La flota pesquera china invade los océanos

Por Pascual Albanese

Para Foro Patriótico


El testimonio de un equipo de periodistas, fotógrafos y camarógrafos de la agencia noticiosa Associated Press y la cadena televisiva Univisión embarcados en el Ocean Warrior, un buque perteneciente a una organización internacional ambientalista, impactó en los medios periodísticos internacionales con la prolija descripción del despliegue en el Océano Pacífico de centenares de navíos chinos que integran la flota pesquera más grande del mundo, oficialmente limitada a 3.000 barcos pero probablemente integrada por una cantidad bastante superior.

Esta singular operación de patrullaje ecológico fue una respuesta a la indignación desatada meses atrás cuando centenares de navíos chinos fueron filmados mientras pescaban calamares cerca de las islas Galápagos, a 972 kilómetros de la costa ecuatoriana, en un sitio considerado por la UNESCO como Patrimonio Cultural de la Humanidad y reservorio de algunas de las especies marinas más amenazadas del planeta, desde tortugas gigantes hasta tiburones martillo.


Las incursiones chinas por esa zona del Océano Pacífico no son excepcionales. Tras décadas de sobrepesca, su flota de ultramar es empujada a trasladarse a regiones cada vez más alejadas de sus costas. Pero el descomunal tamaño de esa flota y su reciente llegada al continente americano provocaron temores sobre el riesgo de agotamiento de los recursos marinos. Para la Guardia Costera de Estados Unidos, la pesca ilegal desplazó a la piratería como la mayor amenaza global para la seguridad marítima.


La Organización Regional de Ordenación Pesquera del Pacífico Sur consigna que el número de barcos con bandera china en el Pacífico Sur aumentó de 54 embarcaciones en 2009 a 557 en 2020. En ese período, el volumen de la pesca creció de 70.000 a 358.000 toneladas anuales. Esa expansión obedece a que el rápido crecimiento de la demanda de alimentos en China genera un peligro de agotamiento de la población de peces en las aguas propias y circundantes.


Pero muchos de esos barcos chinos que pululan en las Galápagos provienen del lado opuesto de América del Sur, en los confines de las doscientas millas de la plataforma submarina argentina, donde centenares de barcos con distintas banderas pescan incalculables cantidades de calamares de aleta corta en la que se estima una de las zonas de pesca no vigiladas más grandes del mundo, que incluye las cercanías de las islas Malvinas.


El espectáculo es imponente. Como la pesca se realiza casi exclusivamente en horario nocturno, para atraer a las manadas de calamares cada navío enciende centenares de luces tan potentes que asemejan a la iluminación de un estadio de fútbol. Esa concentración de luces resulta tan potente que las imágenes en satélite muestran que la flota brilla con una intensidad similar a las grandes ciudades situadas en tierra firme a centenares de kilómetros de distancia.


Windward, una empresa de inteligencia marítima, sostiene que entre noviembre de 2020 y mayo de 2021 un total de 523 barcos pesqueros (un 35% más que la temporada anterior), en su mayoría chinos, fueron detectados en el límite de la zona económica exclusiva de la Argentina. Según esos informes, el 42% de esas embarcaciones tenía apagados sus transponedores de seguridad, cuyo uso es obligatorio según las convenciones internacionales, al menos una vez por día. Los expertos coinciden en que es imposible saber qué hacen esos barcos mientras están en modo “oscuro”, pero que es altamente probable que durante esos períodos estén pescando ilegalmente dentro de las aguas territoriales argentinas.


LA GUERRA DEL CALAMAR


La flota china está en condiciones de pescar a veces durante años en forma continua porque puede descargar su captura en una red de “reefers” (buques cisternas refrigerados gigantes) capaces de transportar hasta el puerto más de 15.000 metros cúbicos de pescado. El Observatorio de la Pesca Global señaló que los 12 “reefers” activos el año pasado en el Océano Pacífico tuvieron durante ese período al menos 196 encuentros con barcos pesqueros. Buques petroleros les proveen también combustible barato, subsidiado por el gobierno chino.


La pesca de ultramar es incluso un motivo de orgullo nacional y hasta una atracción turística. En la ciudad oriental de Zhoushan, sede de la mayor flota de altura de China, se inauguró este año un Museo del Calamar de 2.600 metros cuadrados de superficie. Sus visitantes pueden seguir al calamar en un exótico viaje en 3D pletórico de aventuras desde las profundidades de los océanos hasta los barcos gigantes y su posterior procesamiento para convertirlos en anillos de calamar.


Los conglomerados empresarios pesqueros tienen estrechas conexiones con el régimen de Beijing. Un caso emblemático es Pingtan, cuyo principal accionista es Zhou Xinrong, una compañía propietaria de la segunda flota en importancia, objeto de acusaciones de pesca ilegal en países tan diversos como Sudáfrica, Indonesia y Ecuador. Sus acciones cotizan en el Nasdaq y en su puerto base, en Fuzhoy, frente a Taiwán, construye una de las plantas procesadoras de pescado más grandes del mundo.


En la filial de Pingtan en Hong Kong fueron incautadas 900 toneladas de pescado capturadas ilegalmente, entre ellos tiburones en riesgo de extinción. Otra sociedad, controlada por la esposa de Zhou, es propietaria de un detenido en 2017 por la Reserva Marítima de Galápagos con más de 6.000 tiburones muertos a bordo. Zhou y su esposa figuran entre las quince personas a las que el gobierno estadounidense les revocó la visa por considerarlas cómplices de la pesca ilegal.


Daniel Pauly, un prestigioso biólogo e investigador franco-canadiense, advierte empero que muchas de las críticas a las actividades de la flota pesquera china obedecen al creciente sentimiento anti-chino imperante en Estados Unidos y a la preocupación de Washington por los avances de Beijing en América Latina. Para Pauly, “China no hace nada que Europa no haya hecho exactamente de la misma manera. La diferencia es que todo lo que hace China es enorme”.


Las empresas de productos de mar de Estados Unidos tomaron nota de los riesgos de la expansión china y buscan promover reglas que permitan una mayor transparencia en la pesca del calamar. Un conjunto de dieciséis productores e importadores se unieron para elaborar una estrategia común. Es lógico: China es responsable de alrededor de la mitad de los 314 millones de dólares en calamares que Estados Unidos importó en 2019, en su mayor parte servidos como calamares fritos en restaurantes. De más está decir que el régimen de Beijing no parece demasiado entusiasmado con la iniciativa.


Años atrás, un marino británico, Gavin Menzies, publicó un libro titulado “1421: el año que China descubrió el mundo” que narra las peripecias de una gigantesca flota de 105 embarcaciones, la más grande de su época, al mando del almirante Zhenzg He, quien habría dado la vuelta al mundo un siglo antes que Hernando de Magallanes y explorado lugares recónditos del planeta, inclusive de América del Sur. A su regreso, esa fascinante experiencia quedó en el olvido por la asunción de un nuevo emperador de tendencias aislacionistas que temía que China se “contaminara” con el contacto con el resto del mundo. Setecientos años después, Xi Jinping, el emperador chino del siglo XXI, parece haber modificado aquella orden. El mundo tendrá que atenerse a las consecuencias.