Tipos y ´tipetes´: el cacique Namuncurá

Por Roberto Elissalde (publicado originalmente en La Prensa) -

 

Miguel Acevedo es una figura revalorizada en la historia del periodismo y la comunicación en el Paraguay, a pesar de haber muerto en plena juventud dejando una importante labor. Creador de “Tipos y Tipetes” al decir de su compatriota el paraguayo Ticio Escobar fue su “obra más significativa, un caso insólito dentro del periodismo latinoamericano. Las publicaciones, iniciadas en 1907, constan de ejemplares únicos, cuidadosamente escritos y dibujados a mano durante años, que circulaban de mano en mano y volvían luego al archivo del autor”.


Había nacido en Villa Florida el 6 de abril de 1889 hijo del uruguayo Miguel Acevedo y de la paraguaya Bienvenida Llanes y murió en Asunción el 5 de diciembre de 1915. Tenía apenas 18 años cuando creó ese semanario “Tipos y Tipetes” que caricaturizaba personajes de la cultura, de la política y a la vez daba noticias de la vida cotidiana, y se convirtió en un éxito. Sus caricaturas fueron expuestas el 1º de mayo de 1913, según nuestro amigo Escobar “los transeúntes de la calle Palma, la principal de la ciudad, se ven sorprendidos con una exposición de caricaturas que aparece en los escaparates de la casa comercial “Rius y Jorba”. Acevedo aunque había “recibido algunas lecciones de Da Ponte en el Colegio Nacional, era de hecho, un autodidacta. La muestra, que causó viva impresión en el público fue seguida por otra poco después”. Su figura se ha revalorizado en los últimos tiempos.


En Buenos Aires alguien observó el título que le había puesto Acevedo y decidió sacar una publicación que tenía el aspecto gráfico de otra revista bien colocada en el mercado como era P.B.T. Se trataba de Manuel Méndez Casariego que publica el semanario “Tipos y Tipetes” en cuyo primer número del 10 de octubre de 1907 escribe Leopoldo Lugones, con dos ilustraciones de Ramón Castro Rivera. Curiosamente la figura de Méndez Casariego, seguramente miembro de esa tradicional familia entrerriana ha pasado desapercibida no mereciendo más que tres renglones en el afamado diccionario de Cutolo.


En el número del 31 de octubre de 1907 aparece un reportaje que firma Horacio Pino, al cacique Manuel Namuncurá, con distintas fotografías alguna con ropa de paisano, otras con su familia y una con el uniforme militar.


Dice la noticia que interesa rescatar: “El sábado de la semana pasada llegó de Junín de los Andes el cacique Manuel Namuncurá. El jefe de la en otra época poderosa tribu de los indios Huiliches, viene a Buenos Aires en viaje de recreo. Vistámosle en su alojamiento de la calle Tarija, munidos de una tarjeta de presentación de uno de sus parientes cercanos, el señor Fidel C. Pizarro. Contrariamente a lo que nos habían anunciado, el descendiente de la dinastía de los “piedras” nos recibió con cierta deferencia al enterarse del objeto de nuestra visita”.


No era la primera vez que visitaba la ciudad, ya lo había hecho en 1886, 1894, 1897 consiguiendo del gobierno los campos de la colonia “San Ignacio” y además el empleo honorífico de coronel del Ejército Argentino, cuyo uniforme lucía con orgullo. Digamos que su hijo Ceferino que había estudiado en el Colegio de los padres salesianos y había sido protegido muy especialmente por el ex presidente Luis Sáenz Peña, había fallecido en Roma en mayo de 1905.


Según el reportero vestía Namuncurá un traje de campo, bombacha de paño negro de esmerada confección, saco del mismo color y género, botas granaderas; completaba su vestuario un chambergo de alas anchas que, encasquetado hasta las orejas, le resguardaba del sol abrasador de la pampa y le suplía a modo de paraguas en los días de lluvia. Manuel Gálvez lo describió así: “bajo de estatura y fornido, de tez muy bronceada y de cabeza grande, cara cuadrada, boca muy ancha, labios delgados, pómulos salientes, de ojos chicos, vivos y ceño duro, mezcla de fiereza y de bondad”.

a los saludos de estilo, entablamos una conversación con el cacique sin necesidad de intérprete que, habla bien el idioma castellano. Hemos venido a saludarlo -le dijimos- y al mismo tiempo para que nos cuenta algo de la colonia. Sabemos que se convirtió ella en un estado floreciente de progreso, merced a su sabia dirección”. El elogio le produjo un buen efecto y le dijo que el establecimiento se hallaba floreciente, para comentar algunos detalles de su vida


“Nos recordó con cariño al general Roca y al Dr. Luis Sáenz Peña, a quienes visitará tan pronto como se le haga entrega del “kepi” de gala que se ha mandado hacer, a la vez que iba a serle presentado el presidente José Figueroa Alcorta.

Manuel Namuncurá habría de morir al año siguiente a los 97 años y este es un valioso testimonio de su última visita a Buenos Aires, a través de una publicación olvidada. La foto que acompaña esta nota lo representa en su avanzada ancianidad en 1903, lo muestra espada en mano con uniforme de gala, en la visita que realizara en ese año acompañado de sus hijos Ceferino y Julián.


En sus visitas a la capital fue recibido por Estanislao S. Zeballos, Carlos Guido y Spano y otros personajes de su tiempo. En este reportaje tiene un grato recuerdo para el doctor Luis Sáenz Peña, lo que de algún modo es una muestra acabada de su gratitud a quien se ocupó de la educación de su hijo Ceferino, como se dijo y lo recibía de buen grado en su domicilio, junto a su mujer doña Cipriana Lahitte. Hace pocos días el martes para ser más precisos se cumplió el 107 aniversario del fallecimiento del general Julio A. Roca, cuyo nombre ha sido y es objeto de no pocas desavenencias especialmente entre los defensores de los derechos de los pueblos originarios. Por eso en este reportaje llama la atención el recuerdo con “cariño” que escuchó de sus labios el periodista, y que cuando cualquier se sube a la tribuna para elogiar a Roca o para defenestrarlo, usando al muerto para hacer política como sucedió el martes; resulta un testimonio de indudable valor, en tiempos que estas cosas si no se ocultan se suelen deformar demasiado.