Trump y la decadencia de la revolución woke

Se están registrando actualmente factores estructurales y políticos que pueden leerse como el declive del movimiento woke, aunque sería ingenuo anunciar su fin


Por Raúl Tortolero (publicado originalmente en PanamPost)

 

El movimiento woke agrupa en su “revolución” distintas luchas que pueden englobarse dentro del pensamiento progresista y del marxismo posmoderno. Sus banderas son supremacismos, el negro, el LGBT, el feminista, el indigenista o el ecologista.


Todos tienen en común ser radicales de izquierda, anticapitalistas, y en su mayoría son opuestos a la religión, en especial al cristianismo, opuestos al derecho a la vida (son pro aborto).


Otro punto que podría aparentar “unidad” en estos aglomerados es que todos parten de autopercibirse como “oprimidos”. Si en el marxismo clásico el sujeto revolucionario era el proletario, el pobre, que habría de emanciparse a través de la violencia, la revolución sangrienta y la dictadura del proletariado, hoy no hay un sujeto dominante, sino una multiplicidad de sujetos “oprimidos”.


El supremacismo negro actúa con una base psicológica de revancha ante su peculiar lectura de la historia, en mucho coincidente con la “Teoría Crítica de la Raza” (CRT), según la cual la organización social y política actual en sus estructuras se basa en el racismo, en la opresión de los blancos contra los negros a nivel histórico.


Por lo tanto, los blancos son una raza inferior, al haber “esclavizado” a los negros en los siglos pasados. Los negros merecerían ahora grandes compensaciones económicas, sociales y de todo tipo.


Sólo que esta lógica es a todas luces un delirio, porque no fue “la raza blanca” la que esclavizó a algunos negros en el pasado, sino un grupo reducido de personas, por lo que no puede culparse a todos los descendientes blancos de esas prácticas por demás deleznables.


No existe un racismo estructural en una sociedad donde quien abolió la esclavitud fue un blanco —Abraham Lincoln en 1863— y en un país donde el presidente durante 8 años fue negro, Barack Obama, y donde hoy la vicepresidenta es Kamala Harris, con sangre negra también. Si fuera “estructural”, habría habido miles de obstáculos racistas para que llegaran al poder. Pero no fue así.


Las luchas de los otros supremacismos son también por el poder, no por los “derechos”, ya que la Constitución en los Estados Unidos ya garantiza los mismos derechos para todos, sin discriminar a nadie por su raza, orientación sexual, ni por ningún otro motivo. Buscan fondos, privilegios, puestos, cuotas.

Así las cosas, se están registrando actualmente factores estructurales y políticos que pueden leerse como el declive del movimiento woke, aunque sería ingenuo anunciar su fin.


Una de las líneas fuertes que subyacen en esta decadencia progresista es la financiera. Lo woke ha sido buen negocio en muchos sentidos, en sus muy diversas manifestaciones, pero hoy aparecen signos que muestran luces rojas.

Veamos algunas pistas aquí.


1. La migración de California a Texas. Uno de cada 10 nuevos habitantes que llegan de fuera a Texas, proviene justamente de California, según ha mostrado un estudio de “Texas Real Estate Research Center de Texas A&M University”.

Cerca de 80 mil empresas al año dejan las doradas arenas californianas y toda su carga woke, para mudarse al conservadurismo de Texas.

Los impuestos altos, las altas rentas y las regulaciones complicadas, hacen que la gente —muchos hispanos—, se vayan a Texas, que es más barato, sencillo y accesible.

Hay un boom de compra de casas en Texas, y han aumentado su valor, sobre todo, ahora que han sentado sus reales ahí tanto Tesla en la capital, Austin, como Space X cerca de la fronteriza Brownsville.

Siendo una migración motivada por razones económicas, como sea el desplazamiento deja atrás la dominancia del Partido Demócrata, para pasar a terrenos conservadores, en donde predomina el partido Republicano. Si la gente rechazara, odiara, o no se acoplara a esta nueva realidad política, no abandonaría, quizá, California.


2. La compra de Twitter por Elon Musk. Este empresario no es un referente del conservadurismo, y sus críticos desde esta línea le critican a Neurolink, una de sus empresas, sus lances “transhumanistas”, y el haber dicho alguna vez algo que pudiera interpretarse como “socialista”.

Pero en los datos duros, Musk ha criticado a Netflix por estar infectada por “el virus woke”, y a Twitter por aplicar censura y no representar bien la libertad de expresión, pilar de la democracia liberal.

Claro que es buen negocio comprar Twitter o Musk simplemente no lo hubiera adquirido, pero el hecho de que sea un buen negocio tomar una red progresista para volver a dar cabida a voces de derecha, y que esto se refleje en buenos números, habla de una tendencia muy llamativa: que lo progre no es mejor negocio que la defensa de libertad de expresión a ultranza, como lo hace parte de la derecha. Musk se dice: “absolutista de la libertad de expresión”.


3. La creciente tendencia de los hispanos en Estados Unidos a votar por el Partido Republicano y dejar de votar por los demócratas. El movimiento Hispanexit (o Latinexit), va viento en popa, y recientes estudios hechos por Americano Media muestran que más de un 80 % de hispanos participó en las elecciones pasadas, y más de un 30 % votó por Trump.


4. El surgimiento de GETTR y de Truth Social. Jason Miller lanzó la plataforma GETTR cuando más falta hacía, en el momento más álgido del totalitarismo woke, cuando todas las redes sociales parecían trabajar al unísono para silenciar las voces de la derecha en el mundo.

GETTR ha sido un oasis en el desierto y ha crecido extendiéndose entre otros lugares en nuestros países de Hispanoamérica, sobre todo en Brasil y Colombia, y en México está teniendo mucha aceptación.

Truth Social es la nueva red creada por Trump, pero aún no parece muy disponible en muchos lugares. Las elecciones de noviembre se acercan y sería muy necesario ya poder contar con esta opción, que, como GETTR, garantizaría la libertad de expresión.


5. El surgimiento de nuevos medios alternativos de derechas. Uno de ellos es C-SPAN, en donde se pueden ver completos los discursos de los rallies de Trump, por ejemplo.

En GETTR se puede ver lo que hace Infowars y lo que dice Steve Bannon en su War Room. Ahí falta programación en español.

Americano Media es una opción muy interesante para la comunidad hispana, con espacios de información y análisis, con un enfoque bastante crítico del fenómeno woke.

Dicho de otra manera, el nicho del conservadurismo hispano es una veta económica a explotarse ante la demanda de contenidos que combatan las absurdas ideas woke de los mainstream media.

Aquí lo que sigue es que se puedan concretar alianzas de producción de contenidos, por ejemplo entre Trump, Musk y Jason Miller, así como con María Herrera Mellado.


6. Los bajos ratings de CNN y otros miembros de la mainstream media. Como lo advirtió Trump, sin él este canal no despega. En algunos momentos ha estado incluso en el lugar 17 de los ratings. Fox en cambio ha repuntado, y sabemos que este espacio es de corte conservador y crítico de la administración Biden-Harris.


7. La presencia de gobernadores como Greg Abbott y Ron DeSantis. Dos de los mandatarios estatales (Texas y Florida) más populares en todo el país al grado de ser fuertes aspirantes a la vicepresidencia de la mano de la fórmula con Trump, a la cabeza.

Dos entidades cuyas economías son muy pujantes y en donde se ha actuado en defensa de la vida, en contra del adoctrinamiento del supremacismo LGBT, y a favor de una frontera segura, favoreciendo la migración legal.

Estos dos gobernadores republicanos son los más conocidos en todo el país, identificables al menos por el público hispano en el contacto en las calles.


8. Disney perdiendo privilegios financieros en Florida. La idea de imponer 50 % de sus personajes el carácter LGBT, en todas sus películas y producciones no pareció tener gran receptividad entre la gente en general, y se suscitaron protestas.

Ron DeSantis por su parte quitó privilegios financieros de los que gozaba Disney, y ahora tendrá pérdidas millonarias, por lo que se puede concluir que las ideas woke, no son un buen negocio. A menos no lo son en estados con gobiernos republicanos.

Disney estaba en la bolsa el 29 de marzo de 2022 cotizando en 142.54 puntos, y para mediados de abril bajó a 121.66 puntos.


9. Netflix a la baja, perdiendo 200 mil suscriptores en el primer trimestre de 2022. En cuanto Musk tuiteó que Netflix ya no podía verse por estar lleno de contenidos woke, la empresa cayó en la bolsa y perdió suscriptores. Antes de abril 20 de 2022, cotizaba en la bolsa arriba de 350 puntos; tras ese día, baja a 218.22 puntos.


10. Meta, la empresa emblema de mucho de lo que hace Zuckerberg, está también a la baja en la bolsa. Meta, que se ha distinguido por un ideario woke, ha pasado de cotizar en 340 puntos en diciembre de 2021, a 186 este lunes 25 de abril…


11. El declive de Black Lives Matter, por pérdida de confianza en sus líderes. La marxista Patrisse Cullors, junto con Alicia Garza y Melina Abdullah, líderes de Black Lives Matter, fueron descubiertas desviando fondos de donaciones en octubre de 2020, para comprar una casa de 6 mil metros cuadrados, en un barrio de blancos, valuada en 6 millones de dólares.

Esa adquisición se habría hecho a través de Dyane Pascall, su gerente financiera, 15 días más tarde de que BLM recibiera más de 66 millones de dólares en donativos.

Pero en total, las donaciones habrían llegado a los 90 millones de dólares durante el 2020, según la agencia AP.

Cuando las cabezas del supremacismo negro en su máxima expresión, las cabezas del movimiento woke, usan el dinero que les es donado, no para ayudar a su gente, sino para comprar una mansión en donde vive una fuerte mayoría blanca, no se puede hablar de congruencia, sino de hipocresía.

Y la gente no es tonta como para no notar lo que hacen estas líderes con los dineros, usándolos en beneficio personal. El supremacismo woke trabaja para su propio beneficio, jamás para el bien común.


12. El movimiento de Trump, con sus 75 millones de votos-

Por último, no se puede dejar de lado la presencia del movimiento de Donald Trump, con sus millones de seguidores, que estará dando fuerte la batalla para recuperar la mayoría en el Senado, tanto como en la Casa de Representantes a fines de 2022. Es muy probable que pueda conquistar el partido Republicano ambos liderazgos.