Los sectores sociales en vísperas de la revolución


Desde su fundación el sector vital de la economía porteña fue el comercio. Se llevaba a cabo de una manera absurda. Desde España hasta Panamá por el Océano Atlántico. Desde allí, la mercadería, pasaba al Pacífico embarcándola rumbo a Lima. Los comerciantes de esta ciudad la distribuían hacia el sur por los caminos interiores con destino final en Buenos Aires.





Mulas, carretas, bandidos y caminos azarosos hacían de este comercio un infortunio. Luego de meses de andar se arribaba a la ciudad del barro. Entonces el aceite de oliva, los jabones, un buen vino o un solitario paraguas era comprado con avidez por los comerciantes porteños.


Tan complicado y engorroso era este negocio que los productos valían más de lo que pesaban. Esto permitió que prosperara una industria artesanal sustitutiva en algunas regiones del país. Aceites, frutas secas y agua ardiente en Cuyo, textiles en Catamarca y Tucumán, olivares en La Rioja, manufactura de cueros en Corrientes, fabricación de carretas en Tucumán y cría de mulas en Córdoba y Santa Fe actividades orientadas al gran mercado consumidor del Alto Perú que por ser la zona más rica de América del Sur gozaba de un alto nivel de vida. Productora de plata, Potosí era un centro de poder y de irradiación cultural pues en esa región se encontraba la universidad de Chuquisaca una de las más prestigiosas del nuevo mundo.


Buenos Aires quedaba fuera de ese circuito virtuoso. Era el último eslabón de una cadena comercial que se iniciaba en el norte y no tenía nada para ofrecer a esos mercados consumidores. Se arreglaba con lo que podía y lo que podía era el contrabando. En un primer momento celebrado con portugueses, holandeses y finalmente ingleses. Las primeras fortunas se levantaron merced a este negocio ilegal. Hubo autores que a estos comerciantes avispados los denominaron la Pandilla del Barranco por su manera original de entender las leyes y el comercio.


Lo cierto que esto fue cambiando a lo largo del siglo XVIII y con la creación del Virreinato todo se dio vuelta como una media. El Alto Perú pasó a depender de Buenos Aires y esta última ciudad se transformó en centro político. La economía se orientó hacia el Atlántico vía el Río de la Plata pasando a ocupar un lugar central los comerciantes de esta ciudad. Rotos los vínculos con Lima los círculos comerciales porteños pugnaron por adquirir independencia en su actividad. Esto es, vincularse directamente a los centros compradores del mundo. Comenzaba el siglo XIX.