Traiciones feministas, traiciones progresistas: de las Mirabal al tratamiento de Maradona en Cuba

Por Claudia Peiró

Publicado en Infobae el 27 de noviembre de 2021


Las tres dominicanas asesinadas por su militancia política son presentadas como víctimas de violencia de género, mientras que un silencio ominoso es toda la respuesta de la izquierda frente al escándalo de la “recuperación” de Diego en la isla de Castro.

“Las hermanas Mirabal, símbolo contra la violencia de género…”, decía un graf de televisión en uno de los aniversarios del asesinato de las tres hermanas por la dictadura de Trujillo.


Las Mirabal eran militantes políticas. Son símbolo de coraje, compromiso y entrega a la causa de la libertad y de la justicia. Su lucha, antes que reivindicada, queda opacada por esta tergiversación que no es casual: se inscribe en el relato del feminismo mainstream que, contrariamente a lo que proclama, no emancipa sino que victimiza a la mujer negando sus verdaderas luchas y presentando una versión de la historia según la cual hasta ayer nomás las mujeres hemos sido personas indefensas, negadas, sin protagonismo en los acontecimientos relevantes de la historia, necesitadas de tutela estatal hasta para gestionar nuestra menstruación y carentes de representación y de voz hasta que las feministas llegaron a un cargo para hablar por nosotras.



El aniversario del martirio de las Mirabal en República Dominicana ha sido convertido en Jornada Internacional por la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, expresión que remite a la violencia de género, de la que estas militantes dominicanas, mujeres emancipadas que lucharon codo a codo juntos a sus esposos contra la dictadura de Trujillo, no fueron víctimas. Es un “homenaje” que puede incluso ofender la memoria de sus maridos, porque no faltará quien, sin conocer la historia, crea que ellos fueron los verdugos. Hoy todos los varones son culpables hasta que demuestren lo contrario.


Las hermanas Mirabal fueron víctimas de la represión ilegal que, en Dominicana, como en tantos otros países, apuntó a mujeres y varones comprometidos en la lucha antidictatorial. Convertir su muerte en un episodio de la violencia de género es traicionar su memoria.


La lucha de las Mirabal no fue por la liberación femenina: ellas eran mujeres emancipadas. Ni el padre ni los esposos de las Mirabal eran machistas patriarcales; el primero las crió libres, los otros fueron sus camaradas de lucha. Un problema para el relato feminista.


Las Mirabal eran cuatro hermanas: estaban todas casadas y tenían hijos. Patria, Minerva y María Teresa fueron asesinadas el 25 de noviembre de 1960, hace más de 60 años. Adela, o Dedé, única sobreviviente del horrendo crimen, se hizo cargo de los seis niños Mirabal.


Cuando en 1959 se creó en la clandestinidad el Movimiento Revolucionario 14 de junio, para luchar contra la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo -que gobernaba el país desde 1930- Minerva fue de la partida. Su esposo, Manuel Tavárez, era el líder del grupo. También militaban en él la hermana menor, María Teresa, y la mayor, Patria, y sus respectivos maridos, Leandro Guzmán y Pedro González.


La agrupación fue desarticulada a poco de iniciar sus actividades. Minerva, María Teresa y sus esposos fueron arrestados en 1960, pero las dos hermanas fueron liberadas por presión de la OEA, el 9 de agosto de ese mismo año.


En ese momento, el dictador toma la decisión de librarse de ellas y apela a un método que hará escuela: la ejecución extrajudicial, el asesinato por un grupo “paraestatal”, anónimo.


Tras ser liberadas, las Mirabal visitaban a sus esposos en la cárcel. Después de una de esas visitas, las tres fueron interceptadas en el camino de regreso a casa, asesinadas a golpes y arrojadas a un foso dentro del auto en el que viajaban. La misma suerte corrió su chofer, Rufino de la Cruz.


Patria tenía 36 años. Minerva, 34 y María Teresa, 24. Nadie creyó la versión oficial de un accidente trágico. Este crimen político desató fuertes protestas. Pocos meses después, el propio Trujillo sería asesinado.


Las Mirabal han recibido varios homenajes. Hay libros, documentales y películas sobre su historia. En el año 2000 su imagen ilustró un billete de 200 pesos dominicanos y la casa familiar ha sido convertida en un museo dedicado a su memoria.


Lo insólito es que se asocie su caso a la violencia contra la Mujer, una forma de negar su militancia. “El crimen de mi madre y mis tías fue político, no pasional”, decía en 2010, Noris González Mirabal, hija de Patria. “Muchos dicen que Trujillo se enamoró de Minerva. Pero esa no fue la causa del asesinato. Él siempre supo que Minerva era una enemiga de su régimen”, se explayó la mujer, en referencia a la versión de que el odio de Trujillo hacia la familia se debió a un desplante de la joven. “Mis tías y mi madre fueron mujeres especiales que ofrendaron sus vidas a los demás”, concluye Noris. La memoria de las hermanas y su lucha no debería ser tergiversada.


En La fiesta del chivo, Mario Vargas Llosa escribe: “Tony Imbert se dijo después del asesinato que, hasta conocer a Minerva Mirabal, nunca le pasó por la cabeza que una mujer pudiera entregarse a cosas tan viriles como preparar una revolución, conseguir y ocultar armas, dinamita, cócteles molotov, cuchillos, bayonetas, hablar de atentados, estrategia y táctica...”.


LA HABANA LIBRE DE DROGA


Cuando Maradona estaba en Cuba -país donde residió durante 5 años, de 2000 a 2005-, alguien me dijo: “¿Sabés en qué consiste el tratamiento de rehabilitación de los cubanos? En asegurarse de que Diego tenga a mano toda la droga que quiera”.


Aunque era visible -en sus regresos esporádicos a Argentina- que Maradona no estaba recuperado de sus adicciones, la afirmación me pareció exagerada en aquel momento.


Ahora, las revelaciones de Mavys Álvarez, la chica que los cubanos le entregaron para que fuese su amante, demuestran que era absolutamente cierto.


Sobre las denuncias de la joven no me voy a explayar en esta nota. Sólo cabe decir que la sororidad, el “yo te creo hermana”, vale únicamente cuando el denunciado no es del palo.


Lo que es impactante es el silencio ominoso de la izquierda y del kirchnerismo, de todos los adoradores de la Revolución Cubana, que no han dicho palabra sobre el -como mínimo- abandono de paciente que el maravilloso y al parecer nunca suficientemente ponderado sistema de salud cubano hizo con Diego Maradona.


El régimen se encargó de que el astro viviera en una fiesta continua y en un descontrol permanente de su consumo de sustancias y de alcohol.


El testimonio de Mavys Álvarez sobre los encuentros con Fidel y la autorización personal que éste dio para el viaje de una cubana menor de edad a nuestro país sin permiso de sus padres, confirma que el Comandante conocía al detalle la evolución del “tratamiento” del célebre paciente.


En la isla donde no vuela una mosca sin que el régimen lo sepa, está claro que aquella fue una política deliberada y autorizada por Fidel Castro en persona, anfitrión superpoderoso del Diego, de quien solo le interesaba el uso de la imagen. En él fue una constante: los invitados célebres a los que el Patrón de la isla dedicaba largas horas, sorprendía con visitas inesperadas en medio de la noche -el Comandante no duerme-, halagaba con un trato personal, diferenciado, y con el ron, los cigarros y las langostas, que no consumían ni consumen aun los cubanos, salían de la isla convertidos en apologistas de primera línea de su régimen.


Entre ellos, varios personajes de la política argentina que van a Cuba sobre todo para volver, luego de pasar breves temporadas viviendo como otrora se denunciaba que vivían los ricos de Florida en una Cuba dependiente y pobre.


Claro, aquel era un imperialismo malo, no como el soviético que se encargó de que Cuba no se desarrollara en absoluto. En la isla satélite de Moscú no se fabricaban ni los broches para colgar la ropa y la fruta cubana volvía hecha jugo enlatado de Bulgaria o Checoslovaquia.


Pero todo es por el bloqueo. En realidad, la principal culpa del bloqueo es haberle dado una coartada al régimen para poder seguir conculcando todas las libertades y derechos de los cubanos. Siempre con el silencio cómplice de la izquierda latinoamericana y mundial, casi sin excepciones.


Los partidos que se dicen abanderados del feminismo en la Argentina, ¿no tienen nada que decir de la situación de las cubanas? ¿Nada del hecho de que el castrismo explota a menores de edad aprovechando la necesidad económica acuciante de sus familias para proveer a sus invitados? A no ser que ellos también usaran ese tipo de servicios.


¿Y la droga? ¿De dónde salía? ¿Del imperio tal vez?


Cuando en 1989 estalló el caso Ochoa, que demostraba los vínculos de altos jerarcas del régimen castrista con el cártel de Medellín, de Pablo Escobar, Fidel Castro tapó el asunto fusilando a dos héroes de la Revolución Cubana, ex camaradas suyos.


El juicio contra Arnaldo Ochoa, Antonio de la Guardia y otros altos funcionarios castristas evocaba aquellos célebres procesos del estalinismo en los que caían uno tras otro los incómodos testigos del irresistible ascenso de Stalin. Los acusados fueron defendidos por militares que eran subordinados de los altos mandos que integraban el tribunal militar como jueces. El derecho a la defensa es un capricho capitalista burgués.


La inserción de Cuba en los circuitos del narcotráfico, quedó protegida por el silencio eterno de los caídos en desgracia que fueron fusilados ese mismo año.


El diario oficial Granma decía que el castigo debía ser ejemplar para cortar de cuajo toda conexión de Cuba con el narcotráfico, “esa peste corruptora que infecta el continente’, y de la cual el país hasta entonces había podido librarse” (citado por Gonzalo Celorio en la revista mexicana Letras Libres).


Esa Cuba liberada del flagelo de la droga, de la “peste corruptora” capitalista, es la que se ocupó de garantizar que Maradona se siguiera intoxicando a piacere. Y arrastrara a otros a su adicción. Incluso a menores de edad.


Esto confirma que la droga circula en la isla cuando y donde el régimen quiere. También confirma que la prostitución ha sido ampliamente rehabilitada, a diferencia de la iniciativa privada, la libertad de expresión, de reunión y de asociación, que siguen bajo siete llaves.


Los amigos locales de la Revolución Cubana callan. Un silencio hipócrita.


El progrefeminismo traiciona sus banderas. Las ondea sólo cuando le conviene.


Mientras tanto, en Cuba, el hombre y la mujer “nuevos” son libres de prostituirse por una cena, un jean, unos implantes de siliconas o una bicicleta...