El neopuritanismo alimenticio contra los tomates asesinos

Por Karina Mariani

Publicada en La Prensa el 18 de septiembre de 2021


Corría el año 1971 cuando un grupo de activistas protestó contra unos ensayos atómicos que Estados Unidos realizaba en la costa de Alaska cobrando alta notoriedad. El grupo en cuestión descubrió que cuanto más espectacular y vistosa fuera la manifestación, más rápida y eficazmente llegaba a los medios y a los corazones sensibles y menos tenía que explicar las razones científicas de sus denuncias, así que se especializó en eso. Se cumplen en estos días 50 años de la fundación de la exitosa empresa de divulgación publicitaria: Greenpeace.





A lo largo de medio siglo, Greenpeace interceptó ilegalmente buques en aguas soberanas, atacó edificios privados y monumentos públicos, saboteó empresas, perjudicó el desarrollo de medicinas y alimentos destinados a luchar por el bienestar de millones de personas, destruyó el prestigio de compañías de todos los rubros, promovió el veganismo compulsivo, mancilló el patrimonio de la humanidad y utilizó la violencia para promocionarse. Y fue recontrasúper exitosa en sus acciones, digamos todo.­

Para celebrar sus bodas de oro, Greenpeace se la agarró ahora con los tomates, una cosa modesta si la comparamos con haber estropeado las Líneas de Nazca, de siglos de antigüedad y patrimonio de la Humanidad, pero posiblemente con más poder de daño. Es recomendable no subestimar la capacidad de influencia del activismo ecologista, casi inexistente hace medio siglo, cuya ideología domina actualmente el discurso político y cultural y dicta normas industriales, escolares y legales en todo el mundo. Bueno, en todo el mundo no, en la parte del mundo donde rigen libertades y donde pueden disfrutar de los beneficios del sistema que buscan dinamitar.­


DOGMA ANTIHUMANISTA­



El dogma ecológico antihumanista, vale decir, el que considera a la especie humana una plaga que se debe reducir y mancillar para "salvar al planeta'' se nutre de varios mitos. En el caso de los tomates abreva al mito de los alimentos naturales vs. venenosos.


El #TomateChallenge es una de las tantas pantallas utilizadas para desprestigiar la modificación genética de los alimentos, de suerte tal que los tomates son sólo la punta del iceberg de una política destinada a controlar el desarrollo de la investigación y la producción agrícola. Ya lo han hecho antes con otros rubros con lucrativos resultados: los demonizan, se erigen como garantes de la aplicación de normas verdes y pasan a gerenciar la supervisión del rubro colonizado.­


Para empezar por algún lado, es necesario recordar que desde que el hombre es hombre no hizo otra cosa que modificar la naturaleza. Es lo que lo distingue sobre otras especies y lo que demuestra que no es posible encontrar algo virgen de modificación humana porque los humanos somos la esencia misma de la modificación. Hecho maravilloso dado que caso contrario no existiríamos y Greenpeace no tendría cómo cobrar sus cuotas.


Cuestión que desde que nuestros lejanos abuelos recolectaron semillas y las plantaron donde ellos pudieran controlarlas y cazaron animales y los usaron para algo (comerlos, vestirse, defenderse o hacer videos para facebook) el hombre viene modificando la naturaleza en su beneficio. La domesticación es manipulación genética, gracias a la cual los hombres, partiendo del lobo llegaron a los caniches toy teñidos de rosa y con botitas que viajan en las carteras de las estrellas, firmes defensoras del dogma ecológico. La modificación genética se hizo instintivamente mediante cruza y selección, dele que te dele, desde hace siglos, pero la aceleración del conocimiento científico hizo que esa cruza y selección permita manipular genes específicos que mejoraron la calidad de vida como nunca antes.


Así, los intereses del activismo ecologista pasaron del conservacionismo de especies al neopuritanismo alimenticio. Esta corriente creció con fuerza en todos los lugares en los que el hambre no es un problema y en cambio la demencial soberbia de la ingeniería social sí lo es. La ideología que se opone a los organismos genéticamente modificados (OGM) ha crecido exponencialmente en el siglo XXI, en paralelo con otras variantes del anticapitalismo identitario. Tiene sentido, dado que es más fácil asustar a alguien persuadiéndolo de que come veneno que diciéndole que quedan sólo 14 ejemplares de ambystoma mexicanum, bicho tan feo que difícilmente su desaparición provoque alguna alarma.­


ANTIEVIDENCIAS­


Este neopuritanismo alimenticio cree (este es el verbo más adecuado) que los transgénicos son malos para la salud y que dañan a la naturaleza, punto. Existe abundante evidencia y muy al alcance de la mano que demuestra que los OGM son seguros para personas y para el medioambiente, pero ¿a quién le importan las evidencias si tenemos las emociones?­


El chef Damián Betular es el protagonista de la campaña #TomateChallenge, en la que asegura que los tomates que llegan a los hogares tienen "un gusto insípido y a agua y que no manchan la ropa porque tienen mucha agua'' (no nos detendremos a analizar lo irrisorio de esa oración) y nos dice "enterate qué se ESCONDE detrás de esa fruta que parece perfecta''.


Esta campaña es modélica del accionar comunicativo del activismo ecológico, que navega siempre debajo del radar de la evidencia y apunta al impacto sentimental. Greenpeace nos dice: ¡Ojo! que hay algo que se esconde, con mirar ya te das cuenta de que hay algo raro, eso que comemos es una amenaza, comentalo con tus amigos.­


Apenas se largó la campaña, la Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes salió a responder a las falacias de los antitomates, pero el poder de fuego de los datos frente al circo mediático de Greenpeace es nulo. Se ve que el chef contratado como escudo humano para apelar al miedo no estudió en su escuela de cocina ni la cantidad de variantes de tomates que existen cada una con su sabor particular, ni la influencia de los tiempos de maduración para determinar la concentración de azúcares, ni el tipo de suelo, ni ninguna otra cosa que pueda determinar el gusto de un tomate. Bueno, tampoco estudió que el agua es el componente mayoritario del tomate, no nos ensañemos.


CASO DEMENCIAL­


El alarmismo antitransgénico viene causando estragos de los que nadie se hace cargo. El caso más demencial lo protagoniza el arroz dorado una variante creada en 1999 con genes modificados para producir un precursor de la vitamina A. Greenpeace encabezó una feroz campaña de demonización y oposición al arroz dorado que había sido desarrollado para erradicar la avitaminosis endémica de las regiones más pobres de Africa y el sudeste asiático.


El accionar de Greenpeace fue tan descarado y vil que más de un centenar de científicos, mayoritariamente premios Nobel firmaron un manifiesto contra la organización ecologista por su rechazo a los alimentos transgénicos. En el texto urgen a Greenpeace a "reconocer las conclusiones de las instituciones científicas competentes'' y "abandonar su campaña contra los organismos modificados genéticamente en general y el arroz dorado en particular''.


Recordaban que la Organización Mundial de la Salud calculaba que 250 millones de niños sufren una carencia de vitamina A que les produce ceguera y que 500.000 niños se quedan ciegos cada año por falta de vitamina A y la mitad de ellos muere en el año siguiente a la pérdida de la visión. También hacían hincapié en que la producción mundial de alimentos debía duplicarse en 2050 para satisfacer las necesidades de la creciente población mundial.


"Hacemos un llamamiento a los gobiernos del mundo para que rechacen la campaña de Greenpeace contra el arroz dorado, en particular, y contra los cultivos y alimentos mejorados mediante biotecnología en general'', y continúan los científicos, "Hay que detener la oposición basada en emociones y dogmas, en contradicción con los datos. Los alimentos transgénicos son tan seguros como cualquier otro alimento, si no más.Nunca ha habido un solo caso confirmado de un efecto negativo en la salud de humanos o animales'', concluían.


El Manifiesto titulado Support GMOs and Golden Rice apoyaba los beneficios de la biotecnología genética aplicada a las plantas cultivadas. Pero de nuevo, el Nobel de la manipulación informativa lo tiene Greenpeace y la campaña de desinformación ya estaba lanzada.


Una de las formas que tienen los activistas ecológicos para contrarrestar a quienes denuncian sus manejos, es explicar que todo informe o denuncia contrario a su accionar está financiado por tal o cual empresa. Vale decir que exponiendo al financista de un estudio científico ya no es necesario refutar dicho estudio. Así vienen escapando de la necesidad honrada de probar lo que dicen sus campañas. Recurren al: "lo pagan los productores, lo pagan las farmacéuticas, lo paga tal o cual y por eso ya no tiene sentido desmentirlo''.


Bien, si es cuestión de calibrar el desprestigio dependiendo de quien lo financia, hemos de recordar que a las múltiples franquicias de Greenpeace la financian los conglomerados más ricos y con más intereses financieros y empresariales del planeta como la Turner Foundation, la Rockefeller Brothers Fund, BlackRock, JP Morgan, Bank of America, Citigroup, y varios etcéteras, sin mencionar el apoyo que reciben de los Estados a costa de los contribuyentes que no pueden elegir la dirección de su compulsiva beneficencia. Los gobiernos deberían tener prohibido hacer caridad con el dinero que no les pertenece, pero el mercado de la compraventa de prestigio es un monstruo grande y pisa fuerte.


ARMAGEDONICOS­


Las campañas de Greenpeace son exitosas y en ellas se invierten cuantiosos fondos obtenidos del capitalismo moralista y también se invierte el prestigio de esos escudos humanos que son la cara de las mismas. El ecologismo armagedónico echa mano de artistas, periodistas y, lo más triste, niños. Ir contra sus dogmas es ponerse enfrente de esos mascarones cosa que sería muy cruel y por eso los usan para decirle al mundo lo que tienen que comer, que los hijos son una plaga, que bañarse es atentar contra la madre Tierra y que el planeta está por explotar en unos 12 años.


De los orígenes y de los fundadores de Greenpeace queda poco. Paul Watson se peleó con sus compañeros de ruta y fue expulsado. Bob Hunter nunca superó la pelea y dejó todo en manos de Patrick Moore. Moore abandonó la organización denunciando que la agenda del cambio climático estaba guiada por una política destinada a crear cargos y subsidios y sostuvo que ``se abandonó la ciencia y la lógica en favor de la emoción y el sensacionalismo''. John Coleman otro de los fundadores y creador de Weather Channel, sumado al premio Nobel en física, Ivar Giaever y a Patrick Moore, explicaron que la alarma climática era una tergiversación de estadísticas y que la acción del hombre no impactaba en dicho fenómeno.


Pero los hombres pasan y Greenpeace queda, actualmente cuentan con más de tres millones de socios. Medio siglo de existencia demuestra que como actividad política el ecologismo tiene mayor capacidad de intervención en los Estados, mayor influencia política y mayor poder de fuego mediático que cualquier otra vertiente colectivista. Son inmunes a los datos y al fracaso, como lo demuestran las decenas de predicciones apocalípticas que jamás se cumplen y que reemplazan puntualmente cada vez que resulta necesario.­


Greenpeace ha demostrado que el miedo funciona mejor que cualquier otra pulsión, incluso que el resentimiento socialista, y las pruebas están a la vista. La amplia sucesión de mensajes alarmistas serán un fracaso en términos fácticos pero en el proceso asustan a las personas con un recurrente fin del mundo y de paso dejan dinero e influencia como ninguna otra manifestación empresarial o política. De ahí las acusaciones de "negacionismo" frente a quienes no están dispuestos a aceptar su "consenso".­


La ingeniería genética aplicada a los alimentos produjo mejoras extraordinarias en la calidad de vida pero el movimiento antitransgénico se ha ensañado con los OGM como lo hiciera años atrás con otros productos o ramas de la industria. Proponen: "un sistema de producción sin residuos de agroquímicos ni cultivos modificados genéticamente'', y además sugieren ``acortar la cadena de comercialización para que los alimentos lleguen frescos, desde el campo hasta la mesa, con beneficios socioeconómicos y culturales, ya que valora y dialoga con la experiencia de productores locales y campesinos''. Pareciera que el neopuritanismo alimenticio no tiene idea ni de distancias, ni de logística, ni de agricultura, ni de economía.­


Hablan de la naturaleza como una deidad rencorosa que asegura nuestro bienestar siempre y cuando no la modifiquemos ni la importunemos con nuestra vida humana ponzoñosa. Lástima que lo que el #TomateChallenge no explica es cómo, con su obsoleta, vetusta y trasnochada propuesta, lograrían alimentar a 8 mil millones de bocas.­