Sin liderazgo, los gobiernos de coaliciones devienen en democracias débiles

Por Claudio Chaves

 

¿Puede una coalición política gestionar y administrar un país como la Argentina se merece? ¿Hubo algún tiempo en que esto fue posible?

A la luz de lo que ocurre con el Frente de Todos, de lo realizado por Cambiemos y de lo actuado por la Alianza, la respuesta es no. Sin embargo hubo momentos de nuestra historia en que esto fue posible, la gestión fue exitosa y al país le fue bien, no obstante la feroz crítica de un sector ideológico muy ruidoso pero poco creíble como gestor eficiente.

No hay pretensión de comparar épocas, sería absurdo hacerlo, pero vale acercarse y observar aquellos acontecimientos porque iluminan estelarmente el fracaso del actual gobierno

Corría la década del 30 del siglo pasado y la crisis mundial sacudía sin piedad a nuestro país. La catástrofe económica se había llevado puesto a Hipólito Yrigoyen, jefe y creador del Radicalismo. El caudillo de Balvanera había ganado las elecciones de 1928 con una mayoría aplastante y un partido dividido. Solo su figura y trayectoria arrimó los votos. Sin embargo dos años después el gobierno caía empujado por los cadetes del Colegio Militar. No es el lugar para entrar en detalles. Lo cierto fue que desplazado Yrigoyen se apoderó del poder el nacionalismo pro-fascista de Uriburu, uno de los gestores del golpe, aunque ese sector también fue corrido, entrando en escena la figura de Agustín P. Justo. Político-militar por antonomasia, de la estirpe de Roca y también del posterior Juan Perón.

Su muñeca política por un lado y la proscripción de Yrigoyen por el otro, o al revés, según lo crea el lector, crearon las condiciones para que el general Justo construyera una coalición que duró once años en el poder y diera vuelta al país en la dirección de la política mundial.

Esa coalición se denominó Concordancia y la conformaba tres partidos, los Conservadores, que a instancias de Robustiano Patrón Costa se habían constituido como Partido Demócrata Nacional y propuso la candidatura de Justo a la Presidencia y de Julio Roca ( h) a la Vicepresidencia, los radicales anti-personalistas existentes desde 1924 y los socialistas independientes separados del tronco madre en 1928, impulsaban la candidatura de Justo pero a la Vicepresidencia la de José Matienzo, radical antipersonalista.

Todos reconocían al general Justo como la figura política del momento. El entonces Capitán Juan Perón escribía: ¨El general Justo es el candidato más seguro, la opinión sana del país, el elemento independiente, la banca, el comercio, la industria han movilizado sus fuerzas para ponerlas al servicio del país prestigiando al General para Presidente.¨ En la misma carta habla de la formula Justo-Matienzo. Lo que podría indicar su gusto por el radicalismo anti-personalista. En el cuarto oscuro hubo dos boletas por Justo, con Vices diferentes. Los conservadores obtuvieron 29,14 % y los anti-personalistas y socialistas 15,11%. Justo ganó con el 44,25 % de los votos y con Roca como Vice.

Como dijimos, la Presidencia de Justo cambió el país. Ingresaron a las Cámaras, conservadores de todas las provincias y radicales anti-personalistas, débiles en estructura partidaria y más aún en distribución geográfica. Figuras prestigiosas como Pinedo, De Tomaso, ambos socialistas, especialmente este último, hijo de un obrero del mismo partido. Prébisch economista de origen liberal, o el Vicepresidente Julio Roca (h) comprendieron las novedosas realidades mundiales y se acoplaron a ellas. Esa presidencia aguantó varios motines cívico-militares organizados por el radicalismo yrigoyenista, los peludistas como los denominaba Perón en la carta citada, que por propia voluntad se habían retirado del acto electoral. Justo supo sortear los graves acontecimientos, gracias a la figura central de su gobierno, el Ministro de Guerra, general Manuel Rodríguez, de quien Perón era su secretario. Y también Justo supo equilibrar y administrar las naturales diferencias de su coalición. Sin duda fue un gran político que supo elevarse por sobre los conflictos y administrarlos. La fórmula que enfrentó a Justo también fue una Alianza, denominada Civil, la conformaban la Democracia Progresista y el Partido Socialista, la izquierda de la época, ante la derrota se disolvió.

Una nota de color que amerita conocerse es el comentario de Justo al entrar en un comité del Partido Socialista Independiente y observar expuesta la bandera de la Patria. Exclamó entonces, sentirse seguro de su acuerdo.

El general Justo había sido Ministro del gobierno de Alvear, por lo tanto cercano a los anti-personalistas, el mismo se consideraba radical. Pero por naturaleza y tradición familiar era un liberal-conservador en línea con el mitrismo. Aunque ese mitrismo ya estaba diluido en su pensar por el contacto y confraternidad con el general José María Sarobe, un liberal historicista heredero de la Generación del 80 y también por la amistad con el Presidente de la Academia Nacional de la Historia, doctor Ricardo Levene, un liberal hispanista.

Al culminar su presidencia, Justo, armó la fórmula sucesoria: Roberto Ortiz-Ramón Castillo. Un radical anti-personalista y un conservador catamarqueño. No era el conservador que prefería, pues él deseaba a Miguel Ángel Cárcano, pero Robustiano Patrón Costa impuso a Castillo. Quien luego le devolvería el favor. El asunto funcionó a los tumbos a causa de la Guerra Mundial. Si bien Ortiz, hasta que se apartó del gobierno por problemas de salud, fue neutralista, el neutralismo militante de Castillo opacaba el neutralismo ligth de Ortiz. Pero quien no era neutralista fue el general Justo que se identificó rápidamente con los aliados acompañando la postura de Brasil al declarar la guerra al Eje.

El segundo ciclo de la Concordancia se caracterizó por una fuerte inestabilidad política y graves problemas de gobernabilidad. El tira y afloje entre Ortiz y Castillo culminó con la muerte del Presidente, mas no se acabaron los problemas. Sería muy extenso desarrollar en una nota periodística los conflictos cotidianos, pero sí afirmar que la inestabilidad estaba dada entre otras cosas por el auge del nacionalismo vernáculo, que había ingresado en la FF. AA. y de los liberales, que en el mismo Ejército, se medían mutuamente. En síntesis un sector liberal del Ejército que se identificaba con Ortiz programaba un golpe para impedir la asunción de Castillo, fracasaron, y el sector nacionalista condicionó a Castillo al asumir la presidencia, obligándolo a adoptar una serie de medidas favorables a su mirada política. En época de guerra mundial el Ejército tallaba fuertemente. Esta inestabilidad y las pujas permanentes al interior del Ejército llevaron a un pequeño grupo de oficiales, temerosos del desmembramiento de la fuerza, a organizarse en una Logia que fuera capaz de mantener la Unidad del Ejército: Grupo Oficiales Unidos. Razón por la cual es un disparate mayúsculo afirmar el carácter nazi-fascista del GOU, que de ser así, hubiera contribuido a ahondar las diferencias.

Castillo no alcanzó a terminar su mandato fue desplazado por el Ejército. Justo había muerto en enero de 1943 y con él desaparecía el padre de la criatura. La Concordancia estaba terminada.


EL FINAL DE LAS COALICIONES

Tres años después el Coronel Perón, en elecciones libres y sin proscripciones, llegaba a la Casa Rosada. Lo hizo a través de una Alianza entre el Partido Laborista, La Unión Cívica Junta Renovadora, y los Centros Cívicos. En el cuarto oscuro se podía elegir a Perón por medio de tres boletas. Algo similar a lo de Justo.

Pero el Coronel comprendió que no se podía gobernar con una coalición, menos cuando se venía de una grave crisis de representación y problemas de gobernabilidad. De modo que resolvió el asunto en dos pasos. Ordenó el cierre de los tres partidos que lo impulsaron a la Presidencia y creo el Partido Único de la Revolución para finalmente denominarlo Partido Peronista. Las coaliciones habían llevado a la crisis de 1943. Su liderazgo, los votos y el vínculo personal con el pueblo permitieron y posibilitaron esa decisión: un Ejecutivo fuerte que tanto molestó en su momento y que hoy todos reclaman. Algo parecido a la gata flora.

A su retorno en 1972 constituyó un Frente a los efectos de revelar una conducta más abierta, el famoso león herbívero, y abrió el juego al conjunto de los partidos, sin perder centralidad política y menos autoridad.

Dejo para otra nota la pregunta de si se pueden gobernar las democracias modernas con coaliciones o se requiere un Ejecutivo fuerte y sea el Parlamento el ámbito de las negociaciones de cara a la ciudadanía. Lo que sí es evidente en nuestro País, es que tanto la coalición de gobierno como la coalición opositora no se hallan en condiciones de gestionar exitosamente a la Argentina pues las diferencias y la falta de autoridad son abrumadoras.