El cordobazo: las razones profundas de la convulsión social

Por Claudio Chaves

Para Foro Patriótico


A lo largo del siglo XX hubo dos momentos en que la convulsión social pareció llevarse todo al mismo infierno. Una falla tectónica del sistema político abrió una brecha por donde corrió el torrente social, que sin control y enardecido desbordó los espacios públicos y privados. La Semana Trágica de 1919 y el Cordobazo, cincuenta años después, el 29 de mayo de 1969. En las dos situaciones debió actuar el Ejército pues las fuerzas policiales superadas retrocedieron mudas de espanto. En las dos instancias, para entender qué ocurrió, la primera mirada debe dirigirse al orden mundial.

En 1919 el ascenso de las luchas obreras marcó la agenda mundial. El triunfo de la Revolución Rusa conmocionó de tal forma a occidente que marxismo y anarquismo, no obstante sus enormes diferencias, iniciaron lo que el historiador Ernest Nolte denominó la guerra civil europea. En nuestro país el clima antirojo ganó a buena parte de la sociedad acomodada. Pero más allá del atropello empresarial del señor Pedro Vasena, dueño de los Talleres del mismo nombre, de la policía brava y del Ejército que actuaron con brutalidad, similar a la de los obreros enardecidos (el historiador anarquista Diego Abad de Santillán decía: "Éramos muy jóvenes, impulsivos, inmaduros. Creíamos que la revolución social era inminente y recurríamos a cualquier extremo."), en la cima del poder político hubo un resquebrajamiento, una fractura que habilitó el caos social.


Ciertamente la explosión obrera tomó por sorpresa a la élite política de la época, en cualquiera de sus expresiones: conservadores, radicales o socialistas. El diputado radical Horacio Oyhanarte leyó bien lo que estaba ocurriendo en el mundo al afirmar que luego de la primera guerra mundial su resultado ha sido la emergencia de la clase obrera (Julio Godio: La Semana Trágica). Pero no todos los radicales pensaban del mismo modo. Mientras el gobierno negociaba con los dirigentes socialistas y los empresarios, Manuel Carlés, dirigente radical, organizaba la Liga Patriótica para asaltar y quemar sindicatos y Leopoldo Melo del mismo partido se ponía abiertamente del lado de Vasena.


De modo que la situación era delicada desde el lugar que se lo mire. Yrigoyen se hallaba enfrentado con la elite tradicional del país. Eso era esperable. Lo grave fue la fractura de su partido que ya se avizoraba. Solo a manera de ejemplo pero sin ampliar pues no es el objetivo del presente artículo. El gobernador de la Provincia de Buenos Aires José Camilo Crotto frente a la gravedad de los acontecimientos buscó una entrevista con el presidente Yrigoyen. Entrevista que le negó pues Hipólito le manifestó al secretario del gobernador: "Dígale usted al doctor Crotto que él es uno de los grandes culpables de la situación actual. Toda esa gente enemiga del gobierno y del orden ha encontrado en el doctor Crotto su mejor aliado." (Ernesto Micheo y Ernesto Q. Vergara: Crotto Historia de una ingratitud)


En síntesis, la Semana Trágica fue un levantamiento obrero, absolutamente obrero, que se insertó en la incipiente fractura del partido radical. Y esto muy a pesar de la Reforma Universitaria de 1918 que hablaba de la unidad obrero estudiantil. En las calles de Buenos Aires eso no se observó.


En el Cordobazo la situación no fue diferente en lo que hace a la uniformidad del gobierno y del bloque social que le dio origen. Ciertamente se trataba de un gobierno militar apropiado del poder por medio de un golpe, pero como el desplazado, el doctor Humberto Illia, había llegado al gobierno con el 24% de los votos y la proscripción del peronismo, el lamento no fue generalizado. Sectores medios, urbanos y rurales expresados por la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) fueron los más doloridos. Observación que agudamente realizó Juan Perón en carta al sindicalista José Alonso cuando le escribió: ahora no estaremos solos enfrentando la proscripción. Aserción que confirmó el general Agustín Lanusse, en ese momento Comandante en Jefe del Ejército, al describir a los actores callejeros que dieron origen al Cordobazo: "Yo veía, sobre todo, una significativa presencia de los radicales" (Alejandro A. Lanusse: Mi testimonio).


Pero antes de abordar los aspectos locales de la crisis que desembocaron en la pueblada cordobesa corresponde realizar una somera reseña del panorama mundial. A diferencia de los años 20, en la década de 1960 había un alza o, para decirlo con terminología moderna, un empoderamiento de las clases medias en occidente. Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Alemania Occidental, Italia, Hungría, Checoslovaquia, son solo algunos ejemplos de la inquietud social y política de estos sectores. Historiadores tan disímiles como Paul Johnson (Tiempos Modernos) o Eric Hobsbawn (Historia del Siglo XX) observan este fenómeno de efervescencia estudiantil como un signo distintivo de aquellos años. Por otro lado, los extraordinarios y vertiginosos progresos tecnológicos de la Unión Soviética empujaron a este estudiantado a adherir, a veces ortodoxamente y otras vagamente, a un socialismo que inexorablemente asomaba en el horizonte de la humanidad y hacia el cual nos dirigíamos de manera revolucionaria. El marxismo, ideología oficial de la URSS, ganó al profesorado universitario, la intelectualidad bien pensante, artistas, cantantes y literatos en buena parte de occidente. Los estudiantes argentinos fueron presa de la misma fuerza, adicionándole la influencia de la revolución cubana como también de un peronismo nuevo, a la medida de la clase media, desvinculado del tradicional, con un sesgo socializante y cristiano que en la Universidad de Córdoba se conoció como Integralismo.


La intervención de la Universidad por el gobierno militar puso al estudiantado en pie de guerra desde 1966. Tres años después, la gimnasia adquiría contornos insurreccionales. Este empoderamiento estudiantil se hizo sentir en las jornadas de alzamientos provinciales que desembocaron en el Cordobazo. El lío se inició en Corrientes extendiéndose al Chaco en mayo de 1969. Cae, asesinado por la policía, Juan José Cabral, estudiante de Medicina. Al día siguiente entra en ebullición Rosario y muere el estudiante de Ciencias Económicas, Adolfo Bello. Hasta acá han sido en lo fundamental convulsiones estudiantiles. Promovidas y provocadas por este sector de la clase media argentina. Por lo tanto ajenas en su esencialidad al peronismo y a la clase obrera que se hallaba dividida en tres sectores bien definidos. Dialoguistas: Augusto Vandor, José Alonso, Ramón Baldassini. Ortodoxos: algunos gremios del sector servicios, los expresaba la CGT de los Argentinos donde había independientes y comunistas. Y los participacionistas: Rogelio Coria o Juan Taccone. Y unas 62 organizaciones, conducción política de los gremios peronistas, que no lograban hacer pie. Resultado, un movimiento obrero dividido y sin iniciativas de encarar una revuelta, a excepción de la CGT de los Argentinos. Trabajadores de las automotrices y metalúrgicos cordobeses estuvieron en las calles pero por cuestiones puntualmente gremiales. El dirigente del gremio automotor, SMATA Córdoba, Elpidio Torres, en su libro El Cordobazo (escrito treinta años después), a pesar de su intento de elevar a categoría política la movilización obrera, no desconoce que esta fue motivada por la derogación por parte del gobierno nacional del "sábado inglés", esto era, cobrar íntegramente la jornada del sábado cuando en realidad se trabajaba hasta el mediodía. Era una cuestión estrictamente gremial. En el estudiantado universitario se movían otros intereses más vinculados a la política y a lo ideológico.



EL GOBIERNO


El general Juan Carlos Onganía carecía de capacidades políticas que lo hicieran eficiente en su labor gubernamental. Roberto Roth, que apreció de cerca su personalidad, describió en su libro Los años de Onganía algunas de las cavilaciones del General: "Se preocupaba por temas que entonces despertaban poco interés o escasa inquietud: la protección del elefante marino en Chubut, la vicuña en La Rioja, el yacaré en Misiones, y el venado criollo en Magdalena o en Formosa" y esto mientras el país ardía. Sin embargo y posiblemente a pesar suyo había logrado constituir un bloque de poder fuerte, quizás el más sólido desde 1955. El campo, las empresas extranjeras, el gran y pequeño empresariado nacional representado por la UIA y la CGE, el comercio, la banca, dirigentes gremiales, medios de prensa, entre otros acompañaron los sucesos con expectativas y entusiasmo. Al igual que la mayoría de los partidos políticos incluido la UCRP expresada por Ricardo Balbin.


El paseo de Onganía por el predio de la Rural en el carruaje que usó la Infanta Isabel en 1910 fue una foto que hablaba mucho más que un discurso. Pero tres años después ese bloque social se había quebrado. El campo a comienzos de 1969 se alzó contra el gobierno de Onganía, abriendo una brecha por donde se colaron los revoltosos. Veamos.


El Ministro de Economía Adalbert Krieger Vasena, como todos los que vinieron después y hasta nuestros días, se encontró con una situación fiscal deficitaria como también con una parálisis de las exportaciones. ¿Qué se le ocurrió al Ministro para salir del embrollo? ¡Una reforma tributaria! ¿En qué consistió? Entre otras cosas establecía un Impuesto a la Renta Potencial de la Tierra. Naturalmente, el proyecto buscaba recaudar más, claro está; sin embargo, lo novedoso y significativo es que procuraba aumentar la producción al obligar a los ruralistas al trabajo intensivo de la propiedad agraria o su traslado a otras manos porque el proyecto proponía identificar zonas midiendo su índice de productividad presunta y aplicar el impuesto sin interesar la renta que esa empresa rural produjera. El campo se conmocionó. La Sociedad Rural Argentina afirmó entonces "que el impuesto es de corte marxista y se sostiene en una filosofía distante de la que identifica al gobierno de la Revolución Argentina". Otras entidades del campo, CARBAP y CONINAGRO se expresaron de igual modo. Desde enero de 1969 el campo se hallaba en estado preinsurreccional. Se desarrollaron asambleas ruralistas en todo el país, pero el epicentro fue Córdoba. En la primera asamblea, en julio de 1968, en Villa María, cuatro mil productores se declararon en rebeldía respecto de los impuestos. Se extendió a La Cumbre, Funes, La Falda, Río Cuarto, Córdoba capital y muchos municipios más. La DGI con órdenes de allanamiento y acompañada por el Ejército ingresó a campos en distintas provincias, especialmente Corrientes, Chaco y Córdoba. La última fecha para el empadronamiento era el 9 de mayo. El Presidente del Centro de Propietarios de Córdoba Luis Revuella advirtió: "No vamos a pagar un solo peso ni a la Provincia ni a la Municipalidad."


El dirigente gremial Liberato Fernández del SOMU (Sindicato Obreros Marítimos Unidos) declaraba en enero del 69: "El edificio social no tiembla por el presunto extremismo obrero, sino por la intransigencia de los productores agrarios". El 31 de enero, Enrique Vicario, ex seminarista al frente de los Centros Vecinales de la ciudad capital cordobesa, protagonizó una marcha sobre la casa de gobierno. Reprimido brutalmente, su foto, caído de cubito dorsal, circuló por todo el país. Lo acompañaban dirigentes de la UCRP. Vicario pidió a los productores que no paguen los impuestos y aseguró que Dios caerá sobre los fariseos. El gobernador de Córdoba, Carlos Caballero, no percibió el volcán que se estaba generando en su provincia. Pronto el campo "manifestó su hostilidad en noviembre de 1968 cuando Krieger Vasena fijó un impuesto a la tierra del 1,6 sobre el valor estimado de las tierras improductivas. Furiosos, los ruralistas anunciaron que boicotearían todas las reuniones futuras con el secretario de Agricultura. Esta vez se sumó a la protesta la Federación Agraria Argentina" (Paul Lewis: La crisis del capitalismo argentino).


En síntesis, el campo y el comercio rompieron con el gobierno y estaban sublevados. Hay que tener en cuenta que buena parte de los estudiantes de la Universidad de Corrientes, donde se iniciaron los conflictos como los de Córdoba, provenían del interior de sus provincias, gran parte de ellos vinculados a la economía rural. Francisco Delich observó en su libro Crisis y protesta social. Córdoba, mayo de 1969: "Apenas un cinco por ciento de los estudiantes provienen de las clases populares, alrededor de un ochenta por ciento proviene de las clases medias y el resto de la clase alta".



MIENTRAS TANTO, LA POLÍTICA


El gobierno de Onganía estaba profundamente dividido. El General, escaso de entendimiento, se jactaba de haber logrado una amalgama entre las dos grandes corrientes del pensamiento argentino. En su gabinete había liberales y nacionalistas y él creía posible la convivencia. La historia le era ajena al General de Caballería. Se hostigaban permanentemente anulando la acción de gobierno. Onganía mismo desacreditaba a Krieger Vasena. El Ministro del Interior doctor Guillermo Borda era uno de los tantos nacionalistas de ese gobierno y habitualmente criticaba los principios fundantes del liberalismo. Frente a esta incongruencia el diario La Nación decía con sorna: "No sería inoportuno agregar que el liberalismo que rechaza el ministro del Interior está en el fondo de la política económica de la Revolución, tan eficazmente conducida por el doctor Krieger Vasena." (Ricardo Sidicaro. La Política mirada desde arriba. Las ideas del diario La Nación.)


Fracturado el bloque social que le dio origen y fracturado su gobierno por posiciones ideológicas irreconciliables, era esperable una explosión en las calles, en tanto se trataba de un gobierno militar que auguraba muchos años más en el gobierno.


Sorpresivamente, en 1969, en un reportaje a Perón en la revista Panorama, el exiliado habla por primera vez de solucionar los problemas argentinos mediante una convocatoria a elecciones abiertas. Daniel Paladino, su delegado personal, replicó el mensaje. En otra nota, al mes siguiente, el general Pedro Eugenio Aramburu insistió con el mismo planteo: elecciones sin ningún tipo de proscripciones, afirmando que el gobierno estaba dividido "entre una facción económica liberal y una facción política de mentalidad medieval". Arturo Frondizzi, en la misma revista, por el contrario, cree que el camino es la profundización de la Revolución Argentina (Onganía) y que las elecciones nada solucionarán. Juan Carlos Coral, del Partido Socialista, afirmaba: "Reclamar en estos momentos una convocatoria a elecciones es, como solución práctica, un absurdo."


En síntesis, un gobierno fracturado y un parate político asfixiante, que el exiliado olió rápidamente como también el general Aramburu. De esa inmovilidad se salió por las puebladas de provincia que ya muchos han relatado y que a ellos remito. Más de lo mismo, no tiene caso.


Insisto, por si el lector llegado a este punto aún no tiene claro las causas profundas de la crisis. Por un lado la fractura del bloque social que sostuvo al gobierno en sus inicios, y por otro las desinteligencias ideológicas del gobierno militar al que hay que adicionar la ebullición mundial del estudiantado, fueron el combustible del Cordobazo. La brecha abierta en el murallón dictatorial y el torrente social que se derramó sin control.


En el gobierno se profundizaron las diferencias. Roberto Roth en su libro ya citado asegura que el general Agustín Lanusse, Comandante en Jefe del Ejército, guardaba una excelente relación con quienes encabezaron la pueblada cordobesa, fundamentalmente dos dirigentes sindicales que no nombra, por haber sido comandante del Tercer Cuerpo de Ejército con asiento en Córdoba. Dice más aún que "gracias a la inercia del Comandante en Jefe del Ejército, hechos de casi corte policial habían escalado y tomado el peso suficiente para voltear al gabinete." Lanusse niega esas acusaciones en su libro “Mi Testimonio” afirmando que en las calles los que protestaban eran el "aparato del radicalismo y la estructura sindical con apoyo de la totalidad de la población, lo que hacía inconveniente sacar a las tropas". Cuando le preguntó telefónicamente al general Eliodoro Sanchez Lahoz, Jefe del Comando con asiento en Córdoba "con quien está la gente", era claro, insiste Lanusse, que la gente simpatizaba con los manifestantes. Por otro lado, este general guardaba una mala opinión del gobernador de Córdoba, Carlos Caballero, en quien veía el pensamiento medieval del que hablaba Aramburu. Muchos años después en carta de lectores de La Nación el doctor Guillermo Borda acusó al general Lanusse de demorar deliberadamente la acción del Ejército. Y en 1977 en carta al mismo diario el general Juan Carlos Onganía dijo más aún, acusó a Lanusse de ser responsable del accionar subversivo al facilitar la salida electoral sin un plan establecido. Lanusse llegó a decir, en su libro, que Córdoba estaba enferma de orden, razón por la cual Onganía en esa nota lo rebate y afirma: "Los hombres de armas deben creer en el orden y no dejarse engañar por este desgraciado testimonio (el libro de Lanusse). La vida es orden, el Universo es orden. Atacar el orden so pretexto de un falso concepto de libertad solo puede provocar la anarquía." De esta forma quedan planteadas las diferencias políticas de los jefes militares. Por otro lado, qué otra cosa podía hacer Lanusse con un país que se incendiaba por los cuatro costados más que hablar con Perón, promover su retorno y convocar a elecciones.


La mentada alianza obrero estudiantil en esas jornadas es para pensarlas nuevamente. El asesinato de Vandor, jefe indiscutible de la CGT y las 62 organizaciones, a manos de una generación volcada a la violencia proveniente de los sectores medios, evidencia lo que hasta aquí se dijo. Se lo responsabilizó de la inmovilidad obrera.


Hay una carta interesantísima y esclarecedora del General Perón a un dirigente de izquierda, fechada en Madrid en julio de 1969, donde le dice a Antonio Caparros respecto de la conducta y crimen de Vandor. Por la respuesta del general puede apreciarse la postura del intelectual progre: "Si la UOM nombra su Secretario General no tenemos otra cosa que aceptarlo, máxime en el caso de Vandor que ha sido siempre peronista. Y cuando comenzó a actuar al servicio de la Conducción del Movimiento Peronista con una misión de gran importancia fue asesinado. Sus asesinos no son peronistas. Pueden inferirse entonces las causas y los autores intelectuales del hecho."


El Cordobazo sorprendió a propios y extraños. El general Perón fue el heredero de unas puebladas que en lo profundo le fueron ajenas.