Populismo, progresismo y Ernesto Laclau

Por Claudio Chaves -

 

Ernesto Laclau fue un importante intelectual argentino que ocupó un espacio expectable en el pensamiento de izquierda. Su obra levantó vuelo en occidente, a la caída de la Unión Soviética.


El fracaso del marxismo abrió las puertas para pensar de nuevo. Junto a su mujer, Chantal Muffe, con la que compartió ideas, lecturas y escritos, abordaron los tiempos triunfales del capitalismo autodefiniéndose como post marxistas, una manera sutil y elegante de anoticiarnos que habían dejado de ser marxistas, al menos, marxistas clásicos. El comunismo se había hundido en el mar de las imposturas y los náufragos se aferraban a los últimos maderos para alcanzar las costas del nuevo mundo, reinventándose de la manera más elegante posible. Abandonaron el marxismo y buscaron recrearse en la izquierda.

SU VIDA


Nació en Buenos Aires en 1935 y falleció en España en el 2014. Su padre fue un hombre de la política. Ferviente partidario de Hipólito Yrigoyen, sufrió los avatares de la persecución, al ser desplazado el radicalismo del poder, por el golpe militar de setiembre de 1930. Participó en distintos movimientos revolucionarios contra el gobierno del general Uriburu, jefe de la insurrección que asumió inmediatamente después del golpe. La familia Laclau padeció los contratiempos de la militancia radical. Tras cada intento revolucionario su padre debía esconderse o marchar al exilio de modo que no fue tranquila la infancia de Ernesto.


Por el contrario, fueron años de convulsión provocada por radicales extremos que se insurreccionaron en tres oportunidades sin alcanzar sus objetivos. Como ya hemos dicho con esos hombres conspiraba el padre de Ernesto, que vino al mundo por esos años. Desde la cuna vivió el ajetreo político. El radicalismo de su padre hizo que en la familia Laclau se viviera un clima de anti peronismo militante, durante los años en que el general Juan Domingo Perón gobernó el país.


Ingresó a la Universidad de Buenos Aires en 1954, en la carrera de Historia. Si había un ámbito hostil a Perón, ese era el universitario, allí se concentraba el anti peronismo militante. A la caída del gobierno, la Universidad quedó en manos de la izquierda. La Revolución Libertadora de 1955 nombró a José Luis Romero, militante socialista, Rector, y a Ismael Viñas, un marxista clásico, Secretario Académico. En ese clima cultural se educó Ernesto. Muchos años después haría pública sus críticas a la política universitaria del peronismo afirmando que no era buena, sino más bien mala, entre otras cosas por su inclinación hacia los sectores católicos más reaccionarios.


Al cursar la carrera de Historia se vinculó a la revista Contorno y también al Profesor José Luis Romero, con quien creo la cátedra Historia Social. Mantuvo con el historiador medievalista una relación muy estrecha reconociéndole una gran influencia en su formación histórica, por su narrativa generalista y su mirada global de los procesos históricos. Podríamos decir, entonces, que en esta primera etapa, su formación cultural y política se construyó en el mundo intelectual de la izquierda anti peronista. Izquierda que caracterizaba peyorativamente a este movimiento, como populista. No obstante sus vínculos con la izquierda aún no había llegado al marxismo, el mismo lo aseguró a la Revista el Ojo Mocho: ¨no éramos marxistas apenas estudiantes rebeldes que estábamos rompiendo con los principios de la Revolución del 55¨. Luego de pasar rozando al frondizismo ingresa al Partido Socialista Argentino, escisión del Socialismo, que guardaba una mirada más comprensiva del justicialismo, allí estrechó vínculos, como ya hemos dicho, con José Luis Romero que caracterizaba al peronismo como fascismo y populismo. Finalmente recala en el Partido Socialista Argentino de Vanguardia junto con Romero, de inclinación marxista-leninista. Ahora sí profundiza en ese corpus. Hace suya totalmente la idea leninista de construcción de un partido de clase portador de la voz del proletariado, que en su lucha revolucionaria debe asumir los intereses generales.


Sin embargo pronto lo asaltó la duda puesto que al decir de Laclau lo que se vivía en ese partido era una radicalización en el vacío. La clase obrera no estaba.


La década del 60 se caracterizó por el crecimiento exponencial de la izquierda marxista en todo el planeta, la Argentina no fue una excepción, por el contrario, ofreció un escenario ideal para un marxista convencido, acerca de que el proletariado era la clase capaz de adjudicarse la dirección de los cambios revolucionarios, dada la densidad política que había adquirido el proletariado en el país. La Confederación General del Trabajo (CGT) fue la fuerza social que debilitó, uno a uno, a los gobiernos que se sucedieron a la caída de Perón.


Por un lado los trabajadores asalariados unidos en una Confederación y por el otro, el Ejército, fueron las dos fuerzas unificantes de espacios políticos antagónicos.


Por aquellos años nadie imaginaba que el proceso de sustitución de importaciones se agotaría, desinflando la hegemonía proletaria. Eso ocurriría un tiempo después.


A comienzos del 60 Ernesto se sintió atraído por la Revolución Cubana, como la inmensa mayoría de los jóvenes con inquietudes políticas, no por el sesgo guerrillero que la llevó al poder y que rápidamente se impuso en Iberoamérica sino porque observaba en ese acontecimiento el carácter popular que sobrepasaba los límites de la clase obrera. No cree en las armas pero sí en las revueltas populares. Por otro lado se sintió motivado cuando Fidel Castro afirmó ser marxista-leninista y ahí comienza a explorar a Sartre, Althusser, y finalmente a Gramsci.


Laclau entendía que ese marxismo seco y estéril, del Socialismo de Vanguardia sin obreros, no alcanzaba a satisfacer sus inquietudes, por otro lado al partido no le interesaban los asuntos universitarios que a Laclau desvelaban, de modo que con un grupo de militantes crearon el Frente de Acción Universitaria y a poco andar ingresaron al PSIN, Partido Socialista de la Izquierda Nacional, fundado por Jorge Abelardo Ramos, quien reivindicaba al peronismo desde posiciones de izquierda. Una rareza, puesto que desde su inicio Perón había dejado claro su anticomunismo y sus posiciones políticas de derecha.


La izquierda que desde sus orígenes se había arrogado la representación política de la clase obrera, no podía comprender al peronismo, más que como un movimiento fascista de masas. La Izquierda Nacional por el contrario pensaba que si la clase obrera estaba con Perón, la cuestión se resolvía estando cerca de los sujetos de la historia. ¿Para qué? Para introducir luz en las tinieblas. Poner conciencia en la inconciencia de clase. No era otra cosa que la propuesta leninista de introducir la idea de la revolución desde afuera, por medio de una vanguardia esclarecida, constituida en partido.


Ramos negaba taxativamente la posibilidad de ingresar al peronismo como ala izquierda. La consigna era: Golpear juntos y marchar separados, tomada de textos de Lenin. Discusión que luego Ramos tendría con Laclau, sin llegar a ponerse de acuerdo.


Desde esa formación política Laclau va construyendo, como el mismo lo reconoce, sus ideas centrales, que plasmará en su libro Hegemonía y Estrategia Socialista de 1985. Y estas tienen que ver con la evolución que va sufriendo su pensamiento. ¿Cuáles son estos cambios? De a poco va abandonando la idea de la construcción del partido de clase para alcanzar el socialismo, virando hacia una posición movimientista que él denomina nacional y popular, más ligada al peronismo de izquierda, por ejemplo de Juan José Hernández Arregui, Cooke o Rodolfo Puiggrós, pero renegando del uso de las armas. La idea consistía en actuar al interior del peronismo. ¨La fundación del PSIN y el rechazo de la alternativa de constituir una corriente diferenciada al interior del peronismo¨ lo discutí con Ramos, afirma Laclau, sin embargo; ¨Ramos nunca la llevó enteramente a cabo, pese a que todo su pensamiento lo empujaba en esa dirección.¨


Hay una carta de Ramos a Perón de 1968, donde solicita le envíe un mensaje para un Congreso del PSIN: "Convengo en que no es corriente que el jefe de un movimiento político dirija un saludo o mensaje al Congreso de una organización política diferente. Pero nada es corriente en nuestro país; tampoco en la Historia que es llamada Clío, mujer al fin, y como las mujeres, imprevista. En todo caso esto significaría que por primera vez ha aparecido en la Argentina un movimiento de izquierda genuinamente nacional y latinoamericanista que ve en el peronismo a un sector mayoritario de un Frente Nacional del que es irrenunciable formar parte. Cuanto más independiente sea esta organización socialista del peronismo, mejor será para el peronismo y para ella misma¨ Lo que le decía a Perón era lo que discutía con Laclau.


Esa mirada era peligrosa para Ramos, (la de ingresar al peronismo), pues la izquierda peronista que ya ocupaba ese espacio se había hecho guerrillera al influjo de la Revolución Cubana, postura que Ramos condenaba y Laclau también. Sin embargo había entre ellos una diferencia frente al castrismo, Laclau defendía la Revolución como un hecho popular, Ramos la criticaba como una revolución elitista.

De manera que la situación para Ernesto se hizo irresoluble, el Partido ¨de la clase obrera¨ ya no lo convencía, e ingresar al peronismo siendo de izquierda lo depositaba en manos de la guerrilla.


Un dirigente del Partido Comunista, alejado de esa organización, le escribe a Perón: "Tengo que referirme a mi propia experiencia y a mi evolución desde que en 1945 rompí públicamente con una militancia de veinte años en las filas del comunismo. A partir de entonces nuestros esfuerzos, los de quienes tenemos la cosmovisión marxista tendientes a sumergirnos en el peronismo han tropezado con dificultades que emanan en primer lugar de la imagen que se han formado los peronistas de los partidos y hombres comprometidos en la política antinacional." Esta carta es de Rodolfo Puiggros, que como marxista se sumerge en el peronismo. Años después se uniría a los Montoneros. Hubiera sido el destino de Laclau si no se hubiera marchado.


Ninguna de las dos eran alternativas para él. De manera que se fue a Inglaterra a realizar un pos grado gracias a la invitación de Hobsbawm que lo ayudó a salir del laberinto por arriba.


Finalmente en lo que hace a su formación intelectual Laclau declara: ¨Haber leído a Ramos, Jauretche, Hernández Arregui en lo que hace al pensamiento político. En cuanto a influencia intelectual, yo no recuerdo, después de la experiencia con Romero ningún otro que haya sido significativo en mi formación en ese período¨ (El Ojo Mocho)


LA PROPUESTA POLÍTICO-CULTURAL DE LACLAU


Como miembro encumbrado de la Izquierda Nacional dirigió durante cuatro años la publicación Lucha Obrera, periódico del PSIN, donde se abordaba la historia Argentina y las tareas revolucionarias por venir, junto al peronismo. En Lucha Obrera se publicaron las tesis de dicho partido de las cuales, como ya hemos dicho comenzó a distanciarse. La condición movimientista del peronismo influyó fuertemente en Laclau. De alguna manera en el PSIN también, al momento que su consigna principal hablaba de un gobierno obrero y popular, trocada luego por la de un gobierno nacional y popular. La palabra popular involucraba a sectores sociales no específicamente obreros y este asunto comenzó a dar vueltas en la cabeza de Laclau y afirmaba: ¨La consigna nacional popular de esos años, definitivamente debilita el carácter rígido de las identidades tanto sociales como políticas. Los agentes sociales no son las clases en el sentido fuerte, no son los individuos, tampoco son formas de articulación colectivas precarias, parciales, que se van dando durante el proceso de interacción colectiva. Ahora, eso estaba en el caso de Ramos, ciertamente, pero al lado de eso coexistía un intento de super fijación en términos de las clases. Por ejemplo que el peronismo ha sido burgués y que la revolución nacional tiene que ser socialista supone una lógica de las identidades clasistas mucho más rígida que lo que se daba en la realidad¨ (El Ojo Mocho)


Lo cierto es que Laclau comienza a tomar distancia de Ramos y de la Izquierda Nacional, atribuyéndole a Abelardo una arrogancia insoportable cuando afirmaba que el PSIN era la vanguardia de la clase obrera, quienes tendrán que venir a tocar el timbre para afiliarse. Laclau asegura que en una conversación con Ramos, este le dijo: ¨Para mí lo que importa es el partido, todo lo demás es una vaga periferia que empieza a importarme definitivamente menos¨ (El Ojo Mocho)


La construcción del pensamiento de Laclau se realizó como contracara del de Ramos, más que por influencia de Gramsci, por el rechazo al carácter sectario del PSIN. Había que aceptar en un todo los principios del libro más célebre de Ramos: Revolución y Contrarrevolución en la Argentina y Laclau afirmaba que no eran necesarios tantos determinantes ideológicos, en la medida que surgían como hongos grupos que marchaban en la misma dirección, por lo tanto el partido debía descargar ferretería, había que ser más liviano. Años después a esta idea la denominaría significante vacío. A Ramos esa liviandad le parecía inaceptable. En el PSIN había otros pensadores más extremos que Ramos como Jorge Enea Spilimbergo o Blas Alberti y es posible que ellos ejercieran presión para más ortodoxia.


Pero hay otro punto y este tenía que ver con la línea histórica del ramismo: ¨Un día los estudiantes de la izquierda nacional ocupan el edificio central de la Universidad de Buenos Aires, en apoyo al plan de lucha de la CGT, y ponen un enorme cartelón que dice: Estamos con Roca, Yrigoyen y Perón. Bueno el estudiantado que se movilizaba con consignas nacionales bastante vagas de golpe se entera que es roquista. Las cosas no podían funcionar de esa manera.¨ (El Ojo Mocho)


No en balde Laclau simpatizará luego con el kirchnerismo que hizo del antiroquismo una bandera central de su historiografía. El populismo tal cual lo entendía Laclau y Muffe, como luego veremos, no podían considerar como valiosa la experiencia del general tucumano que dio origen al Estado Nacional, perfeccionando la institucionalización del País.


Hay que señalar también que su pasado familiar radical constituyó también un componente cultural movimientista e ideológico anti roquista.


De Gramsci podríamos decir que tomó dos líneas de acción, por un lado el valor de la lucha cultural, salir del esquema rígido del marxismo, de que la existencia determina la conciencia. Operar desde el pensamiento, independientemente de las formas de producción y darle una significación y un sentido a las cosas, para luego construir desde allí una mirada que poco a poco gane la conciencia del pueblo. Que encarne en él.


De esa manera construir una hegemonía antagónica a la vigente y que sea capaz de asumir la representación de todos. Acá habría un problema pues si todos aceptan esos valores se acaba el conflicto que es el motor de la política. Gramsci no desarrolla más el tema, Laclau sale del atolladero planteando que nunca una hegemonía es para siempre. Es más, afirma que ninguna revolución es para siempre. El esquema es de trincheras donde se avanza y retrocede.


Y la otra la idea el concepto de pueblo como bloque social capaz de torcer la historia.


UNA EXPLICACIÓN SOCIOLÓGICA VACÍA DE HISTORIA

Ver a un historiador de extensa y afamada trayectoria como es el Doctor Ernesto Laclau, Profesor emérito de la Universidad de Essex y conferencista en diversas universidades occidentales, realizar unos circulitos en una pizarra, para explicarnos, como una cadena de demandas sociales o políticas pueden transformarse en un hecho revolucionario, provoca cierta hilaridad, no porque no fuera cierto, sino por la novedad y el esmero con que presenta algo más viejo que el tiempo. Ya Plejanov el legendario marxista ruso afirmaba respecto de la Revolución Francesa: ¨Este estado (la revolución) depende de las particularidades individuales de diferentes personas. Pero las particularidades individuales la hacen más o menos apta para satisfacer las necesidades sociales que surgen en virtud de una relaciones económicas determinadas o para oponerse a esta satisfacción¨ (El Papel del individuo en la Historia)


La algazara aumenta cuando propone definiciones como significantes universales, significantes diferenciales, significantes flotantes, cadenas equivalenciales, para que finalmente aparezca una síntesis de todas que emerge o asume la representación del conjunto. Esta última la dibuja por encima de las particulares con flechas que van y que vienen y la denomina significante vacío. Este significante sería la síntesis de las particularidades que enfrenta a la insatisfacción de la que hablaba Plejanov.


No crea el lector que voy a explicar la teoría laclauliana, no me corresponde y además huyo de los intelectuales que procuran explicar las ciencias sociales con cuadros sinópticos, esquemas y diagramas, redes conceptuales o fórmulas asimilables a las ciencias duras. Como si fueran teoremas de inexorable cumplimiento. Hay algo que en mi formación profesional de historiador rechazo fuertemente, independientemente de la ideología de Laclau, y esto es cuando se pretende geometrizar las ciencias humanas.

Lo extraño en el caso de Laclau es que proviniendo de la Historia, sobre el final de su vida explore un camino más cercano a la sociología que a la ciencia madre, al decir de Herodoto. O sea un desarrollo de los conceptos más que de los hechos. Y extraña más aún, porque se encierra el solo en la trampa. En una entrevista televisiva, al contar su juventud y narrar un encuentro con Arturo Jauretche, amigo de su padre, decía: ¨caminaba por la calle Santa Fe y al doblar por Florida, don Arturo me dio un consejo que aún hoy recuerdo y me ha ayudado mucho en mis elaboraciones intelectuales los conceptos aíslan y son los nombres los que le dan un sentido a las cosas.¨ No pareciera haber asimilado la idea.


En esa línea abstracta y alejada de la historia Chantal Muffe al explicar un aspecto de su teoría y en coincidencia con Laclau acerca de la cadena de equivalencias, dice: ¨Construir un pueblo es la tarea política más importante porque no viene pre constituido, los diferentes reclamos o sea la cadena de equivalencias y el significante vacío conforman un pueblo nuevo. Construir un pueblo a través de la articulación de una serie de demandas democráticas y heterogéneas, construyendo una cadena de equivalencias.¨ En síntesis un pueblo se construye a partir de demandas, esto es el presente.


¿Y la historia, las tradiciones, las costumbres? Al parecer no cuentan. La sociología opaca la historia.


EL REPUBLICANISMO LIBERAL NO DEBIERA CRITICAR TANTO

Ernesto Laclau y Chantal Muffe, como ya hemos dicho, han dejado de ser marxistas, aun reivindicando a Gramsci y aspectos inciertos de Althusser. Su experiencia de vida, intelectual y política, en Inglaterra los llevó a comprender acertadamente que lo realizado por Margaret Thatcher no tenía vuelta atrás, en el sentido de que el capitalismo resurgía con fuerza inusitada. Esta realidad los llevó a escribir Socialismo y Hegemonía Política, donde ya puede observarse el alejamiento del marxismo. La caída del Muro de Berlín y el hundimiento de la Unión Soviética fue el final. De todos modos su militancia en la Izquierda Nacional lo hizo descreer siempre de la Unión Soviética. ¨Mi experiencia política en la Argentina y la existencia del peronismo me alejó de la concepción tradicional marxista de la lucha de clases para acercarme a realidades movimientistas y populares.¨ (Prologo, escrito por Laclau a la biografía de Ramos. Alberto Regali) Afirma, Laclau, categóricamente, que el discurso del marxismo clásico debe ser abandonado. Esta postura le ha granjeado el desprecio que la izquierda precámbrica tiene por Laclau.


Ya no creen en el determinismo marxista, aunque este punto es relativo, puesto que Lenín, asumido como marxista, no esperó el designio y desenvolvimiento de la historia, actuó sobre ella a fuerza de voluntad revolucionaria. En Lenin había jacobinismo marxista. Iluminismo. En Laclau y Chantal algo de esto hay. Chantal se interroga. ¨Cómo seguir pensando la sociedad como conflicto más allá del marxismo clásico?¨ (La lucha de clases)


Lo resuelven planteando la construcción de una democracia radical, en donde se respeta la democracia liberal, sin neutralizarla. Consideran que una política de centro o una confluencia hacia el centro de los partidos políticos, anulan la democracia. La democracia es en definitiva antagonismo, confrontación. Si se borran las diferencias y se acaban los antagonismos nos encontraríamos, dice Chantal, en una situación peligrosa y favorable a los movimientos de extrema derecha, como Le Pen o Vox. Solo hay democracia cuando se puede escoger entre alternativas enfrentadas. ¿Y a Le Pen y Vox donde los pone? ¿Están por fuera del enfrentamiento? En este punto son coincidentes con el liberalismo republicano que consideran a Le Pen y Vox destructores del republicanismo democrático. Laclau y Chantal, entonces, imaginan una democracia donde el centro es el antagónico al populismo o sea a ellos. En el caso particular de la Argentina los liberales republicanos de este país como podrían ser los radicales y sectores del Pro debieran darle las gracias al matrimonio, pues están adentro, como antagónicos de la nueva izquierda. Sin embargo se han pasado criticándolos sin conocer la especificidad del pensamiento laclausiano.


Acá vuelven a descarrilar. ¿Con quién desea confrontar, entonces, Chantal? Veamos. Ella dice que la existencia de toda identidad (por ejemplo la de su sector político) se constituye en la afirmación de una diferencia, la determinación de un otro que le servirá de exterior, que es antagónico y contrario. La identidad se construye a través de parejas de diferencias jerarquizadas. ¡Bien!


Por otro lado afirma que los partidos liberales (habla de Europa) se corrieron al centro y la socialdemocracia hizo lo mismo desde la izquierda, de modo que esta coincidencia en el centro de los partidos tradicionales anula la democracia porque no hay lucha, por lo tanto no hay política. Ante esta situación, Le Pen y Vox asoman como un peligro. ¡Se hace imperioso, entonces que renazcan los antagonismos! ¿Pero qué antagonismo? ¿Entre quienes? Se supone, entonces, que ese nuevo antagonismo sería entre la nueva izquierda, nacional y popular y los centristas que respetan el juego democrático. Este antagonismo pondría al populismo en la posición de ocupar el Estado pero no para cambiarlo.


Con esta ecuación hecha en el aire, el matrimonio supone poder clausurar el camino al poder de la extrema derecha. Que es extrema para el progresismo. Es un esquema demasiado endeble e interesado que se choca con la realidad.


Chantal y Laclau se asumen de izquierda pero no marxista, algo así como un revival de la izquierda europea pre marxista, esto es anterior a 1848. Una especie de jacobinos sin Robespierre. Esta postura ideológica hace que la izquierda tradicional observe a esta pareja de intelectuales como renegados. De alguna manera lo son pues representan la rendición incondicional del marxismo ante la realidad incontrastable de su fracaso. Quedándose a mitad de camino.


Laclau afirma que la nueva izquierda no debe plantearse como una izquierda estatista sino que se atreva a introducir elementos de regulación estatal que no anule la propiedad privada, sino que dirija la economía en un sentido nuevo, esto podría llamarse pos marxismo, dice. En realidad no es nuevo es capitalismo de Estado. Ante una pregunta de un periodista sobre si Cuba debiera adaptar su economía, como Laclau aggiornó su pensamiento, el intelectual pos marxista afirma, que sí, efectivamente Cuba debe ir incorporando de a poco ciertos aspectos institucionales de la democracia liberal.


EL POPULISMO


Lo que hemos narrado hasta aquí son los fundamentos del Populismo. Un sistema que se mueve dentro de la Democracia formal pero ampliando la base de sustentación a los nuevos movimientos sociales nacidos al calor de la expansión del liberalismo, empujando las libertades individuales a límites exasperantes. Apoyándose en ese divisionismo multiculturalista establece su cadena equivalencial en búsqueda del significante vacío. Para Laclau el populismo puede ser de derecha o izquierda, puesto que el populismo es una forma de gobierno. Comparable, no lo dice él, a lo que podría ser una Monarquía Absolutista respecto del Despotismo Ilustrado. Las dos son autoritarias nada más que una privilegia un sector social y la otra a otro.


Lo que sí afirma es que un gobierno de izquierda no puede ser otra cosa que populista. De modo que para Laclau y Chantal izquierda y derecha siguen siendo entidades políticas de vigencia, al parecer eternas. Pero en sus argumentos anida la incongruencia, pues también hablan de construir una hegemonía con los de abajo desafiando a los de arriba.


Esta manera de enfocar el populismo ha hecho enojar a pensadores amigos de Laclau como Jorge Aleman quien ha dicho: ¨Afirmar que la derecha puede practicar populismo es un error, para eso yo no hubiera renovado esa palabra. El populismo solo es de izquierda¨ Lo de renovar la palabra no corresponde, en tal caso sería resignificarla en tanto en la década del 40 del siglo XX populismo era el fascismo.


El ataque frontal de Laclau y Muffe se dirige a lo que denominan neo liberalismo, realizando observaciones a mi ver correctas en un caso incorrectas en otro. El liberalismo de fines de siglo XX rechaza la figura política del caudillo o jefe popular porque se vincula con el pueblo por medio de las pasiones que es un sentimiento colectivo. El populismo valora ese sentimiento. Sin embargo el liberalismo del siglo XIX no solo admitía las pasiones sino que las alimentaba. Finalmente aseguran que el neo liberalismo por su condición racional busca el consenso que es lo que el populismo rechaza. También en este punto hay que ver de qué momento se está hablando. No podemos desarrollar acá este tema.


CONCLUSIÓN


Para Chantal y Laclau la propuesta política consiste en construir una Democracia Radical. Que no aborte la democracia liberal sino que la consolide mediante el antagonismo de dos fuerzas o hegemonías. Esta hegemonía supone, por el contrario a Lenín y al marxismo clásico, la construcción de identidades colectivas complejas en las cuales el clasismo se va diluyendo, pero no totalmente. Esa hegemonía o bloque histórico debe construirse a partir de sectores marginalizados de la población, o sectores con inserciones sumamente precarias. Y también con las minorías que han ido surgiendo al calor de la explosión liberal que sacudió al mundo a partir de mayo del 68. El feminismo, el consumo de drogas, la homosexualidad, los LGTB, el aborto, los derechos humanos, el género y una novedad propia de América, el indigenismo. La idea sería construir una cadena de equivalencias con todas estas demandas y otras que naturalmente irán apareciendo. El socialismo del siglo XXI planteado por Chávez y seguido por Correa, Morales, Podemos en España y el kirchnerismo, sería la máxima aproximación a su proyecto. No se sabe por qué, nadie se lo preguntó, entre sus simpatías políticas no se encuentra Lula.


Finalmente Laclau afirma que fue en la Izquierda Nacional y en la década del 60 cuando comenzó a elaborar sus ideas acerca de cómo se constituyen identidades colectivas alrededor de posiciones diferenciales. En esta aseveración aparece una nueva contradicción. ¿Por qué?


Porque en otra parte de sus escritos Laclau afirma: ¨Jorge Abelardo Ramos pertenece a una tradición de pensadores que reintegraron las masas a la historia. Sus dos grandes libros Revolución y Contrarrevolución en la Argentina e Historia de la nación latinoamericana representan un brillante intento de trazar una épica del pueblo como actor colectivo.¨ (Prologo a la biografía de Ramos) Cualquier lector que haya abordado esos textos lo que menos encontrará son posiciones diferenciales capaces de construir cadenas de equivalencias, lo que encuentra son hombres que al decir de Ramos representaban intereses nacionales o antinacionales. Pero este es otro asunto.


Mientras Laclau rompe con el marxismo y propone una nueva izquierda pos marxista y se identifica en la Argentina con el kirchnerismo, pues es lo que hubiera deseado hacer en los sesenta de no existir la violencia subversiva, Ramos abandonó de igual forma el marxismo al ingresar en la década del 80. Para tornarse más cercano al nacionalismo. Ambos se alejaban de los textos de Marx y mientras Laclau se hundía en el pos marxismo occidental, Ramos profundizaba en pensadores iberoamericanos. Cuenta Methol Ferre en el prólogo al libro de Ramos, La Nación Inconclusa: ¨Caminando por Corrientes (avenida donde se hallan muchas librerías) me mostró una librería apta para la izquierda sofisticada que había puesto el Partido Comunista. Nos acercamos a sus vidrieras, y vimos allí un libro de Trotsky. Ramos me comentó con sonrisa entre triste y maliciosa ¡lo que es la vida¡ Cuando ellos están por llegar a Trostky, uno ya se fue.¨


Finalmente los 90 los encontró definitivamente desencontrados. Ramos ingresaba al peronismo bajo la conducción de Menem y Laclau enfrentaba al denominado neoliberalismo para apoyar sobre el final de su vida al progresismo de izquierda iberoamericano y al kirchnerismo en la Argentina. Pasará de moda pues este pensamiento es lábil e incomprensible para los sectores subalternos, como gustan identificar al pueblo.