencia de una política exterior equilibrada y con capacidad de buscar espacios cooperación sin seguidismo con las principales potencias, tiene y tendrá una importancia fundamental.

Todo ello, debería ser complementado con una clara conciencia del posicionamientos geográfico del país y la fundamental importancia de fuertes vínculos con el gigante regional o sea Brasil. Sin importar quién gobierne allí. En política internacional no se eligen los interlocutores y menos cuando uno es el actor débil de ese interacción. Cualquier estándar supuestamente ético, moral o ideológico, es un ejercito de hipocresía y o de ignorancia. El decir yo no hablo con Bolsonaro porque es autoritario, pese a que llego vías elecciones y el año que viene se quedará o se irá de la misma forma, mientras buscó estrechar relaciones y buenos gestos con nacionales que no han tenido elecciones libres y transparentes en décadas y en algunos casos, nunca, es un claro ejemplo.

Nunca falta el cliché de izquierda pequeña burguesa que afirma que en países donde hubo revolución comunista o pretendidamente comunista, el pueblo está feliz…pero por las dudas no los dejan votar de manera libre y con alternativas de partidos para saber si eso es así. Como se decía durante la guerra fría, nunca se vio a un alemán occidental saltando el muro para entrar en la Alemania comunista ni se vieron centenares de miles de balseros escapando de La Florida hacia Cuba, ni millones de colombianos, peruanos, ecuatorianos, argentinos y brasileños buscando refugio, comida y trabajo en Venezuela.

Como decía Perón, la única verdad es la realidad. Por último pero no por ello menos importante, una sustancial diferencia entre la pasada bipolaridad y la presente es que todos los principales actores y aún los secundarios son profundamente capitalistas e insertos en el mercado internacional. Basta escuchar y ver el accionar de líderes como XI Ximping y V. Putin. El primero en un recordado discurso en 2017 en Davos, donde se reúne anualmente la crema del hipercapitalismo mundial, se declaró dispuesto y ansioso de mostrar una China como el nuevo eje e impulsor de lo que el llamó el orden liberal. Frente al desinterés que por ese tema mostraba D. Trump. En el caso del mandatario ruso, en los últimos años remarcó la imposibilidad e inutilidad de añorar un sistema comunista que ya quedó en el arcón de los recuerdos. Ni que decir de su respuesta cuando le preguntaron por V. Lenin. Se limitó a definirlo como un revolucionario pero sin la visión de un hombre de Estado ya que sus políticas tendiendo a dividir y debilitar el poder del estado ruso sobre su territorio. Por si quedan dudas, basta visitar ciudades como San Petersburgo y Moscú para ver un capitalismo en plena pujanza. Ni que decir de Shanghái y otras tantas ciudades chinas. Así como los casi 400 mil jóvenes de ese origen que estudian todos los años en las principales universidad de los EEUU. El propio equipo económico del gobierno ruso y del chino tienen entre sus figuras más destacadas a graduados de las mejores casas de estudios superiores americanas.

Por lo tanto, los gobernantes argentinos no deberían perder tiempo hablándole a los jerarcas rusos y chinos de lo malo e injusto que es el capitalismo, ya que ellos están muy cómodos y prósperos con el mismo. Un país con la segunda inflación más alta del mundo, con más de 50 por ciento de pobreza, con récord de caída de PBI en el 2020 por la pandemia y entre los 12 países con más muertes por cantidad de habitantes, debería hacer un culto a la prudencia y el bajo perfil retórico. Las videoconferencias y reuniones con mandatarios de potencias como las antes mencionadas, no deberían ser utilizadas para discursos para la tribuna interior.